SIGLO XVI

MÉXICO EN 1554. TRES DIÁLOGOS LATINOS

Por José N. Iturriaga

mexico-en-1554-francisco-cervantes-salazar-1939-3573-MLM4456424850_062013-FTípico sacerdote del Renacimiento, lleno de títulos académicos, estudioso de los clásicos griegos y romanos, cortesano y burócrata eclesiástico de altos vuelos, maestro y rector universitario, Francisco Cervantes de Salazar nació en Toledo, España, entre 1513 y 1518 y murió en la ciudad de México en 1575.

En uno de los diálogos ideados por Cervantes, Zuazo le dice a Alfaro:

“Desde esta calle que, como ves, atraviesa la de Tacuba, ocupan ambas aceras, hasta la plaza, toda clase de artesanos y menestrales, como son carpinteros, herreros, cerrajeros, zapateros, tejedores, barberos, panaderos, pintores, cinceladores, sastres, borceguineros, armeros, veleros, ballesteros, espaderos, bizcocheros, pulperos, torneros, etcétera; sin que sea admitido hombre alguno de otra condición u oficio”. Tal era México en 1554.

En otro momento, Alfaro pregunta a Zamora: “¿Qué vestidos son esos tan blancos, y con labores de diversos colores?”

Zamora: “Enaguas y huipiles, ropas de las indias, y mantas que los hombres usan por capas. La mayor parte son de algodón, porque las más ordinarias se hacen de henequen, o hilo de maguey.”

El propio Zamora abunda en los múltiples usos del maguey, entre ellos algunos artesanales:

“De las hojas verdes, machacadas y deshebradas en el agua sobre unas piedras, se hace una especie de cáñamo, y de él, hilo con el cual se tejen telas que suplen por las de lino, y se tuercen también cuerdas gruesas y delgadas. La espina, tan dura como si fuera de hierro, en que remata cada hoja hace oficio de aguja. Las hojas sirven de tejas para techar casas; las más inmediatas a la tierra son blancas y tiernas y los indios las aderezan de tal modo que resultan gratísimas al paladar. Estando secas, son leña que da un fuego manso y sin humo; dícese que las cenizas son excelentes para varios usos. Arrancado el tallo del centro, se coloca en los techos en vez de vigas; en el hueco que deja, cercado de hojas, se deposita un licor de que primero se hace miel, luego vino, y por último vinagre. De la miel cocida se hace azúcar, y en fin, otras muchas cosas que por ser tantas no pueden retenerse en la memoria, y que ni Plinio ni Aristóteles pensaron ni menos escribieron, con haber sido tan diligentes escudriñadores de la naturaleza.”

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