SIGLO XVII

DIARIO DE LAS EXPLORACIONES EN SONORA. LUZ DE TIERRA INCOGNITA

Por José N. Iturriaga

mapa_kinoMilitar inseparable del padre Kino, el español Juan Mateo Mange fue el brazo armado del formidable explorador y evangelizador jesuita. Juntos recorrieron, durante la última década del siglo XVII, varios miles de kilómetros en el noroeste mexicano y cuando Kino descubrió que Baja California no era isla sino península, Mange estaba con él. En el Diario de este último, describe las vestimentas artesanales de los indios pimas de Sonora:

“Su vestido en los que viven al norte, es de mantas de algodón muy bien tejidas y pintadas graciosamente de colorado y amarillo; también tejen algunas mantas de lana los que tienen ovejas y aunque los del poniente no tienen tejidos que ellos hagan por no sembrar algodón, no obstante con el comercio de los otros y sus conmutaciones especialmente de la gamucería que tienen y curten muy bien, por ser en aquellos parajes más numerosa la caza de venados, andan decentemente vestidos con las mismas mantas; muchos usan calzones de gamuza y de este género hacen unos gabancillos muy graciosos. Las mujeres por lo regular andan desnudas de la cintura arriba y hasta los pies cubiertas con enaguas de gamuza, y en el invierno traen otra gamuza que le sirve como mantellina y otras con un juboncillo hecho de muchos pellejos de conejo adobado y con pelo, unidos y ésto suele servir de abrigo a sus hijuelos; de los pimas últimos y en especial entre los papabotas hay muchos que no traen más vestidos que el de la inocencia aún sin cubrir lo más vergonzoso, originado ésto de su mucha sinceridad y en los yumas, cocomaricopas y confinantes, apenas se hallan unos pocos que traigan alguna cosa  sobre sus desnudas carnes, fuera de las mujeres que andan con un género de enaguas hechas de la corteza intermedia del sauce que, cubriéndolas desde su cintura a la rodilla, sirven más que al abrigo, a la decencia.”

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Sobre el mismo tema, abunda Mange acerca de los pimas del norte de Sonora: “Las mujeres se cubren de la cintura para la rodilla, con la cáscara interior del sauce que, majada y aderezada hacen muchos hilos o guedejas como copos de cáñamo, y tejiéndolos dos dedos para ceñirlo a la cintura, los demás pendientes hilos hasta la rodilla, forman un corto faldellín ancho de abajo, en forma de campana que al correr con él hace la materia mucho ruido.”

“Es gente bien agestada y corpulenta y las mujeres hermosas y mucho más blancas que todas las naciones de indios que hay y se conocen en la Nueva España, no usan rayarse el rostro como las demás naciones, sólo usan el embije con que se pintan el cuerpo con varios colores y se lo quitan cuando quieren, con sólo lavarse. Córtanse el pelo alrededor como cerquillo hasta dejarlo a las orejas como frailes, de que hacen unos primos cabestrillos delgados con que se ciñen la cintura, adórnanse con gargantillas de caracolillos del mar entreverados de otras cuentas de conchas coloradas redondas que ellos labran, agujeran, que se asimilan algo al coral, y en las orejas las mujeres por arracadas se cuelgan pendientes dos conchas grandes enteras de nácar, y otras mayores azules en cada oreja, el que el continuo peso se las agobia y les crecen más que a otras naciones. Sus flechas y dardos son muy grandes y sus aljabas y arcos tan rollizos y largos, que sobrepujan más de media vara al cuerpo del hombre con ser tan corpulentos.”

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