SIGLO XVI

LA VIDA COTIDIANA DE LOS AZTECAS EN VÍSPERAS DE LA CONQUISTA

Por José N. Iturriaga

imagesJacques Soustelle (1912-1990), miembro de la Academia Francesa y americanista notable, etnólogo y doctor en letras, vino a México por primera vez en 1932 y desde entonces dedicó su vida a la investigación de las culturas prehispánicas. En su libro La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la Conquista tiene un apartado que se refiere a los artesanos y de allí provienen estos párrafos:

“A medida que nos alejamos de la parte más alta de la sociedad, los informes se vuelven más raros. Ni los historiadores indígenas ni los cronistas españoles tienen interés en describirnos la vida de las clases más humildes.”

“Los artesanos, situados en un grado inferior al de los pochteca y en cierto sentido ligados a ellos, formaban una clase numerosa, con sus barrios particulares y sus instituciones propias. No sabemos gran cosa de las corporaciones útiles pero oscuras de las cuales hay a veces menciones, al paso y sin detalles, tales como las de canteros y salineros. Sólo han llamado la atención las corporaciones brillantes consagradas a las artes ‘menores’ de la orfebrería, joyería y al mosaico de plumas. Estos artesanos del lujo eran conocidos por el nombre de toltecas, debido a que el origen de sus métodos y técnicas se asignaba tradicionalmente a la antigua civilización tolteca, la del rey Quetzalcóatl y de la ciudad maravillosa de Tula […]”

“El conjunto de esas técnicas se designaba con la palabra toltecayotl, ‘perteneciente a los toltecas’. Tales eran los títulos de nobleza de estos artesanos. Por lo demás, no todo era legendario en esas referencias a un pasado ilustre; la tribu azteca errante que acabó por establecerse en los pantanos en 1325 debió carecer de artesanos del lujo. Los que se agregaron a ella aparecen como los herederos del arte antiguo que, después de la caída de Tula, había sobrevivido en las pequeñas aldeas del lago como Colhuacán o Xochimilco cuyos habitantes, nos dice Ixtlixóchitl, conservaban las costumbres, la lengua y la habilidad de los toltecas. Los lapidarios, por ejemplo, pasaban por ser descendientes de los habitantes de Xochimilco.”

“Alrededor de esos artesanos flota algo así como un perfume de exotismo. Para los demás mexicanos, todos miembros de una tribu muy heterogénea, aquellos eran de origen diferente, lejano, un poco misterioso. Los tejedores de pluma, que fabricaban los admirables y delicados mosaicos de plumas, los adornos que se llevaban en la cabeza, los penachos y las insignias de los poderosos, se dice que fueron los primeros habitantes del país […]”

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“En cuanto a los orfebres […] también aparecían como rodeados de un aire extranjero. Es curioso que, aunque se les llamaba toltecas, sus costumbres los conectan más bien a otros pueblos, todavía mucho más lejanos y más exóticos a los ojos de los aztecas […]”

“Si se recuerda que la orfebrería se introdujo en el centro de México en una época reciente, y que algunos de los ejemplares más admirables de este arte se han encontrado en tierras mixtecas, ello conduce a pensar que los orfebres, con su dios venido de la costa, vestido con una manta de oro, llevaban consigo una influencia meridional fundamentalmente extraña a la cultura azteca primitiva […]”

“Con sus herramientas simples, su gusto delicado y su paciencia infinita, estos artesanos llegaban a realizar verdaderas obras maestras. Alberto Durero, que tuvo oportunidad de ver en Bélgica, en 1520, algunos regalos que Moctezuma hizo a Cortés y que éste envió a Carlos V, escribió: ‘Estos objetos son tan preciosos que su valor se ha estimado en cien mil florines. En mi vida he visto cosas que alegren tanto el corazón, porque en ellos he encontrado un arte admirable y me he quedado sorprendido del genio sutil que tienen las gentes de esos países extranjeros’. Es necesario representarse a esos artesanos, los unos, trabajando por cuenta del soberano, en el palacio, otros en sus casas, recibiendo las piedras, las plumas o el metal de manos de los dignatarios o de los comerciantes y dando forma con ellos a joyas o adornos. Cada taller era una familia: las mujeres de los tejedores de plumas, por ejemplo, tejían, bordaban, fabricaban los cobertores de piel de conejo o se dedicaban a teñir las plumas. Los hijos aprendían el oficio trabajando junto a sus padres.”

“La condición social de estos toltecas, aunque modesta, pues no pretendían alcanzar poder ni riqueza, no carecía de una cierta consideración. Los dignatarios jóvenes no desdeñaban, ‘para su ejercicio y recreación, de aprender algunas artes y oficios, como era pintar, entallar en madera, piedra u oro, y labrar piedras ricas’. Parece que el artista recibía remuneraciones muy considerables […]”

“Es probable que en escalas diversas los artesanos recibieran cuantiosos emolumentos. Pagaban el impuesto, pero como los negociantes, estaban exentos del servicio personal y de las labores agrícolas. Finalmente, sus corporaciones disfrutaban de lo que hoy llamaríamos ‘personalidad civil’; sus jefes los representaban ante el poder central y ante la justicia.”

“Tenemos pues, aquí todavía a unos privilegiados, colocados por encima de la masa de los ‘plebeyos’. Pero lo que los distingue de los comerciantes es que entre ellos no se observa esta tendencia más o menos combatida de ascender en la jerarquía social. No hay pruebas de que existiera la tensión que reinaba entre la clase dirigente y la de los pochteca, ni los hábitos de disimulación de estos últimos. El artesano nada tiene que ocultar, ni tiene que excusar una importancia que no busca. Tiene, en esa sociedad compleja, el lugar que le conviene y en el cual decide permanecer […]”

Mural de Diego Rivera

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