“El arte popular y la vida cotidiana”

Muestra la fusión del México actual: una mezcla de vida vinculada a los grandes avances tecnológicos del primer mundo con la sencillez de la vida campirana, reflejando la sabiduría de poder hacer convivir lo contemporáneo con la más pura tradición. Una gran vitrina despliega un catálogo de objetos y utensilios de origen y tradición prehispánica y virreinal, usados en la actualidad y compartidos con el mundo. Hoy no es raro ver a los más calificados y prestigiosos chefs acompañados de un molcajete mexicano, o por ollas de barro que mantienen el calor y lo reparten de forma uniforme en el producto cocinado; a los más audaces diseñadores internacionales utilizando la mantelería hidalguense de Tenango del Valle y los diseños coloridos y mágicos de la cultura huichola; a las firmas extranjeras que reproducen diseños de antaño; a las más avanza – das propuestas de “desempeño circular” que proponen el uso de materiales reciclables y amables con el medio ambiente. Todas estas propuestas y todos estos principios de sustentabilidad se observan en la sala de la vida cotidiana, especialmente hablando del arte culinario y su parafernalia.

Hay una pequeña muestra de la vestimenta utilizada todavía por los diferentes grupos étnicos. Se mantiene el discurso museográfico regional presentando un grupo de prendas del sur-sureste, centro y norte. Cabe destacar el colorido y la profusa “ilustración” de los trajes de Chiapas, Oaxaca, Yucatán y Tabasco. La elegancia de los vestidos purépechas y la simpleza en el diseño y los materiales de la indumentaria del norte. Se reitera la importancia de lo que ofrece la naturaleza y que estos materiales se reflejan de forma transparente en el campo de la indumentariaEn Juquila, Oaxaca, la gente del Pacífico presta súbitamente un brillo prodigioso al conjunto opaco de peregrinos y comerciantes venidos desde el interior del país […] Los objetos de cuero suntuosamente bordados; las alhajas de oro con dibujos románticos; las calabazas grabadas donde se destacan, entre pesados follajes, pájaros y serpientes; las blusas bordadas con cuentas brillantes de vidrio, provocan el entusiasmo y la codicia de todos

El significado y la fuerza del arte popular provienen de sus creadores, quienes no necesariamente piensan que tales objetos son arte. Ven los eventos ordinarios y el ritmo de la vida cotidiana plenos de valor, de energía creativa y belleza artística. La energía creativa no hace distinción alguna entre pueblos y ciudades, entre cultivados y no cultivados, entre los de arriba y los de abajo. Los artistas son la vía de su fuerza y cada uno tiene su particular manera de expresarse.

En la feria de San Juan de los Lagos, [vio] multitud de jinetes con los vistosos, ricos y abigarrados trajes de todos sus estados, desde el jarocho de Veracruz y la china poblana, hasta el lujoso lazador moreliano y la jacarandosa tapatía; una nube de mercaderes y buhoneros […] hasta el rico fabricante de rebozos de a 500 duros y de sarapes de a 1,000, colocados en cajas de cedro, y que pueden doblarse y meterse en el bolsillo, porque su finísimo tejido compite casi con los de Persia.
De la industria del indio […] cuanto a lo práctico y artes mecánicas son habilísimos, como en los oficios de pintores, doradores, carpinteros, albañiles, y otros de cantería y arquitectura, y no sólo buenos oficiales, sino maestros. Tienen grandísima facilidad para aprender los oficios […] y con increíble brevedad aprenden cuatro y seis oficios […] La comprensión y facilidad para entender cualquiera cosa por dificultosa que sea, es rarísima, y en esto yo no dudo que aventajen a todas las naciones, y en hacer ellos cosas que los demás no las hacen, ni saben hacer con tal brevedad y sutileza.

La loza se produce en Amatenango […] El pueblo se encarga desde hace siglos de surtir de cerámica a tzotziles y tzeltales, pues en la región existe un barro excelente. El oficio se ejerce como si ningún europeo hubiese pisado América jamás. Los indígenas primitivos desconocen el torno para moldear las vasijas, tarea que realizan completamente a mano, como en la antigüedad. Trabajan tan rápido como los alfareros europeos con el torno. En Chiapa de Corzo, se producen lacas, preferidas por muchas personas cultas sobre las chinas y japonesas. La laca es mucho mejor que la empleada en el Japón. Se obtiene de productos naturales y su composición constituye un secreto celosamente guardado por las familias indígenas.

Mérida […] me deslumbró tanto […] Los hombres visten de blanco con un gran sombrero de paja, las mujeres tienen especies de camisas blancas adornadas por vivos bordados arriba y abajo […] Parecen de pura sangre india, tienen el tipo maya […] lo cual tiene belleza […] Estaba contenta en el mercado de Pátzcuaro donde los indios vestidos de azul venden tejidos azules. Atravesamos el lago hasta la isla de Janitzio, decorada de arriba abajo con líneas de pescadores; me compré blusas bordadas […]

La siguiente vitrina alberga algunos muebles, destacando los baúles y biombos de Olinalá, Guerrero, trabajados magistralmente con madera de lináloe, que desprenden un olor muy agradable que “pinta” los ajuares de novia para el día de la boda. Se descubren baúles taraceados (no marquetería), puesto que se trabajan con incrustaciones de madera sólida y no de chapa, y aunque también con bellos resultados no se pueden comparar con el taraceado.
En esta sección se halla uno de los sectores más interesantes, se trata de la parte lúdica, aquí se exhibe la variedad de juguetes que se elaboran con la intención de entretener, educar, divertir a la población infantil del país. Este universo presenta la variedad de objetos que forman parte de una memoria colectiva, que evoca momentos y circunstancias: carritos de carrizo, de lámina, muñecas de trapo, juegos mecánicos fabricados en lámina, carrizo, maque, una infinidad de miniaturas en alfarería que seguramente han echado a volar la imaginación de miles de niñas, el trenecito y los camiones de barro, el típico soldadito de plomo y de hojalata, el caballo que giró y giró eternamente en el carrusel de la feria, el balancín. Es la representación de la naturaleza en un concepto simple y lúdico.
Pasos más adelante, una vitrina con una serie de miniaturas que hacen la de – licia de chicos y grandes: calaveritas, nacimientos, grupos de mariachis, teatrines y bataclanas, guitarras, mandolinas, violines, arpas, pequeñísimos instrumentos musicales que deseamos rasgarlos y obtener sus melodías. El mundo de lo pequeño, de lo ínfimo, que siempre ha fascinado a todos. Sigue una diminuta escena de tauromaquia en papel recortado, una belleza y un proverbio de la minuciosidad y la paciencia. A unos pasos de la entrada de esta segunda sala se ubica un reducido recinto con miniaturas que es el resumen de la pro – puesta del MAP: borrar la frontera entre artesanos y artistas, pues ambos pertenecen al mundo de los creadores.