SIGLO XVII

“PÁGINAS PARA LA HISTORIA DE SONORA. TRIUNFOS DE NUESTRA SANTA FE”

Por José N. Iturriaga

Fray-Andrés-Pérez-de-Ribas-gente-en-SinaloaEl jesuita Andrés Pérez de Ribas fue, antes que nada, un decidido misionero evangelizador, aunque haya sido también un acucioso historiador, un agudo antropólogo y un etnólogo notable. Nació en 1575 o 1576 en Córdoba, España, y murió en 1655, ya octogenario, en la ciudad de México.

En su Historia de Sonora (que en aquellos tiempos incluía a Sinaloa) hace esta mención acerca de los indios ahomes, por el rumbo de lo que hoy es Los Mochis:

“El natural de los ahomes es dócil, aprenden con facilidad cualquier oficio y sus hijos a leer, escribir y cantar y tocar instrumentos músicos. La mansedumbre y buen natural y fidelidad de esta nación (cosa maravillosa en medio de otras tan fieras de esta provincia) la podré declarar con un pensamiento que me pasó en no pocas y muy peligrosas ocasiones  […]”

Con varias décadas de misionero en el Noroeste a partir de 1612, Pérez de Ribas informa con conocimiento de causa:

“Fue costumbre loable, usada y guardada inviolablemente de los ahomes que a sus hijas doncellitas las guardaban con grande honestidad y ellas traían por señal de doncellas una conchita al cuello, como al principio se dijo, hasta el día de su casamiento con que le quitaban del cuello aquel joyel, cuando la entregaban a su esposo. Por lo cual, si en alguna nación había señales de verdaderos contratos de matrimonio, era en ésta”.

“El vestido de las mujeres, el más honesto de todas estas naciones; porque era de mantas de algodón que tejían y algunas con curiosas labores y colores.  De hechiceros y hechiceras muy poco se hallaba ellos. Sólo una costumbre, y ceremonia de llorar a sus muertos, era con grande exceso y casi intolerable. Porque en casa del difunto duraba el llanto un año, con grandes gemidos y más parecían aullidos de condenados.”

Entre los pueblos yaquis de Sonora, Pérez de Ribas hace esta descripción de sus atuendos y arreglos: “Los varones andaban desnudos, fuera de cual o cual principal,  que traía manta de pieles de venados, leones o tigres o de algodón que saben tejer y labran muy bien las indias. Aunque ellas con lo que se cubrían eran con yerbas, fuera de cual o cual mujer de algún principal que usaba la manta de algodón. Verdad es que las yerbas o cortezas de mimbres con sus hojas, con que ordinariamente todas se cubren hasta la rodilla, las entretejían con tan buena traza que venían a guardar con ellas más honestidad que otras naciones, que usaban pequeñas mantas de algodón o de pita. Pero ya después de su cristiandad cuidan mucho más de su vestido y tejen grandes mantas, por ser las mujeres yaquis grandes hilanderas. La barba y brazos se labraban al modo de las moras de Berbería y los ojos con alcóhol; las orejas adornaban con unos lazos de hilo de algodón azul, porque agujerándolas alrededor colgaban de ellas algunos dijecillos y aún los varones hacían lo mismo, colgando también de la ternilla de la nariz, que taladraban desde niños, unas pedrezuelas a modo de esmeraldas, que ellos estimaban mucho.”

Acerca de los indios nebomes, también de Sonora, informa fray Andrés:  “En el vestido era esta nación la más compuesta de todas las demás,  a que les ayudaba la mucha cantidad de los cueros de venado que sabían beneficiar y hacer muy buenas gamuzas, muy durables y que les sirven en particular de cubierta al modo de faldellines a las mujeres, tan largos que arrastran por el suelo; y era gala entre ellas que los extremos de las gamuzas arrastrasen por tierra. A que la gente moza también añadía otra gala de labores de almagre. El medio cuerpo arriba, también era ordinario traerlo cubierto con manta que tejían o de algodón o de otra planta como la pita. Y aunque en los varones no era tan ordinario el andar vestidos, todavía muchos se cubrían con dichas mantas, aunque al quitar con mucha facilidad, como se les antojaba, sin reparar en eso, como cosa tan usada.”

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