Por Gérard Fontaine
gerardyves.fontaine@yahoo.fr

 

“Oh, ya sabe, la rentabilidad no es nuestra obsesión … Lo que nos importa es lo que es bueno; siempre habrá alguien para comprar …”

 

Miro con cierto asombro teñido de admiración a la joven pareja frente a mí; es ella la que acaba de presentar esta idea, opinión extraña en nuestro tiempo mezquino, y el, visiblemente, de acuerdo.

¿Ella? Cristina Romo, orfebre. ¿Él? Eduardo Herrera, arquitecto y orfebre. ¿Ellos? CREH – les dejo adivinar el significado de las siglas correspondientes de la empresa que recientemente han fundado (Fig. 1).Illustr. 1Fig. 1. Cristina Romo y Eduardo Herrera en la tienda del museo del Rancho Castillo. Abril de 2016. Foto: Gerard Fontaine.

Cristina toma un molde de porcelana en la mesa del taller – varias piezas que encajan entre sí, complicado:

“Para obtener un solo molde de este tipo, por ejemplo, hay que hacer 4 en promedio; una vez completado, no va a durar más allá de unas sesenta impresiones, y se romperá solo. Un administrador nos declararía locos, porque la fabricación de moldes de esta complejidad para un número limitado de copias no es muy razonable. Y luego, las mismas piezas son siempre trabajadas a mano … “

Muestra un gran jarrón ovoide de porcelana cubierto con peces de plata, espectacular, muy “Cristina Romo” (Fig. 2):

“Tenga en cuenta que las escamas de los peces de plata ¡se colocan una por una! De hecho, desde una base de porcelana proveniente de un molde determinado, no habrá dos piezas iguales. Es un reto, de un punto de vista económico… “

Se hace un bonito gesto para demostrar que en el fondo, no es su problema y concluye:

 “Lo que importante es terminar la pieza, es que ella se encuentre en exhibición en la tienda, que alguien venga y haga clic…”

Illustr. 2Fig. 2. Cristina Romo: Pesces, 2015. Foto: cortesía del artista.

Estamos en un lugar mágico que yo ni sospechaba que existía: a la salida de Taxco, Taxco el Viejo, el Rancho que fue el de Antonio Castillo.

Antonio Castillo era el mayor de los hermanos que hicieron la grandeza de Los Castillo, uno de los talleres más fructíferos del Taxco de los grandes años – que se remonta casi un siglo, a los años 1930-1940.

Y, desde mi llegada, voy de una sorpresa a otra.

La primera fue descubrir una gran y hermosa propiedad, un jardín encantado alrededor de un río, huertos y huertas que ya no vemos hoy, una residencia respirando la felicidad.

Sorpresa, una vez más: los grandes talleres, bien construidos, admirablemente mantenidos, en los cuales uno podría pasar horas observando a los sesenta orfebres trabajando. Así que, ¿después de tantos desastres, todavía hay un gran taller en Taxco?

Sorpresa, especialmente, cuando descubrí la tribu maestra de estos lugares. Emilia Castillo, en primer lugar, la famosa Mimi, “de regreso” de los EE.UU. después de la tragedia del 11 de septiembre; ella es tan discreta que unos pretendían que se había ido de México -, mientras que en realidad nunca se fue de lo que es, obviamente, su territorio, el enraizamiento donde encuentra su fuerza e inspiración. El platero Roberto Romo, con quien Emilia tiene dos hijas, Cristina y Alejandra; se encuentra allí, el también. Como Cristina me lo diría, Roberto es un motor importante para todos – “siempre empuja”, las cosas locas son su especialidad. Y todavía, está la joven pareja formada por Cristina Romo y Eduardo Herrera; son ellos a los que vine a entrevistar después de descubrir su nueva tienda del Bazar del Sábado de San Ángel. Una pareja muy moderna; Cristina tiene una formación de tipo comercial, Eduardo es un arquitecto; ella volvió casi por accidente en la platería de su familia, él descubrió  y se enamoró de la platería a través de Cristina. Muy rápidamente reconocido, el año pasado, el ganó el Gran Premio Nacional de la Plata Hugo Salinas.

Cuatro creadores, cuatro fuertes personalidades en un mismo territorio, cada uno con su propio trabajo y su taller. Salvo que se ayudan entre sí constantemente – o se reúnen para un pedido excepcional, especial, de los que oímos hablar solo en México. Déjeme decirle un ejemplo…

En la tienda del Rancho – que es también algo como un museo – Eduardo me muestra una pequeña “Virgen de Guadalupe” muy clásica, muy encantadora… “A pedido especial,” me dijo. Un día, hace no mucho tiempo, un fiel cliente busco a Roberto Romo; perdió a su esposa y le quería ofrecer post mortem, para el primer aniversario de su muerte, una estatua de la Lupita con su cara – “Era hermosa”, dijo con ternura Cristina, que dio forma a la cara de la Virgen desde una fotografía. Y el cliente especifica que el lugar donde quiere colocar la estatua implica un gran tamaño. ¿Qué tan grande? “Cuatro metros de altura” indica el cliente; y Roberto Romo, tal vez irónicamente, exclama: “Cuatro metros de altura ¿Por qué no seis metros?” – “Banco, dijo el cliente, de acuerdo: seis metros…”

Desafío técnico – en lo que concierna el presupuesto, no había problema por suerte, a pesar de los doscientos setenta kilos de plata que eran necesarios para la realización de la estatua colosal, sin contar las horas de trabajo.

Todos cooperan. De hecho, los miembros del equipo no estaban seguros de qué hacer, es algo que nunca habían hecho, no tienen ni idea… La estatua monumental, incluso en tiempos fabulosos, rara vez es confiada a orfebres … Benvenuto Cellini, tal vez[1]? Pero si su “Perseo” mide también, seis metros de altura total, el soporte, por sí solo, mide tres y está hecho modestamente de bronce…

[1] Benvenuto Cellini (1500 – 1570), orfebre y escultor florentino. La realización de su Perseo con la cabeza de Medusa, inaugurado en 1554, le tomo 9 anos.  Todavía orna la Loggia dei Lanzi en Florencia.

Eduardo arquitecto era probablemente el mejor preparado para hacer frente a este problema; se volvió enfermo pero, en última instancia, encontró la solución: se trataba de moldear la estatua directamente en el suelo, en un agujero formado bajo el ejemplo de moldes utilizados para el repujado y en el que fue lanzado el metal…. Los últimos cuatro días, nadie durmió. La fecha de entrega se acercó; dos días antes de la celebración, llego el camión enviado por el cliente. Nadie podía decir si la pieza se mantendría, por no haber tenido tiempo para pensar en este “detalle”… Milagrosamente (normal!), Madona cupo en el camión y llegó intacta.

Como dijo Cristina: los clientes mexicanos son “muy espléndidos”; con gusto añado que algunos de sus proveedores también son así.

¿El futuro? Digno de sí mismos, Cristina y Eduardo lo ven en la consolidación de la calidad. Además de reducir los costos de producción, sin duda, pero sobre todo sin bajar la exigencia creativa, sin hacer moldes más simples, sin poner menor calidad de plata, sin pagar menos al personal – están tan orgullosos de tener un buen equipo, bien tratados y bien remunerados-. De todos modos, lo que hace CREH son cosas caras: productos de calidad, fabricados en muy pequeñas cantidades. Así es y  no puede ser de otra manera. Sus principales ventajas son la atención al detalle, lo mexicano, lo hecho a mano, el dibujo…

En suma, el futuro para ellos es seguir meritando los comentarios muy favorables dejados por los visitantes a la tienda del Bazar, en resumen: “Qué bonito, no lo había visto antes!”

 

Este artículo fue publicado por primera vez en septiembre de 2016 en la Rêvista, la revista de México Accueil.

Traducción: Alexandra Esteve Santos

Illustr. 3Fig. 3. Eduardo Herrera: Plumaje de escamas, 2012. Plata labrada, perforada y soldada. Foto: cortesía del artista.

 

Traducción del francés al español por Alexandra Esteve Santos