Por José N. Iturriaga

Judas de cartonería en la Sala "El Arte Popular y lo Sagrado", Museo de Arte Popular

Judas de cartonería en la Sala “El Arte Popular y lo Sagrado”, Museo de Arte Popular

Es tradicional dentro del ciclo calendárico de la muerte de Jesús, la quema de Judas y la venta de matracas en el Sábado de Gloria. Al parecer, el sonoro juguete es una remembranza del sonido de los huesos rotos de Dimas y de Gestas, ladrones crucificados con Jesús. Por su parte, el pirotécnico Iscariote es típicamente mexicano, desarrollado en la Colonia, quizá con antecedentes en los gremios de carpinteros peninsulares, que en ciertas fiestas hacían efigies de madera que quemaban con pólvora. Asimismo español y medieval sería otro posible origen de los Judas: un muñeco que recibía diversos nombres, entre ellos Don Carnal, que era paseado por las calles con música, luego enjuiciado y sentenciado a morir en la hoguera.

Los Judas mexicanos a veces tenían imágenes que parodiaban al Santo Oficio y al paso del tiempo fueron representando personajes populares malos y también buenos, desde el diablo rojo hasta Cantinflas, pasando por políticos y artistas. Hasta hace pocas décadas, a los Judas se les amarraban regalos para el pueblo, que caían con la explosión de la cartonería: chorizos, dulces, pan y hasta tripas con aguardiente. Por su frecuente carácter de opositores políticos y por el peligro de la pólvora, los Judas han sufrido periódicamente prohibiciones gubernamentales y hoy tienden a desaparecer.