SIGLO XVII

MÉXICO EN 1623

Por José N. Iturriaga

Arias de Villalobos (1568-?), extremeño, fue presbítero, poeta y autor de comedias. Vino  a Nueva España hacia 1589. En su obra que tituló México en 1623, incluye esta minuciosa descripción de la vestimenta y profuso ornato  de diversos personajes que asistieron a la “jura”, juramento de fidelidad al nuevo rey de España Felipe IV “de Austria”, celebrado en la ciudad de México. Aunque no habla tanto del arte popular mexicano, pues trátase sobre todo de atavíos venidos de ultramar, cabe este párrafo para ubicar el contexto artístico en medio del cual se debió desarrollar el arte de nuestro pueblo:

“Amaneció este día de la sacratísima Virgen, como suyo, dando su manto de sol, sazonado temple y alegre principio a la ceremonia real que se esperaba; y a las dos horas de la tarde, se congregaron en sus casas de Ayuntamiento, la Justicia y Regimiento de la Ciudad, aderezados todos de galas, de diferentes telas, bordados, broches, joyas de gran valor, cabrestillos de piedras y de esmaltes, espadas doradas, botas blancas, martinetes y plumeros de pájaros malucos. Todos en caballos bridones, con sillas y aderezos bordados de oro, seda y plata, con costosas libreas de lacayos y pajes, y acompañados de la nobleza de caballeros de su ciudad, que hicieron costosa demostración de los trajes de sus personas y criados se encaminaron a las casas del Alférez, llevando delante sí a su maceros, con sayos y ropas de damasco carmesí castellano, forradas en brocatel, gorras del terciopelo mismo, con botas blancas; y a la brida, sillas bordadas de oro y negro y plata; abriendo calle veinticuatro trompetas y atabales,  vestidos de sayetes y sombreros gironados de tafetán colorado, amarillo y blanco, en caballos cubiertos de lo mismo. Y haciendo música confusa y regocijada, atravesaron la plaza y calle arzobispal, que, a toda costa de tapicerías de terciopelos y sedas, estaba cuidadosamente aderezada; y llegados así a la casa y calle del Alférez (muy para mirar de alto a abajo de colgaduras riquísimas de oro y seda), antes que la ciudad ni acompañamiento se apeasen, salió en un caballo blanco, tal cual lo pedía la ocasión; cubierto todo de espolín  rosado, de oro y plata, con muchas borlas, que llegaban a besar el suelo; y, sobre ello, silla de terciopelo bordada, curiosa y ricamente de dichos metales, con los demás aderezos; visera de acero y plata, con un muy lindo penacho de plumería, por testera; vestido el caballero de calza rosada, largueada de peinecillo de oro y plata, con entretelas de espolín; medio cuerpo armado de coselete de arnés entero, dorado y grabado; toneletes del espolín ya dicho, sombrero de cintillo y broches de diamantes y plumas de gran valor; bota blanca, espuela y espada dorada en aderezos bordados de oro; bastoncillo dorado en mano, y diez lacayos y pajes que en cuerpo le cercaban, con librea de terciopelo liso prensado; valonés y ropillas guarnecidas de pestañas de raso rosado y trencilla de plata; jubones de espolín rosado y plata; sombreros negros con la guarnición misma; mucha plumería en ellos; espadas y dagas plateadas; y torcidas por los hombros, cadenas de oro de cuantioso peso. A sus espaldas, iban dos pajes en dos caballos iguales, blancos, cubiertos de tela de diversos colores, en sillas de armas, vestidos con calzas blancas, pasamaneadas de plata y oro; de la cintura a arriba, armados de coseletes trenzados, grabados y dorados, con morriones de penachos de vistosa plumería; llevando las escarcelas y mandiletes, el uno y el otro, y el yelmo del Alférez, con un soberbio plumero en bastoncillos dorados. Y cogiéndole el Corregidor a su lado derecho, volvieron por el orden que fueron todos a las Casas de Consistorio; de cuyo aderezo trataré antes que de ellas se saque el pendón real, por la curiosidad que en todo pusieron los diligentísimos y prevenidos comisarios de esta jura.”

MEXICO_1623 

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