La colección del museo popular

Sala 5 del Museo de Arte Popular // Fotografía: Nicola Lorusso/MAP

Lourdes Monges Stacey S. de Davidof

EL ORIGEN DE LAS COLECCIONES EN LA HISTORIA

El nacimiento y desarrollo del coleccionismo en el mundo se encuentra estrechamente unido a la esencia de la naturaleza humana, de ahí lo remoto de su origen. Es innegable que la conformación de las primeras colecciones de objetos respondió a la preocupación religiosa de los miembros de las antiguas sociedades (quienes buscaban reunir íconos); pero también fueron motivadas por la mundana necesidad de recordar hechos o personas a través de diversos objetos.

La constante preocupación por la vida en el más allá llevó a los egipcios a formar grandes depósitos de objetos preciosos relacionados con ritos y creencias funerarios.

El coleccionismo no podía permanecer ajeno a la concepción griega de la sociedad y del arte. Hasta antes de la hegemonía de la Grecia antigua, las colecciones solían tener un carácter meramente privado y pertenecían a las clases dominantes. Sin embargo, los griegos “democratizaron” el disfrute de las colecciones colocándolas en lugares públicos.

Tolomeo Filadelfo, en el siglo III a.C., formó en Alejandría un centro cultural denominado Mouseion, en el cual coincidían artistas, poetas y sabios. Además del zoológico, los laboratorios, el observatorio y las salas de reunión, en el Mouseion se encontraba la famosa biblioteca, en sí un auténtico museo, pues ella, además de contener los volúmenes literarios, era un gran depósito de obras de arte atesoradas por la dinastía de los Tolomeos (Alonso Fernández, 1999: 48).

Durante el periodo medieval, sería la Iglesia la principal institución poseedora de colecciones. Templos y monasterios se convirtieron en grandes almacenes de verdaderos tesoros dedicados al culto religioso. Sin embargo, conservarían su carácter privado, preservándose en lugares inaccesibles para la mayoría de las personas.
Suele considerarse a la Italia del Renacimiento como la principal impulsora y antecedente del museo moderno. El interés por el rescate de la Antigüedad Clásica provocó que las obras griegas y romanas adquirieran gran valor para aquella sociedad humanista.

A partir del Renacimiento el coleccionismo adoptó un carácter “erudito”, es decir, ya no se coleccionaba por el mero gusto de hacerlo. A partir de ese momento se tendría una conciencia histórica de la civilización pasada, así como una visión crítica del presente.

Los viajes europeos por ultramar impulsaron el surgimiento de nuevas colecciones resguardadas en los denominados “gabinetes de curiosidades”; éstos contenían objetos de lugares remotos, exóticos para la época, como colmillos de elefante, máscaras africanas o esqueletos de cocodrilo.

El siglo XVII llevó a Europa nuevos vientos de modernidad. El movimiento filosófico de la ilustración provocó un nuevo interés por la investigación del pasado, al tiempo que impulsó la concepción de que el arte era una creación social, por lo que su disfrute no podía ser el privilegio de una clase, sino del público en general.

El movimiento cultural, aunado al proceso histórico de la evolución de las sociedades, con la conciencia de las diferencias entre distintas culturas y manifestaciones artísticas conjuntamente con el movimiento de la ilustración, dio como resultado la creación de los grandes museos europeos, como el del Louvre, en París, el Prado, en Madrid y el British Museum, en Londres. A partir de entonces muchas de las antiguas colecciones privadas abrieron, de manera definitiva, sus puertas al público en general.

LAS COLECCIONES DEL MUSEO DE ARTE POPULAR
El siglo XX vio aparecer museos de todos los tamaños, con una diversidad temática que tuvo, como único límite, la capacidad de apreciación del arte, del asombro ante lo diferente o de la conciencia de conservar la historia, la cultura y los procesos evolutivos de las sociedades. En el México de los años veinte se despertaría la conciencia por la importancia de resaltar los valores mexicanos a través de su arte. En 1921 nace la idea de un museo de arte popular. En el grupo de artistas que lo perciben como una necesidad se encontraban personalidades como el Dr. Atl, Jorge Enciso, Roberto Montenegro y Miguel Covarrubias, quienes, apoyados por el ingeniero Alberto J. Pani coleccionaron y estudiaron el arte popular en sus muchas vertientes; los análisis y conceptos obtenidos se verterían en libros y publicaciones en los años siguientes.

Todos los mexicanos tenemos una cazuela de barro, una cuchara de madera, un sarape aunque lo usemos como cobija. Con seguridad hemos comprado una alhaja de plata o una olla de cobre. A través de los años, las obras de arte popular que hemos incorporado a nuestras vidas adquieren importancia. Cada pieza es producto de años de tradición y lleva la huella de diversas culturas impresa en ella. Estos objetos que nosotros usamos y vemos a diario sobrepasan su función utilitaria o decorativa, imbuidos de una simbología cultural que ha ido cambiando, al igual que la composición de la población de cada grupo que las produce. El arte popular, en sus distintas representaciones, es un marcador cultural e histórico que nos lleva a un viaje por el tiempo y espacio de México; asimismo, es un testimonio de la riqueza de nuestra cultura, de ahí la importancia de salvaguardarlo.

El concepto y consecuente formación del Museo de Arte Popular reúne todos estos principios, que se fortalecieron en el curso de los años y que hoy, más que nunca, reafirman la necesidad de su existencia.

Coleccionistas, artesanos y artistas con una conciencia común, contribuyen con su trabajo a la formación de este museo que llenará un vacío. Su creación es el resultado del interés de personas y organismos que han sabido ver y entender la riqueza de los objetos que se producen en los distintos pueblos. Sobre la base de esta conciencia común se han reunido las actuales colecciones del Museo de Arte Popular.

Hace más de veinte años se conformó la asociación civil de Populart, con expertos y amantes del arte popular mexicano, presidida por Teresa Pomar. La conciencia sobre la necesidad de reconocer el valor de nuestra cultura ha sido constante, pero sin lograr consolidar el objetivo de tener un museo donde mostrar el arte tradicional mexicano en toda su diversidad. Es con esta visión que Populart sumó esfuerzos para adquirir piezas selectas de las distintas ramas artesanales, incluso con las donaciones de sus propios miembros. El empeño de este grupo rinde frutos cuando consigue que el gobierno del Distrito Federal otorgue el edificio que albergará el museo. En definitiva, éste fue el primer paso de los muchos que se han tenido que dar para llegar a la apertura del MAP en el 2005.

La labor de continuar enriqueciendo el acervo de piezas se intensifica en los últimos seis años, cuando se forma la Asociación de Amigos del MAP, presidida por Marie Thérèse H. de Arango. Las aportaciones de diversas colecciones del acervo del MAP, logradas por la Asociación, han sido de suma importancia y trascendencia.

En 1934, para la inauguración del Palacio de Bellas Artes, Roberto Montenegro dirigió lo que sería el primer intento de museo de arte popular, al instalar una sala dedicada a su exposición. En 1950 se exhibieron nuevas colecciones de arte popular; Roberto Montenegro contribuyó con la donación de pinturas y máscaras. Parte importante de esta colección pasará al acervo del Museo de Arte Popular.

En la década de los noventa, el Grupo Savia, con el fin de impulsar el arte popular organizó concursos anuales de todas las técnicas y ramas vigentes, y con las piezas premiadas formó una diversa y rica colección que tiene gran relevancia por la multiplicidad de temas y expresiones que la integran; en ella se percibe el sincretismo entre la tradición y su adaptación a los tiempos actuales. Mil doscientas obras de esta colección se exhibirán en el MAP.

A principios del siglo pasado, Carlota Mapelli fue cautivada por el arte popular. Su vida tomó otro rumbo cuando se propuso lograr una colección única. Poseedora del sentido más puro del coleccionismo, en un tiempo en que acceder a comunidades remotas, sin otro medio de trasporte posible que no fuera un burro, los obstáculos no le impidieron adquirir un huipil o un quexquemetl. Reunió textiles únicos, elaborados en su mayoría en telar de cintura, que entrelazan en su trama el conocimiento de los simbolismos de distintas cosmogonías contenidas en sus dibujos y diseños. Contar con estas piezas para su colección, que supera los cuatrocientos textiles, algunos con más de ochenta años, fue el mayor incentivo de su vida. Ésta es una de las colecciones más importantes de textil antiguo y hoy forma una parte primordial del acervo del Museo de Arte Popular.

Desde hace muchos años Fomento Cultural Banamex realiza un esfuerzo y trabajo continuos en la preservación y el rescate de nuestro arte. Contribuye al acervo del MAP con una serie de obras selectas de los grandes maestros del arte popular.
El acervo del MAP muestra por igual los diferentes elementos de nuestro mestizaje cultural: las raíces indígenas y la raigambre hispana imbricada con ocho siglos de cultura árabe; nuestra tercera raíz, la de origen negro, y las influencias asiáticas.
Es así como el MAP abre sus puertas, sabedor de su gran responsabilidad como receptor de las colecciones que conforman su acervo, en una amplia y plural expresión cultural del arte popular mexicano.