“El arte popular y lo fantástico”

Es un espacio donde se le dan alas a la imaginación y la creatividad, inclusive se pueden ver las surrealistas e irreverentes figuras de Ocumicho, Michoacán, que comparten estelares con obras de Metepec, Estado de México, donde se manufacturan los renombrados y reconocidos “árboles de la vida”. Éstos tienen su origen en los árboles genealógicos y ya han superado el concepto original, encontramos árboles con temáticas de todo tipo: fiestas, artesanías, héroes nacionales, danzas, fiestas, arcas de Noé, belenes, fauna, flora y hasta la historia del mole y sus ingredientes están plasmados en estos árboles de la vida. El muro norte brinda di – versas representaciones del diablo, figura icónica dentro del imaginario popular, fuente de inspiración para cartoneros y motivo de burla y escarnio.
Al final de la sala se halla una pequeña escenografía del valle de México y se presenta una muestra de la enorme y variada imaginación del mexicano, en la elaboración de alebrijes. Son figuras fantásticas compuestas por cualquier parte de cualquier animal, sin importar proporciones, colores, texturas, permitiendo la cruza de lo impensable, de lo ilógico, de la aberración formal más atroz, pero siempre dotadas de una gama cromática amable, brillante, audaz, para transfor – mar estas “bestias inconcebibles” en figuras sin malignidad alguna, en donde el color logra la transformación y la negación del mal.
Se creó un pasillo-vitrina donde está representada parte de la fauna mexicana. La exhibición continúa con el lenguaje museo – gráfico conformado desde el inicio con los tres sistemas biodiversos; sumados a esta división, se presentan tres niveles horizontales donde se encuentra la fauna acuática, la terrestre y la aérea. Los ejemplos no dejan de sorprender; la calidad, los materiales, la minuciosidad en el detalle y la perfección de las representaciones permiten constatar la capacidad de observación y la magia de esas manos artesanales. Una de las obras más llamativas es un cocodrilo en hojalata de Oaxaca, que asombra inclusive a expertos por su exactitud y expresividad.

Dentro del recorrido formal de las salas permanentes, bien se puede incluir, por la importancia en el discurso y por las piezas mismas, a los pasillos de los tres pisos, que contienen objetos espectaculares. Y aunque no se incorporan al discurso museo – gráfico del interior de las salas muestran de golpe la grandeza y calidad, la majestuosidad y la estética de estas obras y su importancia como objetos individuales sin importar origen, materia o diseño.

El magnífico Museo de Arte Popular muestra la fantástica creatividad que asoma en textiles, barro, cerámica, madera, o lo que se deje: un Volkswagen vestido de arte huichol o un enorme alebrije. Son manifestaciones artísticas de gran valor, pero no necesariamente son universales, en muchas ocasiones no lo pretenden, por el contrario, destacan la singularidad, el carácter único de esa expresión. No es una cuestión de jerarquías.
Las fábricas en que se emplean los vecinos de Puebla (tenidos por los más hábiles e ingeniosos de toda esta Nueva España, y con razón) son los delicados tejidos de lana, algodón y alguna seda; vistosos lienzos pintados a imitación de la China; hermosa, delicada y limpia loza, a barro aún más fino que el de Talavera; cristal y vidrio; todo género de armas finas y de fuego, que corren con gran fama en todo el reino por su delicado temple y primorosa hechura.

En un mercado zapoteca de Oaxaca, los puestos están en líneas rectas […], sarapes locales tejidos y rebozos, faldas, camisas y pañuelos. En el extremo más lejano huaraches y artículos de cuero. Los hombres de los sarapes espían […] y luego abren de un golpe, con violencia, un sarape deslumbrante […] El hombre del cuero brinca y pone un par de huaraches sobre mi pecho. Son tiras de cuero finamente tejidas del más elaborado estilo parisino, pero se trata de un modelo conocido hace mucho por los nativos.