SIGLO XIX

NOTAS SOBRE MÉXICO

Por José N. Iturriaga

El diplomático estadunidense Joel Robert Poinsett (1779-1851)  vino por primera vez a nuestro país en 1822; tres años después volvería como primer embajador de Estados Unidos ante México. En 1830 el presidente Guerrero lo expulsó merecidamente de nuestro país.

En su primer viaje, Poinsett vio con buenos ojos a nuestro arte indígena en la ciudad de México: “Los indios tallan estatuitas de madera bastante bien y las figuras de cera que hacen, son las mejores que he visto. Representan con gran fidelidad todos los trajes, y los retratos que hacen de personas conocidas de México y de los miembros de los distintos oficios y profesiones, son perfectamente exactos. Colorean, para darles apariencia de vida, las caras y las manos de las figuras de cera, y los tintes de las telas de los vestidos son muy brillantes y acertados.”

Acerca de la población indígena, Poinsett se sorprende ante sus atuendos y danzas tradicionales: “Han cambiado las formas y ceremonias de su religión y quizá estén más satisfechos con el esplendor de los ritos católicos, que con los de su antiguo culto. Sienten un placer infantil al marchar en procesiones, y para ellas se visten del modo más fantástico, y los sacerdotes, en muchas regiones del país, han encontrado necesario permitirles que mezclen sus danzas y mojigangas con las ceremonias católicas.”

Poinsett hace un recuento de diversas artesanías mexicanas: “Las calles que rodean a los mercados están llenas de ollas para cocinar y otros menesteres domésticos. Los indios, en todas partes, son muy hábiles para hacer ollas de barro y las gentes aquí las usan en vez de vasijas de hierro o cobre […]”

“En la ciudad de México se fabrican sombreros de la mejor calidad, así como botas, zapatos y artículos de talabartería de muy buen cuero y excelente acabado.”

jrp-sow_s “Los muebles en su mayor parte son de cedro y pino, y de calidad tosca e inferior. Los coches sí están muy bien hechos, y aunque son algo pesados están elegantemente pintados y barnizados […]”

“En todas las ciudades se fabrican sombreros, zapatos y sillas de montar y hay varias alfarerías. Uno de los oficios más florecientes es el de la platería, y hay muchos dedicados a él en todas las poblaciones y ciudades de México. Es enorme la cantidad de objetos de plata que se elaboran para las iglesias, y los particulares hacen uso de más cosas de plata que los de la misma clase en los Estados Unidos. Esto se debe a la falta de manufacturas de cristal y porcelana, y al costo y los riesgos de su transporte desde la costa a la mesa central.”

“En la capital se fabrica hilo de oro y plata para bordados, arte en que descuellan estas gentes. En 1803 el oro labrado ascendía a trescientos ochenta y cinco marcos, y la plata labrada a veintiséis mil ochocientos tres […]”

“Casi no hay fábricas de seda en México. Los pañuelos de seda que hacen los indios de la Mixteca y los vecinos del pueblo de Tixtla, cerca de Chilpancingo, se elaboran con la seda de un gusano indígena, y no con la del ‘bombyx mori.”

Los objetos y los materiales del arte popular a veces trascienden a la arquitectura. Tal es el caso del ónix o alabastro y mármoles de diversos colores de Tepeaca y Tecali en el estado de Puebla, que tienen su versión religiosa en la catedral de la capital poblana  y, asimismo, la cerámica de Talavera que engendra al barroco talaveresco:

“Por dentro, la catedral está ricamente decorada y es realmente magnífica. El altar mayor es espléndido; el presbiterio situado a unos cuantos pies sobre el nivel del resto del templo, luce mármoles de distintos colores. En él hay una cripta para los restos mortales de los obispos de Puebla. Las paredes son de mármol negro y blanco y la bóveda hace un arco elíptico. Al baldaquino, que descansa sobre esta plataforma, lo sostienen ocho columnas dobles de mármol, cuyo efecto se nulifica con ornamentos de bronce y capiteles dorados. El cielo del baldaquino está profusamente adornado con estucos y dorados. La custodia es de mármol de diversos colores, el frente es de plata repujada y construida de modo de  deslizarse hacia abajo para mostrar la hostia a los fieles. Por encima de la custodia misma hay cinco figuras de bronce. Delante de este altar hay suspendido un enorme candelabro de oro y plata macizos muy preciosamente labrado. El púlpito, inmediato al altar, fue tallado en una masa de carbonato de cal que se encontraba en las cercanías de Puebla. Es susceptible de recibir un pulido muy brillante y es semitransparente. Una hilera de elevadas columnas sostiene los arcos y circunda el interior del edificio […]”

“Las calles de Puebla no son muy anchas, pero están bien pavimentadas y ostentan aceras de anchas lozas. Las casas, por lo general, son de dos pisos y construidas de piedra; en las fachadas de algunas de ellas hay incrustados azulejos de colores, altamente vidriados como los azulejos holandeses, mientras que otras están pintadas de forma llamativa y fantástica. El palacio  arzobispal está recubierto de azulejos rojos de este estilo.”

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