SIGLO XIX

ENSAYO POLÍTICO SOBRE EL REINO DE LA NUEVA ESPAÑA

Por José N. Iturriaga

Alexander von Humboldt (1769-1859) fue, antes que nada, viajero y sabio politécnico. En su juventud, este científico alemán fue amigo de Goethe y de Schiller. Autor de numerosas obras (todas patrocinadas por él mismo), vino a México durante 1803-1804.

alexandre_humboldtAcorde con sus inquietudes, a Humboldt le interesó mucho el proceso de obtención del colorante de la grana cochinilla: “Los indios de la intendencia de Oaxaca no siguen todos, en la cría de la cochinilla, el mismo método […] Los del distrito de Sola y Zimatlán hacen sus nopaleras en la falda de las montañas, o en torrentes distantes dos o tres leguas de los pueblos. Después de haber cortado y quemado los árboles que ocupaban el terreno, plantan los nopales: si siguen limpiando el suelo dos veces al año, a los tres los nopales están en estado de alimentar la cochinilla. Para este efecto, en el mes de abril o mayo, el propietario de una nopalera, compra ramas u hojas de tunas de Castilla cargadas de pequeñas cochinillas (semilla) recién nacidas. Estas hojas, desprovistas de raíz y separadas de los troncos, conservan su jugo muchos meses, y se venden en el mercado de Oaxaca a cinco reales de plata el ciento, poco más o menos. Los indios conservan la simiente de la cochinilla por el espacio de veinte días, en cuevas, o en el interior de sus chozas; después de este tiempo exponen los tiernos insectos al aire libre y cuelgan las hojas en que están fijados dentro de un tinglado cubierto de paja. El acrecentamiento de la cochinilla es tan rápido, que en el mes de agosto o septiembre las madres están ya fecundadas, antes que los hijuelos hayan salido. Ponen a estas cochinillas madres en nidos hechos con una especie  llamada paxtle; dentro de estos nidos las llevan a dos o tres leguas del pueblo, los distribuyen en las nopaleras, y las plantas tiernas toman la simiente. La postura de las cochinillas madres dura trece o quince días, y si el paraje en que está situado el plantío no es muy elevado, en menos de cuatro meses se puede contar con la primera cosecha. Se ha experimentado que en un clima más bien frío que templado, el color de la cochinilla tiene la misma belleza, pero la cosecha es más tardía […]”

“Es necesario tener muchísimo cuidado para limpiar las hojas de los nopales: a este efecto las mujeres indias se sirven de una cola de ardilla o ciervo; se pasan horas enteras puestas en cuclillas al pie de una planta; y a pesar del excesivo precio de la cochinilla, dudo que este cultivo fuese ventajoso en países en donde se sepa sacar partido del tiempo y del trabajo.”

554px-signaturalexandervonhumboldt-svgEn materia de colorantes, destacan estos otros: “En el puerto de Tehuantepec, provincia de Oaxaca, los indígenas tiñen de púrpura el algodón en rama, estregándole con la capa, o cubierta de cierto murex [caracol] que se encuentra pegado a rocas graníticas. Según una antigua costumbre, lavan el algodón, para avivar el color, en agua del mar, que en aquellos parajes es muy rica en muriato de sosa, o sal común.”

En materia de colorantes, destacan estos otros: “En el puerto de Tehuantepec, provincia de Oaxaca, los indígenas tiñen de púrpura el algodón en rama, estregándole con la capa, o cubierta de cierto murex [caracol] que se encuentra pegado a rocas graníticas. Según una antigua costumbre, lavan el algodón, para avivar el color, en agua del mar, que en aquellos parajes es muy rica en muriato de sosa, o sal común.”

En otras materias, informa Humboldt: “Hemos probado cuánta importancia podrían tener para México las manufacturas indígenas de algodón. Las de la intendencia de la Puebla, en tiempo de paz, facilitan al comercio interior un producto anual de 1,500,000 pesos. Sin embargo, este producto no se debe a fábricas reunidas, sino al gran número de telares de algodón dispersos en las ciudades de la Puebla de los Ángeles, Cholula, Huejotzingo y Tlaxcala. En Querétaro, ciudad considerable situada en el camino de México a Guanajuato, se consumen anualmente en la fabricación de mantas y rebozos 200,000 libras de algodón; la de mantas o telas de algodón asciende a 20,000 piezas al año, de a 32 varas cada una. En 1802 se contaban en la Puebla más de 1,200 tejedores de telas de algodón y cotonadas rayadas.”

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