Leonora Carrington en el Museo de Luxemburgo
Gerard Fontaine
Museo de Luxemburgo, del 18 de febrero de 2026 al 16 de julio de 2026
En su carta n.º 3 de noviembre de 2021, La Lettre culturelle de México abordaba la vida y presentaba la obra de esta artista fundamental. Era plena pandemia y la inauguración de su casa, transformada en museo, se había suspendido, cuando su instalación acababa de completarse. Dado que este artículo sigue siendo de cierta actualidad, al final del mismo se incluye un enlace que permite encontrarlo fácilmente y que lo complementa con la magistral exposición que acaba de inaugurarse en el Museo de Luxemburgo. La comisaría corre a cargo de Tere Arcq (historiadora del arte, especialista en surrealismo en México, autora de numerosas exposiciones y publicaciones sobre las mujeres surrealistas) y Carlos Martín (historiador del arte, especialista en arte moderno y surrealismo, antiguo conservador de la Fundación Mapfre en Madrid).
Surrealista desde la infancia
Una de las principales cualidades de esta exposición —que tiene muchas— es presentar una muestra representativa de lo que pudieron ser los años de formación y conservación del poderoso imaginario de la joven Leonora. Especialmente fascinante es un cuaderno titulado «Animals of a Different Planet». Nos encontramos en Starvinski, un pequeño planeta más allá de Neptuno, en un mundo que se presenta desde el principio como diferente; esta niña de diez años organiza allí un mundo fantasmagórico poblado de animales a la vez similares y diferentes a los de la Tierra y les asegura una vida «verosímil», indicando, por ejemplo, su entorno y su régimen alimenticio. Así, el Hoxiptus, que se encuentra en la costa noroeste de Tova, se alimenta de semillas de mijo oleaginoso (feeds on millet oil seed). O bien el encantador dragón Iceboo (ilustr. 1), uno de los que pueblan Moskoski, una lengua de tierra del famoso país de Hiburtus: por su parte, según se nos cuenta, Iceboo rara vez camina sobre tierra firme, nada o vuela y sus garras son largas por esta razón; su comida favorita es el arroz triturado, que aquí crece como la mala hierba… En cuanto a la familia de los Squarebos, reconocibles por su pelaje a cuadros marrón oscuro, vive en el cálido país de Mongi y prefiere comer cactus…

1.- Leonora Carrington (1917-2011), Iceboo, Animales de diferente planeta, hacia 1927. Lápiz con retoques sobre papel. Colección particular. Mucha imaginación, respaldada por un conocimiento científico precoz.
Este sorprendente cuaderno, que se supone que fue escrito hace 7.000 años por un hombre llamado Youbitus que se había refugiado en este planeta Starvinski, detalla un mundo imaginario a la vez coherente y de una sorprendente extrañeza, cuyos seres —animales, peces, aves y plantas— que lo pueblan a menudo recuerdan a los alebrijes mexicanos, que aún no se habían inventado. Entre ellos, ni un solo humano, y los comentarios del cuaderno sugieren que fue precisamente para huir de ellos por lo que Youbitus se escapó más allá del sistema solar.
A lo largo de su vida como artista, Leonora estará acompañada por un bestiario fantástico de una increíble belleza plástica, con cuya ayuda organiza un mundo acorde con su desbordante imaginación. En 1933, por ejemplo, tiene dieciséis años; fíjense en la fuerza, la potencia y la belleza plástica que manifiestan dos animales surrealistas y, sin embargo, de una presencia casi hiperrealista: una gata infernal azul y un oso demoníaco (ilustr. 2).

2.- Leonora Carrington (1917-2011), Blue Hell-Cat & Devil-Bear (La gata infernal azul y el oso demoníaco). Berna, enero de 1933. Acuarela, grafito y tinta sobre papel. De la serie Sisters of the Moon, realizada en 1932-1933 en Florencia, Suiza e Inglaterra. Colección particular.
En este mundo, las mujeres son bellas y poderosas, son diosas, hadas o brujas. Son oscuras y luminosas, encantan y dominan la naturaleza y a los humanos, a quienes hacen bailar como libélulas al son de su violín —el instrumento del diablo, que las observa desde lo alto de su linterna riéndose burlonamente (Ilustración. 3).
El caballo, ese magnífico animal que a menudo la personificará más adelante en las obras de su madurez, también hace aquí una notable aparición.

3.- Leonora Carrington (1917-2011), The Fiddler (La violinista), 1933. Acuarela, grafito y tinta sobre papel. De la serie Sisters of the Moon, realizada en 1932-1933 en Florencia, Suiza e Inglaterra. Colección particular.
Unos años más tarde, a lo largo de una formación itinerante por Florencia, Suiza y París, otros temas enriquecerán su paleta, temas que volverá a encontrar en los surrealistas —a quienes no tardará en conocer— y en los mexicanos, a quienes se unirá un poco más tarde. Tal es el caso, por ejemplo, de la máscara, de la que se apropia cuando aún no ha cumplido los veinte años (ilustración 4).

4.- Leonora Carrington (1917-2011), Entre las máscaras. Óleo sobre lienzo. 1936. Colección particular.
Surrealista entre los grandes
Hasta 1937, el genio artístico de esta joven inglesa de buena cuna se nutrió sobre todo de los cuentos y leyendas irlandeses heredados de su familia materna, de la literatura neogótica victoriana y de una buena pizca de la mitología que le enseñaban en las escuelas católicas de las que, sin embargo, esta indomable joven era expulsada con regularidad.
Luego, como un joven de la alta burguesía de la época, se embarcó en una especie de «Gran Tour»; este comenzó en Florencia (1932-33), donde descubrió a los maestros del Trecento y del Quattrocento, pasó por Suiza y la llevó a París (1933). Siempre reacia a las costumbres de la alta sociedad de su tiempo y, más aún, a los deseos de sus padres, continuó sus estudios artísticos en Londres, donde en 1936, en las New Burlington Galleries, tuvo un encuentro decisivo: la Exposición Internacional Surrealista. En particular, descubrió a Max Ernst. No tarda en conocerlo en persona, al año siguiente, durante una exposición individual de este artista ya célebre. Ella tiene veinte años, es bella y rebelde; él tiene más del doble, es irresistible, pero ya está casado… No importa, la pareja huye a Cornualles y luego a París, donde se instala en la rue Jacob (ilustr. 5). Ernst la apoda entonces «La Novia del Viento». No podía haberlo dicho mejor.

5.- Lee Miller, Leonora Carrington y Max Ernst. Saint-Martin-d’Ardèche, 1939. DR
A partir de 1938, adoptada por la tribu de los surrealistas, Leonora expone con ellos en la Galerie des Beaux-Arts y vende su primera obra a Peggy Guggenheim. Luego, la pareja se instala en Saint-Martin d’Ardèche, en una casa antigua, «Les Alliberts». Ambos se proponen restaurarla y decorarla, él con esculturas y más bien en el exterior (ilustr. 6 y 7)

6.- Leonora Carrington (1917-2011), El unicornio. Ventana en Saint-Martin-d’Ardeche. Pintura bajo vidrio, 1938. Colección particular.

7.- Leonora Carrington (1917-2011), Retrato doble (Autorretrato con Max Ernst). Óleo sobre lienzo, Saint-Martin-d’Ardèche, 1938. Colección particular.
En este cuadro, reflejo de su compleja relación personal y creativa, los dos artistas se miran de frente sobre un fondo apenas esbozado. Leonora mira al espectador con una actitud desafiante bastante habitual en ella; su cabello, similar a la crin del caballo totémico que la acompaña, simboliza sin duda la libertad y el poder femenino. Max Ernst está envuelto en plumas a imagen de su alter ego, de su guía místico, el pájaro Loplop, «el pájaro superior, un fantasma privado muy apegado y devoto a mí» (Max Ernst, en Cahiers d’Art, Édition Max Ernst, París, 1937).
Como es sabido, este episodio duró poco y la Segunda Guerra Mundial se lo llevó en su locura. Max Ernst, de nacionalidad alemana, fue detenido en dos ocasiones y encarcelado en el siniestro campo de Les Milles; logró salir de Francia en 1941 y se trasladó a Estados Unidos en compañía de Peggy Guggenheim, con quien se casaría al año siguiente. Lo que el viento se llevó. En cuanto a «La novia del viento», tuvo que huir a España, donde vivió una pesadilla: una violación colectiva en Madrid a manos de la soldadesca franquista, hospitalización en Santander en una clínica psiquiátrica donde fue gravemente maltratada… Finalmente logró escapar y se casó en Lisboa con el escritor y diplomático mexicano Renato Leduc, a quien había conocido en París y con quien se reencontró por casualidad en Madrid.
En julio de 1941, se marcha con él a Nueva York, donde se reencuentra con la comunidad surrealista en el exilio, antes de llegar a México a finales de 1942 (ilustración 8).
A salvo, pero marcada. Comienza otra vida.
Ser mexicana no es haber nacido en México, es renacer allí.

8.- Leonora Carrington (1917-2011), Artes, 110. Óleo sobre lienzo, 1944. NSU Art Museum Fort Lauderdale, donación de Pearl y Stanley Goodman.
En este autorretrato simbólico, la artista, ahora sola, con una yegua imaginaria sobre su cabello, parece volar de una isla de casas destrozadas, llevada por un topo, hacia otra, señalada por una rosa de los vientos, o parece hilarse (¿para ella?) un vestido rojo. ¿Cómo antaño Youbitus se dirigió hacia el planeta Starvinski para encontrar la paz en los confines del universo, más allá de Saturno?
En México, se reencuentra con algunos de los artistas exiliados que había conocido durante su estancia en París, como Alice Rahon y Wolfgang Paalen, o Remedios Varo y Benjamin Peret. Su amistad con la pintora y escultora surrealista española Remedios Varo (1908-1963) será muy importante en su vida.
Renato Leduc y Leonora se separan en 1943 y esta última se instala en casa de los Varo-Perret, donde se reúnen artistas como Luis Buñuel, los pintores Esteban Francés y Gunther Gerzo, o la fotógrafa húngara Kati Horna (1912-2000), también refugiada en México con su marido, el escultor español José Horna (1909-1963). Es en casa de estos últimos donde, en 1944, Leonora conoce a otro fotógrafo húngaro, Emerico «Chiki» Weiss (1911-2007), amigo y compañero de Robert Capa que, como él, también había escapado milagrosamente de los nazis. También es en su casa donde se casarán (ilustración 9). Leonora y Chiki Weisz compran entonces en México la casa que será su hogar hasta el final de sus respectivas vidas. Carrington publica una obra de teatro, Penélope. Su primer hijo, Harold Gabriel, nace el 14 de julio de 1946, y el segundo, Pablo, el 14 de noviembre del año siguiente.
Leonora Carrington escribió, entre otras cosas, cuentos, relatos, poemas y obras de teatro, entre las que destaca esta *Penélope*, en la que una niña se opone a los métodos educativos autoritarios y rígidos, rebelándose contra una madre atraída por la muerte y un padre autoritario y hosco, acompañados de niñeras siniestras… Contra todo pronóstico, la niña acaba aceptando su destino y la imaginación infantil se somete a la monstruosa regla… de los adultos.

9.- Kati Horna (1912-2000), celebración de la boda de Leonora Carrington y Emerico «Chiki» Weisz, en presencia de (segunda fila, de izquierda a derecha) Gerardo Lizarraga, José Horna y Gunther Gerzso, y de (primera fila, detrás de los novios) Remedios Varo, Benjamin Peret y Myriam Wolf. 1946. Archivo fotográfico Katy y José Horna, patrimonio de Katy Horna, México.
En 1946, André Breton incluyó un relato de juventud de Leonora, La Debutante, en la edición ampliada de su Antología del humor negro. También conoció al poeta inglés Edward James (1907-1984), mecenas de los surrealistas y creador del famoso jardín de Las Pozas; él se convertiría en su amigo y confidente.
Se organizó un concurso con el fin de integrar, en una escena de la película estadounidense de Albert Lewin «Bel-Ami» (1947), un cuadro que representara la tentación de San Antonio. Para su propuesta, Leonora Carrington se inspira en la versión de El Bosco que se conserva en el Museo del Prado de Madrid, que había visto a su llegada a España en 1940 (ilustración 11).
Entre los participantes se encontraban, entre otros, Salvador Dalí, Paul Delvaux, Horace Pippin, Dorothea Tanning y… Max Ernst. Este último fue quien ganó el concurso.
¡No importa! Para Leonora Carrington, su cuadro (ilustración 10) marca un punto de inflexión en su carrera: el de su regreso al más alto nivel de la creación internacional. Es también uno de los más bellos de los que se exponen en el Palacio de Luxemburgo.
A diferencia de las visiones tormentosas de otros artistas, Carrington retrata a un anacoreta sereno, líder de una comunidad híbrida: demonios transformados en entidades angelicales, una bruja junto al caldero vestida de rojo y con un águila negra como tocado (¿ella?), un macho cabrío que vierte el agua vital, la reina de Saba enmascarada con un rostro en espiral… El fuego alquímico y el cerdo emblemático simbolizan la victoria sobre las tentaciones, y Leonora fusiona el cristianismo, la brujería celta y el ocultismo.
Bucólico y mágico, este cuadro marca su madurez: un ermitaño patriarca que reina sobre su dominio encantado, símbolo de resiliencia y presagio del retorno a la armonía cósmica.

10.- Leonora Carrington (1917-2011), Las tentaciones de San Antonio. Óleo sobre lienzo, 1945. Colección particular. La historia de San Antonio ilustra en gran medida el esquema arquetípico de todo mito según Joseph Campbell, en particular su estructura en torno a la victoria tras superar una prueba central.

11.- El Bosco (atribuido a), La tentación de San Antonio. 1515. Madrid, Museo del Prado, dominio público.

12.- Leonora Carrington (1917-2011), Retrato del Dr. Urbano Barnes. Témpera sobre tabla, 1946. Colección particular.
Este retrato es el homenaje de Carrington a un médico español, Urbano Barnes, un médico exiliado que la asistió durante el nacimiento de sus dos hijos en México. Aparece aquí como el guardián simbólico de la creación en un decorado en el que el cuerpo, la naturaleza y el mito dialogan con el útero que sostiene entre sus manos. El personaje de Barnes encarna las fuerzas ocultas que sustentan la vida, en un cuadro inspirado en la pintura de los primitivos italianos, donde se mezclan el realismo, el simbolismo mágico y la celebración de la fertilidad.
En 1948, su primera exposición individual, en la galería Pierre Matisse de Nueva York, puso de manifiesto su extraordinaria madurez artística.
En 1952, regresó por primera vez a Europa con sus hijos. Pasó una semana en Inglaterra, en la finca familiar de Hazelwood, junto a su madre. Organizó una exposición individual en la galería Pierre Loeb de París.
A partir de 1960, México también reconocería su importancia: se organizó una primera retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Y, en 1963, el Gobierno mexicano le encargó un mural para la sala de etnografía del nuevo y prestigioso Museo Nacional de Antropología.
Por desgracia, ese mismo año, su amiga Remedios Varo fallece prematuramente; apenas tenía 55 años.

13.- Kati Horna (1912-2000), Serie «Oda a la necrofilia» (en la que Leonora Carrington fue la modelo). Gelatina de sales de plata, 1962. Archivo Fotográfico Katy y José Horna, Patrimonio de Kati Horna, México.
El viaje de la heroína
La exposición dedica toda una sección a este tema; su propio título está tomado de Joseph Campbell (1904-1987), un especialista estadounidense en mitología famoso por haber concebido «el viaje del héroe», una estructura narrativa que subyace en la totalidad o en parte de la mayoría de los mitos y religiones de todo el mundo (si no de todos). De hecho, son numerosas las obras de Carrington que pueden leerse como una transcripción femenina de este «viaje del héroe», empezando por sus obras de infancia (Animales de un Planeta Diferente, 1927 – il. 1) hasta las magistrales Artes, 110 de 1944 (il. 8) y Tentaciones de San Antonio de 1945 (il.10).
De hecho, Leonora Carrington se interesaba por personajes históricos y mitológicos procedentes de las culturas más diversas, como Hermes, Moisés, Orfeo, Pitágoras, Platón, Zoroastro, Jesús o Buda. A lo largo de su búsqueda, se sumergió en el estudio de las corrientes místicas de las religiones, como el gnosticismo o la cábala. Desde su juventud, había descubierto las enseñanzas del budismo, un camino espiritual que da testimonio de un inmenso respeto por todas las formas de vida. Esta perspectiva fue, quizá a lo largo de toda su vida, el motor más influyente y constante de su obra. Incluso en México, conoció a discípulos del filósofo ruso Piotr Ouspensky (1878-1947) y de su maestro, el armenio Georges Ivanovitch Gurdjieff (?-1949), cuyas enseñanzas gnósticas influyeron en su obra.
El gran arte de la bruja, el gran juego de la artista
La exposición del Museo de Luxemburgo ofrece algunas claves sorprendentes de esta búsqueda vertiginosa y deslumbrante de Leonora Carrington. Una de las más sorprendentes es el juego de tarot del que, a partir de los años 50, la artista pintó sus 22 arcanos mayores siguiendo el tarot conocido como de Marsella (il. 14). Este tarot personal fue definido por su hijo Gabriel como «la brújula interior» de la artista y nunca se mostró al público en vida de esta. Sus arcanos mayores son auténticos talismanes visuales; fusionan elementos esotéricos, un simbolismo feminista y una visión personal del mundo que reflejan tradiciones como la cábala, la magia antigua, la mitología celta y las religiones mesoamericanas.
Carrington concebía el tarot más como un instrumento para explorar la psique, la espiritualidad y la transformación interior que como una simple técnica adivinatoria.

14.- Leonora Carrington (1917-2011), Arcanos Mayores. Las ocho primeras cartas. Años 50 (edición facsímil, 2024). Colección particular.
![15.- Leonora Carrington (1917-2011), Ballerina II (Figura mítica) - [«Bailarina II (figura mítica)»] Óleo y pan de oro sobre masonita. 1954. Colección particular.](https://www.amigosmap.org.mx/wp-content/uploads/2026/04/LC-Ballerina-300x200.jpg)
15.- Leonora Carrington (1917-2011), Ballerina II (Figura mítica) – [«Bailarina II (figura mítica)»] Óleo y pan de oro sobre masonita. 1954. Colección particular.
André Breton, líder del surrealismo, decía de Leonora Carrington que era una «bruja (…) de mirada velada y burlona». Esta frase refleja el interés y la fascinación por el ocultismo que Carrington compartía con otros surrealistas. Como es sabido, estos redescubrieron la magia, el tarot, la alquimia, la astrología, el espiritismo y otras tradiciones esotéricas de la Antigüedad, antaño reservadas a los iniciados. Hasta hace poco, este aspecto del arte de Carrington había sido relativamente poco explorado, en parte porque nuestra artista creó un lenguaje único y complejo, pero se negó a explicar o aclarar las múltiples influencias que había recibido.
El misterio que la rodea no es de extrañar, ya que la mayoría de las vías esotéricas exigen el secreto y, por su propia naturaleza, se resisten a cualquier categorización o representación simplista. Perfectamente consciente de este imperativo, Carrington integró cuidadosamente en sus composiciones conjuros, signos cabalísticos, diagramas y otros símbolos mágicos, ocultando a menudo su finalidad y su significado tras relatos lúdicos concebidos para desconcertar a quienes no están familiarizados con estas tradiciones.

16.- Leonora Carrington (1917-2011), Tres mujeres y cuervos en la mesa. Óleo sobre tabla, 1951. Colección particular.

17.- Leonora Carrington (1917-2011), Occult Scene (Jacob’s Ladder) – Escena oculta (La escalera de Jacob). Óleo sobre lienzo, 1955. Colección de John y Sandy Fox. Según el libro del Génesis, la escalera de Jacob unía el mundo terrenal con el reino de Dios. Sin embargo, Carrington no representa la escena bíblica de forma tradicional con ángeles descendiendo del cielo; propone una reinterpretación sutilmente herética del encuentro entre los dos mundos, poblados de aves, insectos y seres antropomórficos que parecen inmersos en una sacra conversazione ante un templo salomónico. Si se tiene en cuenta la afición de Carrington por las referencias biográficas ocultas, cabe señalar que la vivienda que la artista había compartido con Max Ernst en París, veinte años antes de esta obra, se encontraba precisamente en la calle Jacob.

18.- Leonora Carrington (1917-2011), Edwardian Hunt Breakfast (Desayuno de caza eduardiano). Óleo sobre lienzo, 1956. Colección particular. La artista nunca olvidó la Inglaterra de su infancia. Aquí evoca los recuerdos de su educación británica y las cacerías de las que sin duda fue testigo. En un bosque poblado de minúsculas criaturas luminiscentes, un caballero vestido a la moda de la época eduardiana (período que abarca de 1901 a 1910 en el Reino Unido) posa junto a una criatura quimérica vestida de negro y con cabeza triangular que parece recibir este pequeño desayuno como ofrenda. Esta escena litúrgica, con una atmósfera a la vez tranquila e inquietante en la que se entremezclan lo cotidiano y lo ritual, convierte a este cuadro en una de las representaciones más ambiguas de la obra de Carrington.

19.- Leonora Carrington (1917-2011), La quema de Giordano Bruno (La ejecución en la hoguera de Giordano Bruno). Óleo sobre lienzo, 1964. Colección particular. La obra transforma el suplicio en la hoguera del filósofo y cosmólogo italiano del siglo XVI Giordano Bruno en un rito de transformación y no de aniquilación. Carrington reinterpreta el fuego como energía alquímica. Así, la escena no representa la muerte de Bruno, sino su paso a otro plano. En el centro, un remolino de luz y personajes simboliza la apoteosis del conocimiento y la disolución de las fronteras entre el arte, la magia y la filosofía. Se trata, por tanto, de la glorificación del mago-artista que desea conocer el cosmos y transformarlo.
Tras la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, Leonora Carrington abandonó México junto a sus dos hijos. Se instaló en Estados Unidos y, durante años, se repartió entre ese país y México.
En 1972, comprometida con el movimiento feminista, diseñó un cartel para un pequeño grupo feminista llamado Mujeres Conciencia. Entre 1974 y 1977, publicó Le Cornet acoustique, una novela escrita hacia 1950, así como La Porte de pierre, escrita en inglés en la década de 1940. Entre 1988 y 1994, se mudó a Chicago y continuó su actividad como escritora; publica sucesivamente The Seventh Horse and Other Tales (El séptimo caballo y otros cuentos) y The House of Fear: Notes from Down Below (La casa del miedo: notas desde «Abajo»), obras que recopilan sus mejores cuentos y relatos autobiográficos desde 1937.
Dos años más tarde, regresa a México, que vuelve a convertirse en su lugar de residencia principal.

20.- Leonora Carrington (1917-2011), Snake Bike Floripondio (Serpiente, bicicleta y trompeta de los ángeles). Óleo sobre lienzo, 1975. Colección Pérez Simón.
A lo largo de la década de 1990, se organizaron importantes exposiciones individuales en el Mexican Museum de San Francisco, en la Serpentine Gallery de Londres y en la Nippon Gallery de Tokio, así como en el Museo de Arte Moderno de México y en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. En los últimos años de su vida, se multiplican las pérdidas; en particular, en el año 2000 fallece su amiga Kati Horna y en 2007 pierde a su marido Chiki.
Otra señal del paso del tiempo es que se multiplican los reconocimientos: es nombrada ciudadana de honor de la Ciudad de México y se convierte en miembro de la Orden del Imperio Británico. También recibe el Premio Nacional de Ciencias, Letras y Artes de México en la categoría de Bellas Artes. Con motivo de su 80.º aniversario en 2007, el Museo de Arte de Dallas presenta, del 23 de diciembre de 2007 al 30 de marzo de 2008, la exposición «Leonora Carrington. What she might be».
El 25 de mayo de 2011, Leonora Carrington falleció a los 94 años en el Hospital Inglés de México. Fue enterrada en el Panteón Británico, el cementerio británico de la Ciudad de México.

21.- Leonora Carrington (1917-2011), Three Nornir (Las tres Nornas). Óleo sobre lienzo, 1998. Colección particular.
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