SIGLO XVI

HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA

Por José N. Iturriaga

Supuesto_retrato_de_Bernal_Díaz_Del_Castillo_por_Genaro_García_basado_en_el_retrato_del_rey_francés_Enrique_IV_1904.jpegBernal Díaz del Castillo (1492?-1580?), conquistador español, puede considerarse el decano de la Conquista de México, pues intervino en las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba en 1517, de Juan de Grijalva en 1518 y, por supuesto, en la de Hernán Cortés en 1519; mucho se ufana Bernal de esa triple participación suya. Fue soldado, caballero (textualmente) y capitán.

La más importante fuente directa acerca de la hazaña bélica de Cortés (hazaña, aunque lograda a sangre y fuego y con innumerables y atroces crueldades) es la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo. En ella describe los atavíos fastuosos de Moctezuma, cuando recibió a Cortés y a su ejército, por el rumbo de Iztapalapa:

“Ya que llegábamos cerca de México, adonde estaban otras torrecillas, se apeó el gran Montezuma de las andas, y traíanle de brazo aquellos grandes caciques debajo de un palio muy riquísimo a maravilla, y el color de plumas verdes con grandes labores de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchiuis, que colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho que mirar en ello. Y el gran Montezuma venía muy ricamente ataviado, según su usanza, y traía calzados unos como cotaras, que así se dice lo que se calzan; las suelas de oro y muy preciada pedrería por encima en ellas; y los cuatro señores que le traían de brazo venían con rica manera de vestidos a su usanza […] Tenía aparejado un muy rico collar de oro de hechura de camarones, obra muy maravillosa, y el mismo Montezuma se lo echó al cuello a nuestro capitán Cortés, que tuvieron bien que mirar sus capitanes del gran favor que le dio.”

Primera_página_de_Historia_Verdadera_de_la_Conquista_de_la_Nueva_España,_de_Bernal_Díaz_del_Castillo_(acervo_CEHM)También informa el soldado cronista acerca de los artesanos que tenía el emperador azteca: “Pasemos adelante y digamos de los grandes oficiales que [Moctezuma] tenía de cada oficio que entre ellos se usaban. Comencemos por lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra España los grandes plateros tienen que mirar en ello, y de éstos tenía tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco [Atzcapotzalco], una legua de México. Pues labrar piedras finas y chalchiuis, que son como esmeraldas, otros muchos grandes maestros. Vamos adelante a los grandes oficiales de labrar y asentar de pluma, y pintores y entalladores muy sublimados, que por lo que ahora hemos visto la obra que hacen, tendremos consideración en lo que entonces labraban: que tres indios hay ahora en la ciudad de México tan primisimos en su oficio de entalladores y pintores, que si fueran en el tiempo de aquel antiguo o afamado Apeles, o de Micael Angel, o Berruguete, que son de nuestros tiempos, también les pusieran en el número de ellos. Pasemos adelante y vamos a las indias tejedoras o labranderas, que le hacían tanta multitud de ropa fina con muy grandes labores de plumas. De donde más cotidianamente le traían era de unos pueblos y provincia que están en la costa del norte de cabe la Veracruz, que se decían Cotastan, muy cerca de San Juan de Ulúa, donde desembarcamos cuando vinimos con Cortés. Y en su casa del mismo gran Montezuma todas las hijas de señores que él tenía por amigas siempre tejían, cosas muy primas, y otras muchas hijas de vecinos mexicanos, que estaban como a manera de recogimiento, que querían parecer monjas, también tejían, y todo de pluma […]”

“Pasemos adelante y digamos de los oficiales que tenía de canteros y albañiles, carpinteros, que todos entendían en las obras de sus casas; también digo que tenía tantas cuantas quería […]”

“Y porque ya estoy harto de escribir sobre esta materia y más lo estarán los curiosos lectores, lo dejaré de decir.”

Cuando Bernal acompañó a Cortés a visitar el mercado de Tlatelolco, sus ojos se pasmaron y entre todo lo que vio, estaban estas muestras del arte popular del pueblo mexica: “Desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían. Y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaban por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas y plumas y mantas y cosas labradas […] Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta y algodón y cosas de hilo torcido […]”

“Y los que vendían mantas de henequén y sogas y cotaras, que son los zapatos que calzan y hacen del mismo árbol, y raíces muy dulces cocidas, y otras robusterías que sacan del mismo árbol, todo estaba en una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras alimañas, tejones y gatos monteses, de ellos adobados, y otros sin adobar, estaban en otra parte, y otros géneros de cosas y mercaderías […]”

“Pues todo género de loza, hecha de mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por sí aparte […] y vendían hachas de latón y cobre y estaño, y jícaras, y unos jarros muy pintados, de madera hechos.”

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