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Colima

Motivos geopolíticos, como “el abrazo goloso de sus vecinos, Jalisco y Michoacán”, dejaron históricamente a Colima en cierto aislamiento, que “retrasó su aparición en el mapa nacional de las artes populares”, indica el maestro Juan Carlos Reyes.

Las artesanías colimotas más conocidas fuera del estado son las reproducciones de perritos de alfarería prehispánica y los muebles de parota con pinturas de colores y herrería creados por Alejandro Rangel Hidalgo. Jarciería, alfarería, herrería, hojalatería, talabartería, ebanistería, joyería, textiles y otras expresiones de la estética popular son mucho menos conocidas.

Se hacen sombreros, huaraches, sillas charras de lujo –piteadas y repujadas– y de trabajo, nasas cónicas de otate para pescar langostinos, atarrayas, hamacas de fibra de acapán y piezas de alfarería, como en Paticajo, “localidad de fuerte raigambre indígena, decoradas con tinta de almagre que las alfareras aplican usando colas de venado a manera de pincel”.

“Los niños tienen lo propio en el arsenal de los juguetes: trompos, yoyos y churumbelas torneadas en granadillo, güijolas y zumbas de hojalata, caicos de barro, el trabuco de carrizo, y al cuello siempre lista la resortera, labrada en madera de parota”.
Numerosas danzas festivas permiten ver sus máscaras multicolores y demás indumentaria; destacan las de Los Morenos, Chayacates, Gallitos, Nueve Señores, Monarcas, Apaches, Sonajera India, Migueles y Conquista y Media Conquista, así como las de pastorelas.

En las fiestas guadalupanas se lucen el vestido considerado como el típico de Colima, el “traje de india” bordado en rojo sobre blanco, y las arracadas “dormilonas o planas”, expresión tradicional de la joyería local. En las “fiestas charro-taurinas” de Villa de Álvarez aparecen los mojigangos, cuya raíz se halla en las “procesiones de la cofradía de Santa Ifigenia, patrona de negros y mulatos”. Las flores de papel son características de los días de Muertos.

Producen equipales en Suchitlán, que “recuerdan al equipal ceremonial de los huicholes”; otro es el costeño, parecido al de Tepalcatepec, Michoacán, y el más popular es el de estilo jalisciense, con asiento de piel de cerdo.