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Fiestas de Semana Santa en San Andrés Larrainzar Chiapas

Texto y fotos: Alfredo Martínez Fernández

En las montañas de los Altos de Chiapas, se ubica el pueblo maya de San Andrés Larrainzar sus habitantes forman parte del grupo étnico tzotzil, quienes destacan por conservar su cultura de profundas raíces mayas, es famoso por ser el hogar de algunas de las mejores tejedoras de textiles chiapanecos.

La vida comunitaria del pueblo está organizada por un complejo sistema de cofradías y mayordomías encargadas de organizar las fiestas tradicionales, las cuales se caracterizan por un profundo sincretismo religioso.

Llegamos muy temprano a San Andrés Larrainzar, las montañas y el bosque aún se cubrían con una espesa neblina, en San Andrés existe una montaña sagrada que siempre esta cuabierta por un manto de nubes, es llamada Pamal Vits’ su nombre se deriva de los términos mayas tzotziles:  Pom que es incienso de copal, pamal es inciensado, vits’ es montaña por lo tanto Pamal Vits’ significa “Montaña cubierta de humo de incienso de copal”. Este humo ceremonial es el que nos acompañaría día y noche durante los siguientes días de fiesta de Semana Santa.

Esta fiesta y los rituales que la conforman son organizados meticulosamente por los mayordomos y sus esposas, conocidas como martomas. Durante estos días, el mercado del pueblo se convierte en el punto neurálgico en donde se dan cita habitantes de todas las comunidades cercanas como San Juan Chamula, Santa Marta, Magdalena Aldama, Santiago del Pinar etc. para convivir y abastecerse de comida y mercancías en los coloridos y bulliciosos puestos, en donde los comerciantes venden flores entre las que destacan las de manzanilla, frutas, verduras, velas, hierbas de olor, copal, camarones y pescado este último es muy importante ya que durante los días santos las mujeres son las encargadas de preparar y cocinar los tradicionales platillos a base de pescado y mariscos mientras los mayordomos tejen una reja de carrizo en donde los soldados encierran a cristo.

Al caer la noche, la atención se centra en la procesión de la cruz. Los mayordomos sacan una gran cruz del templo envuelta en telas y realizan un recorrido cargándola en hombros por las calles del pueblo. La escena es iluminada por la tenue luz de las velas, envuelta en densas nubes de incienso, mientas los feligreses acompañan solemnemente la procesión que es animada con el sonido rítmico de matracas, creando una atmósfera cargada de magia y simbolismo.

Al día siguiente, las mujeres tzotziles asumen un papel central ya que ellas son las encargadas cada año de lavar la ropa de la Cruz formada por largas tiras de tela blanca que se secan en al sol para posteriormente sahumarlas y purificarlas. El ambiente se torna festivo animado con la música tradicional de arpa y violín, y el posh o pox bebida de origen maya elaborada con maíz, circula entre los asistentes como una forma de avivar el ánimo y el cuerpo. Recuerdo que aquel día Don Lorenzo me dijo “Verás que el pox te calienta el alma y acaricia tu corazón”;  Una vez limpias, las telas son enrolladas nuevamente alrededor de la cruz por los mayordomos para volver a sacar la Cruz en procesión.

Las procesiones continúan durante los días jueves y viernes santos, cuando las imágenes religiosas de la Virgen de la Soledad, el Santo Entierro cubierto de flores y San Juan recorren las calles acompañados por cientos fieles, en una manifestación colectiva de fe que congrega a toda la comunidad.

El día sábado de Gloria visitamos el pueblo tzotzil de San Juan Chamula, para asistir a la celebración de la quema de Judas, una de las tradiciones más esperadas. El muñeco hecho de cartón y carrizo quien representa al patrón de la delincuencia, simboliza al traidor, permanece encerrado en la cárcel municipal hasta el momento del ritual. Custodiado por policías, es trasladado a la plaza frente al templo de San Juan, donde es rociado con gasolina y se le prende fuego.

En cuestión de segundos, los cohetes colocados en su interior comienzan a estallar, provocando risas y sorpresa entre los espectadores, que disfrutan de este acto simbólico que representa la purificación de la comunidad y el rechazo a los males sociales que los aquejan. Los pobladores disfrutan del espectáculo entre estruendos y chispas concluyendo así un año más las tradicionales fiestas de Semana Santa en los Altos de Chiapas.

 

 

 

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