SITIO EN ACTUALIZACIÓN CONSTANTE

Artesanos y Medio Ambiente

Cesto con tapa. Anónimo, Santa María Acapulco, San Luis Potosí, Palma tejida, Particular // Fotografía: Nicola Lorusso/MAP

Marta Turok W. Carlos Bravo M

México es un país privilegiado tanto en el aspecto biológico como en el cultural. En cuanto a su flora y su fauna, alberga alrededor de diez por ciento de todas las especies conocidas en el mundo, la mayoría endémicas, es decir exclusivas de nuestro territorio. De acuerdo con datos recientes, las regiones indígenas y rurales concentran la mayor riqueza biológica, energética y agrícola del país, con 620 especies animales de las 925 registradas, y 60 por ciento de la vegetación de bosques templados, selvas húmedas y secas; además de unas cinco mil especies utilizadas con fines alimenticios, medicinales, rituales y artesanales, entre otros. En el segundo aspecto, nuestro país es una nación reconocida mundialmente por la profusión y variedad de las tradiciones culturales creadas por los 68 grupos étnicos que la habitan.

La adaptación y el conocimiento detallado de los diferentes espacios naturales donde se han asentado los grupos humanos en el curso de la historia, es el origen y fundamento de esta vasta riqueza cultural. Desde las altas montañas hasta las costas, en las selvas secas y lluviosas, en los desiertos y en los bosques, así como en las riberas de ríos y lagunas, el hombre ha sabido aprovechar los recursos de la naturaleza. A través de la experimentación, ha logrado domesticar animales e introducir procesos técnicos, así como fabricar e intercambiar objetos a los que ha dado un significado cultural. Así, “metiendo mano”, ha contribuido con la naturaleza en la propagación de la biodiversidad, y mediante este proceso ha creado cultura, en su sentido literal y simbólico de cultivo y florecimiento.

La actividad del artesano es el ámbito en que se evidencian claramente las relaciones entre diversidad cultural y biológica; su vínculo es tan antiguo como la historia misma de la humanidad. ¿Quién, sino él, descubre en la naturaleza los materiales que requiere, los maneja, transforma y combina hasta obtener el resultado deseado? Cuando moldea y decora sus objetos, juega con las formas caprichosas de la naturaleza, reinventándolas gracias a la riqueza de su cosmovisión. ¿Quién, si no él, ha sido artífice y coadyuvante del desarrollo de la ciencia, por su proceso milenario de observación, prueba y error, que lo llevó a crear las primeras pautas para el conocimiento y manejo de los recursos naturales? Por desgracia, antiguas estrategias de manejo sustentable como las que se basan en las fases de la luna o las estaciones del año, han sido relegadas y encasilladas con el término de empirismo. Así, cuando los ancianos mueren, con ellos perecen valiosos conocimientos etnobiológicos y de aprovechamiento sustentable practicados durante siglos.

RECURSOS NATURALES Y ARTESANÍAS
En la actualidad, los artesanos de México hacen uso de por lo menos 666 especies distintas: 541 pertenecen a la flora y 125 a la fauna, distribuidas, en términos ecológicos, en las seis zonas que comprende el país:
1. Tropical cálido húmeda (selvas altas, medianas y de sabana).
2. Tropical cálido subhúmeda (bosques caducifolios).
3. Templada húmeda (bosques de niebla de alta montaña).
4. Templada subhúmeda (bosques de pino y encino).
5. Árida y semiárida (matorrales y pastizales).
6. Transición tierra-mar y áreas inundables (manglares, plantas acuáticas y de pantano). Las zonas ecológicas con mayor número de especies que se destinan a fines artesanales son la tropical cálido subhúmeda, con 204 especies (198 plantas y 6 animales), y la árida y semiárida, con 202 (185 plantas y 17 animales).
En orden descendente siguen la templada subhúmeda, con 132 especies (124 plantas y 8 animales), y la tropical cálido húmeda, con 130 (93 plantas y 37 animales). En tanto que la zona de transición mar-tierra y áreas inundables aporta 61 (17 plantas y 44 animales), y la templada húmeda contribuye con 14 especies de plantas.

Por su clasificación biológica, las especies se dividen en: silvestres, manejadas o semicultivadas, y cultivadas, además de las que forman parte de los recursos no renovables y las que provienen de procesos de reciclaje. Las características de reproducción de estas más de seiscientas especies y su relación con los artesanos favorecen un mejor aprovechamiento sustentable. Hoy, los recursos naturales con mayor aprovechamiento son los sujetos a cierto tipo de manejo o semicultivo, así como los que han sido totalmente domesticados. Por tanto, los recursos silvestres y los no renovables son los que demandan más atención e investigación. Por otra parte, la sobreexplotación de recursos por diversas causas ha llevado a que 70 especies de uso artesanal (37 de flora y 33 de fauna) estén protegidas bajo la Norma Oficial Mexicana.

MATERIAS PRIMAS ARTESANALES DE ORIGEN SILVESTRE
La mayor parte de las materias primas de uso artesanal, ya sean plantas o animales, siguen siendo de origen silvestre; entre las primeras destacan las maderas –en particular las duras– y los bejucos, que resultan sumamente frágiles ante la menor perturbación de su ecosistema; el palo fierro (Olneya tesota) del desierto de Sonora –sujeto a protección especial–; los copales (Bursera spp), originarios de México y de amplia distribución nacional, y los amates (Ficus spp). Entre los animales, sobresalen los reptiles, algunas tortugas, en especial la carey (Eretmochelys imbricata) –actualmente en veda–, los anfibios y moluscos marinos (conchas y caracoles).

En cuanto a los árboles, el palo fierro, pilar del ecosistema desértico, ofrece a los seris una excelente madera para realizar las espléndidas tallas con las que representan la fauna y la flora de su entorno natural. De los copales, es ampliamente conocido el uso de sus aromáticas resinas con fines rituales, en tanto que su madera es muy usada por los artesanos de Oaxaca, Guerrero y Puebla; entre éstos sobresale la madera de lináloe (Bursera aloexylon) por su suave aroma, base de las famosas cajas y arcones de Olinalá. Los amates, por su parte, han sido empleados desde la época prehispánica para fabricar papel; hoy, los otomíes de Puebla, además de los árboles del género Ficus –los auténticos amates–, aprovechan dieciocho especies más.

Por su parte, la belleza del caparazón de la tortuga carey propició la elaboración de artículos como peines y peinetas, así como aplicaciones en joyería y madera, las cuales, debido a la veda, se han sustituido por cuerno de toro.

En todos estos casos, su condición silvestre pone en riesgo los recursos, no obstante la existencia de conocimientos de autocontrol –incipientes, si se quiere– para su aprovechamiento que podrían sentar las bases para futuros planes de administración; por ejemplo, respecto de la explotación de madera: calendarios de corte de acuerdo con las fases lunares; selección del árbol según su grosor, altura, edad y sexo; su ubicación respecto de la salida del sol; entre otros.

MATERIAS PRIMAS ARTESANALES MANEJADAS O SEMICULTIVADAS
Los recursos semicultivados con fines artesanales son aquellos que se propagan mediante un manejo basado en milenarios conocimientos etnobiológicos. Ejemplos de este tipo de recursos son:
1. El caracol púrpura pansa (Plicopurpura pansa), sujeto a protección especial. Durante más de un milenio los mixtecos de Oaxaca, y en Michoacán, lo han manejado de manera eficiente mediante registros de los sitios, temporadas y tamaño del caracol, que puede ser “ordeñado” para obtener el tinte púrpura, color de suma importancia en su cosmovisión, pues se vincula a la fertilidad.
2. El aje o axe (Coccus axin) es un insecto hemíptero que los tzotziles de Chiapas semicultivan en árboles especiales de la región; se deja crecer hasta que alcanza la talla necesaria para ser cosechado y sometido al laborioso proceso mediante el cual se obtiene su grasa, componente importante de la laca mexicana.
3. La propagación del maguey y la lechuguilla (Agave spp) se efectúa de manera natural cuando el quiote dispersa sus semillas, pero una vez que los hijuelos “prenden”, éstos deben ser trasplantados manualmente y con mucho cuidado, a surcos que forman hileras, hasta que alcanzan la talla adecuada para extraer la fibra que constituye la materia prima de escobetillas, ayates y otros objetos artesanales. Esta artesanía hoy está desplazando a la extracción del pulque como actividad económica.

MATERIAS PRIMAS ARTESANALES CULTIVADAS
Estos recursos son el resultado de conocimientos milenarios que permitieron su domesticación y cultivo. Suelen estar asociados a técnicas artesanales complejas de origen prehispánico, cuya laboriosidad técnica e importancia patrimonial radica en el elevado número de recursos biológicos y naturales que combinan. Ejemplos de estos recursos empleados en manufacturas son las figuras de pasta de caña de maíz, en cuya elaboración participan, precisamente, las cañas de maíz (cultivado), baba de nopal (cultivado), y el extracto del bulbo de la orquídea silvestre (Laelia speciosa); por su parte, el arte plumaria requiere cera de Campeche obtenida de las abejas meliponas y trigonas (manejadas), además de plumas de diversas aves, vivas o muertas, tanto silvestres como domésticas. Otros casos ejemplares son los textiles y la laca mexicana; entre los primeros encontramos tanto el algodón blanco (Gossypium hirsutum) como el café coyuchi (Gossypium mexicanum) y la lana (Ovis spp), todos domesticados junto a tintes naturales como el azul añil (Indigofera suffruticosa) y la grana cochinilla (Dactylopius coccus). Por otra parte, la laca mexicana combina la dolomía –recurso no renovable compuesto de piedra cuarzo y piedra caliza finamente molidas y mezcladas–, el aceite de chía (Salvia hispánica) (cultivada), la grasa del aje (Coccus axin) (manejado) y pigmentos naturales extraídos de diversas plantas y tierras minerales; en esta misma técnica destacan los guajes (Lagenaria siceraria), las calabazas (Cucurbita pepo) y las jícaras (Crescentia cujete), como la base más antigua de aplicación de la laca, cuyas variedades que manejan actualmente los artesanos sobrepasan la decena (Bravo, 1998).

RECURSOS NATURALES NO RENOVABLES
Además de los recursos naturales renovables, los artesanos emplean un número considerable –aunque no cuantificado– de no renovables, entre los cuales se encuentran diversos barros; canteras; piedras preciosas y semipreciosas, volcánicas y basálticas; así como metales que provienen de vetas y bancos cuya formación geológica dura millones de años. En este rubro, el problema principal consiste en que una vez agotadas las vetas desaparece el recurso. Cabe mencionar que muchas de ellas han quedado sepultadas bajo los desarrollos suburbanos, como las de barro de Tonalá y Tlaquepaque, en Jalisco, y de la periferia de Toluca, Estado de México, entre otros casos.

RECURSOS RECICLADOS
Con frecuencia la pobreza y el ingenio han sido detonantes para la creación de artesanías a partir del reciclaje de materiales de desecho que, con ello, prolongan su vida útil: botes de lámina convertidos en recogedores, anafres o regaderas para plantas de ornato, y también con base en el aprovechamiento de pedacería de las maderas duras tropicales de Quintana Roo, o las hojas (totomoxtle) de la mazorca del maíz, que se usan para elaborar flores y figuras como las tradicionales mulitas para la celebración del jueves de Corpus Christi.