“El arte popular y lo sagrado”

Es una de las salas que genera más suspicacia, tanto en el visitan – te extranjero como en el nacional. Lo sagrado viene determinado por la cosmogonía prehispánica, que es, a la larga, el vehículo que nos conforma como nación y como individuos. Es una sala en la cual se revisa el deambular de la espiritualidad, de ritos y mitos, de danzas y ceremonias, de instrumentos y músicas, donde la genealogía del bien y del mal se “espanta” a través de sus fiestas, se aletarga con la algarabía del pueblo en sus festividades, en los llantos acompañados de la riqueza culinaria y las formas de catarsis individual y colectiva.
Aquí hay que llamar la atención con respecto a la sección de máscaras, ya que al ser objetos tan codiciados por los coleccionistas se han adquirido constantemente desde hace años, generando la pérdida de un elemento sustantivo de la festividad

Los trajes de los indios yucatecos son verdaderamente algo excepcional, se tiene la impresión de vivir en la época de Moctezuma, y las mujeres parecen vestales […] El traje consiste en una falda de lino blanco, el borde primorosamente bordado en muchos colores […] Peines de carey, esteras de hilado de henequén con dibujos coloreados, jarras y mantas de Izamal, calabazas untadas con aceite de gusano y decoradas con pintura […] objetos que especialmente llamaban la atención
Diego Rivera vive en una vieja casona […] Nada hay en su casa que no sea genuinamente mexicano: esteras, muebles fabricados y pintados por indios; irisados sarapes de Saltillo, sarapes de Texcoco y sarapes tricolores de Oaxaca […] En las paredes de su comedor se alinean las piezas de una vajilla seleccionada en la maravillosa variedad de los cacharros, platos y botellones típicos […] Juguetes indios, de cartón y arcilla, en forma de aves raras y de diablos; máscaras carnavalescas, de una sorprendente diversidad de expresiones; pinturas populares, recogidas por Diego en pulquerías y haciendas […]

al separarla de su contexto, de su indumentaria, su coreografía, esencia de los bailes y ceremonias. El costado norte de la sala está dedicado a la influencia y presencia de la religión católica y su iconografía, desde utensilios hasta altares, pasando por los muy apreciados y naíf exvotos; la importancia de la iconografía guadalupana queda de manifiesto en un solo muro en el que se multiplica su representación en técnicas que van desde la plumaria hasta las muy curiosas piezas de chicle de Talpa, Jalisco. La muy visitada sala de la muerte es una de las preferidas por el público mexicano y la mayoría de los extranjeros. Un espacio en que las figuras de la muerte y su representación adquieren tamaños, técnicas, fines, colores, nombres, temas extremadamente variados. Desde una pequeña pieza de alfeñique, o las comunes calaveras de azúcar que se degustan en noviembre, hasta las extraordinarias manifestaciones en cartonería, e inclusive la representación de los 52 cráneos de un tzompantli, conforman una visión, una forma de vida. Hay que observar con detenimiento una representación del entierro de una monja coronada acompañada por otras “monjas catrinas coronadas”, con una hechura y una fineza en el modelado de la terracota que es de llamar la atención, tanto por la tridimensionalidad a escala, como por el concepto y la composición de la obra.

En toda la Nueva España, la multitud y diversidad de los oficios y oficiales que hay, no fácilmente se hallará quien todos y cuán primos y sutiles o delicados sean, los recite, y encareciéndolos según debería, los cuente, y no solamente un oficial sabe con primor y sutileza hacer un oficio, pero muchos de ellos saben y usan muchos como si uno sólo supiese y cada uno perfectamente […]