Colección Hermand Arango

Marie Thérèse Hermand de Arango es y ha sido uno de los pilares que iniciaron y promueven cotidianamente el proyecto del MAP. A solicitud expresa de Rafael Tovar y de Teresa, entonces presidente de Conaculta, conformó un grupo de la sociedad civil (AAMAP) para apoyar la búsqueda de recursos a fin realizar lo que a la postre se constituyó como el MAP. Un museo con una conformación sui generis, primero de su tipo en el mundo museístico de México, pues se basa en una condición única y pionera: que el presupuesto es tripartito y la Asociación de Amigos del MAP aporta la tercera parte del gasto operativo total del Museo, quedando las otras dos partes a cargo del gobierno federal y del gobierno de la Ciudad de México. El compromiso se firmó y al efecto se constituyó un fideicomiso privado. Fueron encarados y superados una serie de obstáculos y vicisitudes que a distancia quizá se vean pequeños, pero que en aquel momento eran de una complejidad superior, obligando a “tejer muy fino” para poder hilvanar, coser y resistir los embates de fuerzas obscuras, poco claras. Las cosas no fueron fáciles y hoy, en buena medida, esta estructura se mantiene gracias a la edificación sólida de una instancia que comenzó con críticas, desprecio e inclusive con deseos no muy gratos, pero ahora, a doce años de inaugurado el MAP, este Museo es un referente nacional. La tarea de Marie Thérèse no acabó ahí. Se ha desempeñado como presidenta de la AAMAP en la planeación de eventos, en la búsqueda de contactos, pero especialmente se ha impuesto una tarea personal admirable: se mantiene activa… bueno, es un decir… activísima en la adquisición de obra y otros apoyos para el Museo. Cada ocasión en que tiene oportunidad visita a los anticuarios, en cada viaje que realiza anda a la caza, sí, a la caza de objetos mexicanos que por alguna razón se encuentran en España, Francia, Estados Unidos, Sudamérica.

Nuestra actividad de registro de obra no tiene fin, es permanente; cuando parece terminado, llegan más obras que hay que incorporar, es tarea de nunca acabar. Ojalá y muchos museos pudiesen “padecer” estas iniciativas. Adquiere desde obras de pequeño formato hasta obras promocionadas en subastas y por lo tanto de reconocimiento y precio internacional. Desde un juguete hasta un arcón del siglo XVII, desde una vajilla de barro miniatura hasta unas representaciones de oficios del siglo XIX en la técnica de popotillo, rescatadas en el Rastro de Madrid. Desde que inició el Museo hasta la fecha, las adquisiciones y los registros no han cesado, desde objetos de una manufactura netamente popular hasta piezas elaboradas por manos especializadas de artesanos que bien pudieran estar expuestas en muchos museos del mundo, piezas que hoy en día son parte de un patrimonio material invaluable y de una historia a la que no se le ha dado la importancia, que guarda en la estructuración de una nación mestiza. Este impulso extraño de una mujer de origen extranjero (de padre belga y madre egipcia), que se involucra de tal manera con el arte popular mexicano, no parece congruente, pero es habitual. Cuántas veces hemos constatado el interés de los extranjeros por nuestro arte popular, por lo verdaderamente mexicano. Es una triste historia, porque muchas veces el forastero reconoce más que los propios mexicanos nuestras artesanías y con ese “reconocimiento” adquieren un valor y un aprecio singular. Afortunadamente, con esfuerzos como los de Marie Thérèse Hermand de Arango, esto ha ido cambiando y día con día crece la autoestima por nuestro arte popular. Mas, en realidad, hace muchos años que Marie Thérèse es una verdadera mexicana, una mexicana nacida lejos de aquí.