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Arte popular y desarrollo sustentable

Cuexcomate. Zaulo Carrales Pavón, Chalcatzingo, Morelos, Adobe y paja amarrada, Col. AAMAP, A.C. // Fotografía: Nicola Lorusso/MAP

Tiahoga Ruge Marta Turok W. Patricia Aguilar Sánchez Lorena López González

El concepto de desarrollo sustentable se ha empleado en diversos ámbitos y culturas, aun cuando no con este nombre. En el presente, su importancia consiste en que se perfila como la única opción para conservar nuestro patrimonio natural y cultural y, como consecuencia, alcanzar un equilibrio económico y social.

En México, con territorio de casi dos millones de kilómetros cuadrados, por su ubicación geográfica (en la zona de contacto entre la región neártica y neotropical), su accidentada topografía y la influencia oceánica ocasionada por la estrechez de su masa continental, existen una variedad de climas que van desde los cálidos húmedos y secos hasta los polares o fríos, sobre los cuales se distribuyen 32 tipos de vegetación que pueden agruparse en cinco grandes regiones ecológicas.

México ocupa el quinto lugar mundial por su biodiversidad, ya que cuenta con una gran variedad de especies de flora y fauna, así como de comunidades naturales, por lo que pertenece al grupo de países megadiversos. En su suelo, se calcula la existencia de unas treinta mil especies de plantas vasculares: una flora mayor que la de todo el continente europeo, que sólo cuenta con unas doce mil especies. En cuanto al reino animal, ocupa el primer lugar mundial en reptiles, el segundo en mamíferos, el cuarto en anfibios. Por su parte, las aves sobrepasan las mil especies, lo que constituye la quinta parte de la variedad total. Otro dato significativo es que más de la mitad (52 por ciento) de los vertebrados terrestres de América del Norte se encuentra distribuido en territorio mexicano.

Además de esta magnitud de riquezas naturales, pueblan México multitud de etnias diferentes que forman un intrincado mosaico cultural. Nuestro país ha sido escenario de grandes civilizaciones cuya historia comenzó hace más de diez mil años. Sin duda, su riqueza natural y su clima benévolo contribuyeron al desarrollo de estas culturas.

A lo largo de un proceso de adaptación y de interacción sociedad-naturaleza, los grupos sociales desarrollaron diferentes modalidades para aprovechar, transformar, conservar, restaurar y manejar de manera sustentable los recursos naturales. En este sentido, el arte popular se manifiesta con una sorprendente creatividad artística, habilidad y destreza para aprovechar los recursos naturales de su entorno y transformarlos en satisfactores de sus necesidades.

RECURSOS NATURALES
En este marco debe reconocerse que, históricamente, las sociedades campesinas e indígenas son las que más se han esforzado por conservar el patrimonio natural, a la vez que han sufrido en mayor medida su deterioro.

Las lacas de Olinalá, Guerrero; los textiles teñidos con grana cochinilla de Oaxaca; las figuras de palo fierro de Sonora; los amates de Puebla; el mobiliario de madera de Michoacán, así como los demás productos de este material; la cerámica; los hilados, tejidos y bordados; las joyas de ámbar; la alfarería; el piteado; la jarciería y la cestería de fibras vegetales como el carrizo y la palma, entre muchos otros, son claros ejemplos del aprovechamiento y manejo de los recursos naturales.

Estas artesanías, base económica de miles de familias, dependen en gran medida de la existencia de la materia prima original necesaria para su elaboración (el algodón, el barro, la madera, los colorantes naturales, entre otros), lo que implica una labor perseverante enfocada a que los recursos naturales no se agoten, pues cuando esto sucede, se observa la sustitución del algodón o la lana por fibras sintéticas; los colorantes naturales por colorantes químicos; las maderas preciosas por otras más corrientes, lo que ocasiona el empobrecimiento de la calidad material y estética de los objetos artesanales y, consecuencia, la disminución del ingreso económico y en el desinterés de las comunidades por preservar esta actividad tradicional.

Por tanto, el reto que enfrentan estas comunidades es lograr la continuidad y la sustentabilidad de las materias primas, a fin de desarrollar una producción artesanal de alta calidad, así como de mantener vivo su interés en el perfeccionamiento artístico de sus productos, y, sobre todo, poder continuar una tradición ancestral que representa tanto el sustento económico como la dignidad cultural común.

El desafío del desarrollo sustentable es asegurar el patrimonio genético de la flora y la fauna empleadas como materias primas artesanales, tanto para la generación actual como para las futuras. Para lograrlo, se requiere que las comunidades se organicen y planeen estrategias para el manejo sustentable de los recursos, que no perjudiquen la calidad del medio ambiente, mediante el desarrollo de formas de producción que favorezcan la conservación de su hábitat: la agregación de valor a las materias primas, el empleo de ecotecnias que disminuyan la emisión de tóxicos contaminantes y conserven los recursos como suelo, agua, bosques y otros.

ARTESANOS Y LEGISLACIÓN: RECURSOS BIOLÓGICOS Y DERECHOS COLECTIVOS
Otro aspecto prioritario en la relación artesano-medio ambiente es la cuestión de los derechos de propiedad industrial e intelectual sobre los recursos, las técnicas y los productos terminados. Al respecto, cuando se otorgan marcas de registro y denominaciones de origen es fundamental cuidar que la colectividad que desarrolló el conocimiento y empleo de determinados bienes sea la beneficiaria. El tema de la apropiación de los recursos biológicos subyace en muchas discusiones vigentes sobre la conservación y el desarrollo sustentable.

Al respecto, es urgente sistematizar y difundir la información relativa a las materias primas de uso artesanal para determinar las normas de protección y manejo de los recursos. Con el fin de revertir la tendencia a prohibir la explotación y el uso de materiales, es preciso establecer políticas que consideren prioritarias la restauración del suelo y la reforestación, la propagación de las materias primas, su uso y manejo sustentables.

Los pueblos indígenas y las comunidades rurales de artesanos siempre han constituido una garantía para la conservación y protección del patrimonio natural.

La evidencia científica muestra… que prácticamente no existen fragmentos importantes del planeta que no hayan sido habitados, modificados o manipulados a lo largo de la historia… Por ello, los pueblos indígenas, que son los habitantes milenarios o autóctonos de una cierta región o comarca, viven y poseen derechos reales o tácitos sobre territorios que, en muchos casos, albergan niveles excepcionalmente altos de biodiversidad.

Esta nueva perspectiva conduce a revelar en qué medida la diversidad cultural y biológica están amenazadas o en peligro, de tal suerte que la biodiversidad del mundo sólo será preservada efectivamente si se conserva la diversidad de las culturas, y viceversa. Esta última afirmación representa, por tanto, un nuevo e importante axioma bicultural, denominado por B. Nietschmann el concepto de conservación simbiótica, en que “la diversidad biológica y la cultural son mutuamente dependientes y geográficamente coterráneas”, constituyen un principio clave para la teoría de la conservación y sus aplicaciones.

Así pues, ante el gran reto que enfrenta nuestro país, es necesario crear instrumentos estratégicos que promuevan, a través de la educación ambiental, la comunicación educativa y la capacitación para el desarrollo sustentable, una conciencia de mayor corresponsabilidad en la sociedad mexicana entera.

Mediante el acceso a la información y la creación de espacios que permitan el intercambio de saberes, se podrán valorar y fortalecer habilidades, capacidades y, principalmente, procesos culturales y tradicionales de los artesanos para la construcción del desarrollo sustentable.