Por Gabriela Andrade Gorab

Con más de una variedad de 300 dulces tradicionales envueltos con un estilo Porfirino los ates, laminillas, rollos de guayaba, cocadas, jamoncillos de leche, pasta de almendra, nuez de macadamia...

Con más de una variedad de 300 dulces tradicionales envueltos con un estilo Porfirino los ates, laminillas, rollos de guayaba, cocadas, jamoncillos de leche, pasta de almendra, nuez de macadamia…

Con la misión de conservar la historia de México, sus tradiciones y sobre todo sus sabores se creó El Museo del Dulce de La Calle Real. La museografía de este Museo está dividida en 4 etapas: la Primera manifiesta el inicio de la elaboración de los dulces de los conventos y monasterios de la zona; la Segunda, enseña la producción artesanal en tradicionales casonas de cantera donde más adelante la actividad se tomó como base de la economía; la Tercera enseña la comercialización en los primeras dulcerías de la ciudad: y por último, la Cuarta etapa ilustra la aplicación de las fábricas de dulces como industria en general.

La historia tiene sus inicios en el año 1840 cuando el campanero de la catedral de Morelia, Michoacán Don Marcial Martínez empezó a elaborar ates.

La historia tiene sus inicios en el año 1840 cuando el campanero de la catedral de Morelia, Michoacán Don Marcial Martínez empezó a elaborar ates.

La historia tiene sus inicios en el año 1840 cuando el campanero de la catedral de Morelia, Michoacán Don Marcial Martínez empezó a elaborar ates, que ponía a que les diera en el sol en las bóvedas de la catedral, los ates se volvieron tan populares y con gran demanda al grado de crear su propia tienda de dulces sobre la Calle Real justo en frente a la catedral.

A la tienda se le llamó “El Paraíso” y fue impulsada más que nada por el hijo de Don Marcial, Don Ignacio Martínez, quien supo muy bien como explotarla y exportar los dulces a ferias internacionales como en Paris en los años de 1889 y 1900. A lo largo de tres generaciones la empresa se ha mantenido en pie hasta dar el primer gran giro en la década de 1930 cuando el entonces propietario Luis Torres Villicaña posicionara los tradicionales cueritos o laminillas de frutas inventados por su madre Doña Lolita Villicaña.  A comienzos del nuevo siglo, con los enfrentamientos y la vanguardia que trajo la globalización la empresa volvió a dar un giro, pero esta vez un cambio de imagen “Dulces Morelianos de La Calle Real”.

Con más de una variedad de 300 dulces tradicionales envueltos con un estilo Porfirino los ates, laminillas, rollos de guayaba, cocadas, jamoncillos de leche, pasta de almendra, nuez de macadamia, alfajores, huevos reales, borrachitos, cajeta, arrayán, paletas, camote, chocolate de metate y muchos más, son de los más cotizados de la tienda.

Todas y cada una de las personas que trabajan para el museo y la tienda, están vestidos con ropa de la época Porfirina.

Todas y cada una de las personas que trabajan para el museo y la tienda, están vestidos con ropa de la época Porfirina.

Todas y cada una de las personas que trabajan para el museo y la tienda, están vestidos con ropa de la época Porfirina y junto con ellos, el visitante puede vestirse con los trajes tradicionales de principios el siglo XX y tomarse una fotografía estilo vintage.

El recinto también cuenta con una cafetería que ofrece el chocolate casero y la típica Nieve de Pasta de Pátzcuaro adornada de fotos antiguas de Morelia.

La tradición dulcera de este lugar se ha manifestado y preservado desde el antiguo México Independiente, el Porfiriato, la influencia francesa y hasta el Bicentenario en el que hoy vivmos manteniendo múltiples recetas ricas de sabores y texturas.

Tienda Museo en el Centro Histórico, Av. Acueducto y Plaza Fiesta Camelinas, así como en Sanborns Portal Galeana y las tiendas Happy Go del Hotel Alameda y de las salidas a Salamanca y Pátzcuaro.

Los ducles también se venden a través de las tiendas Sanborns de todo el país.

Fotografías: Gabriela Andrade Gorab