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Textos fundamentales

Las figuras, elementos decorativos, coloridos, y otras características de la pirotecnia que se elaboran en México, la han convertido en una artesanía con sello propio, pues es sumamente distinta de la que se hace en España y en el resto de Europa.

La escultura en cera como la conocemos hoy en día nació en los conventos, donde las monjas elaboraban santos, ángeles, ramilletes de flores y lazos para las coronas de las novicias.

Las pieles de animales suministraron al hombre prehistórico vestido, techo, odres y diversos objetos de protección. En el discurso histórico, la curtiduría permitió ampliar los usos de la piel. La ganadería, la arriería y el adiestramiento de animales para la guerra multiplicaron el número de objetos de cuero. El talabarte – voz de la lengua occitana– designa al cinturón que sujeta las correas de las que pende la espada, el sable o el puñal.

El uso de las plumas tiene de forma intrínseca un rico simbolismo. En Mesoamérica, junto con el cacao, el ámbar, el oro, el jade, la plata, la turquesa y el cristal de roca, las plumas eran símbolo de nobleza, poder, riqueza, fertilidad, abundancia y hermosura; siempre estaban relacionadas con deidades, sacerdotes, doncellas y guerreros.

En el amplio panorama del arte mexicano hay una técnica prehispánica particular de escultura liviana, cuyos principales componentes en su manufactura son el maíz y el maguey (base de la cultura mesoamericana). Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, esta técnica se adapta formalmente a la iconografía cristiana, con el añadido de elementos técnico-estéticos propios de la cultura española.

A lo largo del territorio nacional se observan gran variedad de artefactos realizados con barro, madera, hueso, metal, valvas y fibras vegetales, tripas y pieles de animales, etcétera. Por tanto, en la resolución de los instrumentos musicales se encuentran diferentes técnicas y acabados artesanales como la alfarería, la talla en madera, el maque, la metalistería, la taracea, la lapidaria, la curtiduría y la cestería.

En México, siendo el arte popular una actividad que se lleva a cabo dentro del núcleo artesanal familiar, en muchas ocasiones son los mismos niños quienes se ocupan de fabricar sus propios juguetes, reproduciendo en tamaño pequeño los objetos de la artesanía tradicional local, y aprendiendo de esta manera el oficio de sus mayores.

El cuidado de los detalles es otra característica de estas obras, como si al plasmar los pormenores no se dejara duda de la veracidad del milagro; de tal manera, estas pinturas resultan una espléndida fuente para el estudio de los problemas sociales y de salud, así como de la vida cotidiana y de la cultura material vigente en el momento en que se realizaron.

San Pedro de Ocumicho, situado en la zona lacustre michoacana, es de los pueblos prehispánicos más antiguos de México. Sus creencias, valores, costumbres y conocimientos llegan hasta nuestros días.

La máscara prehispánica era parte fundamental de la tradición ritual. La tradición indígena ha sido una estructura en resistencia y muchas comunidades conservan sus liturgias autóctonas, incluidas las danzas, hasta la actualidad.

Los artífices indígenas produjeron en la época colonial las piezas de platería más increíbles, aun cuando los maestros europeos les impusieron diseños nuevos: imágenes religiosas en medallas, la cruz como centro de collares o colgada en cadenas, la media luna como decoración proveniente de la cultura arábiga, flores de filigrana; los indígenas usaron también monedas en sus collares.