Por Cristina Fernández Cortina (@Crisfdzc)
Marzo, 2014

Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica fueron los emperadores que gobernaron México entre 1864 y 1867; periodo breve y agitado por los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Para los Emperadores europeos fue imposible lograr un equilibro entre sus ideales liberales y los intereses de los conservadores (quienes los habían llamado a gobernar el país). Todas sus buenas intenciones por salvar al país del caos fueron en vano, ya que su trono estaba erguido sobre las tambaleantes bayonetas francesas: La privación militar de Napoleón III a Maximiliano fue lo que marcó el fin del segundo imperio mexicano; y el fusilamiento del monarca por parte de los liberales, un mensaje para Europa y herramienta clave para la consolidación de la soberanía mexicana.

Pocos personajes en la historia de México, a pesar de su riqueza y complejidad, han causado tanta curiosidad, interés, fascinación y misterio como Maximiliano y Carlota. Existen un sinfín de libros, novelas, cuentos, cartas y textos inspirados en estos dos aventureros que arriesgaron todo lo que tenían, y decidieron lanzarse a un país del que poco conocían, para gobernar al pueblo mexicano. Aquí te contaremos un poco de su estancia en México.

Foto de los jóvenes archiduques Maximiliano y Carlota.

Foto de los jóvenes archiduques Maximiliano y Carlota.

Maximiliano

Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, nacido el 6 de julio de 1832, fue el segundo hijo del archiduque Francisco Carlos y de su esposa Sofía de Baviera. Aunque fue educado para gobernar, al no ser el primogénito, sus posibilidades eran mínimas. Sin embargo, su elegancia y finura, aunadas a su espectacular aspecto físico (esbelto, alto, con ojos azul profundo y un cabello rubio rojizo), trazaron su destino durante un viaje que hizo en 1856 en búsqueda de novia. Las negociaciones de matrimonio habían comenzado.[1]

Retrato de Maximiliano I de México, del autor Franz Xave Winterhalter. (1864). Ubicado en el Castillo de Chapultepec.

Retrato de Maximiliano I de México, del autor Franz Xave Winterhalter. (1864). Ubicado en el Castillo de Chapultepec.

Carlota

“Carlota de Bélgica” del pintor Franz Xaver Winterhalter, (1964).

“Carlota de Bélgica” del pintor Franz Xaver Winterhalter, (1964).

María Carlota Amalia Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo y Gotha fue la tercera hija y única mujer del Rey Leopoldo I de Sajonia-Coburgo-Gotha, soberano del recién fundado reino de Bélgica, y de la Princesa María Luisa de Francia.[2] Nació el 07 de junio de 1840 en Laeken, cerca de Bruselas, Bélgica.

De su madre heredó el gusto por la lectura, por las cuestiones sociales y políticas, y el interés por lograr el desarrollo y la erradicación de la pobreza. Al ser la consentida de su padre, fue instruida al igual que sus dos hermanos varones, en artes políticas, diplomacia, idiomas (alemán, francés, italiano, español), geografía, filosofía, música, literatura, etc. Al cumplir los dieciséis años, su padre la nombró “la princesa más bella de Europa”. Esto atrajo la atención de varios príncipes de la región, pero su corazón ya estaba ocupado. Carlota se encontraba enamorada de Maximiliano de Habsburgo, hermano de Francisco José, el emperador de Austria.[3]

El 27 de julio de 1857 en Bruselas, Bélgica, Carlota contrajo matrimonio con el Archiduque austriaco, Maximiliano de Habsburgo. Después de la boda, la pareja pasó varios años felices en Italia, en el Reino lombardoveneciano [4]. Aunque en esa época Lombardía y Venecia estaban bajo el dominio del Imperio Austríaco, la pareja no tuvo verdadero poder. Maximiliano y Carlota estaban impacientes por obtener algo más emocionante.

Pintura de Cesare Dell'Acqua. “La llegada de la emperatriz Elisabeth en Miramar” (1865). Ubicada en el Museo Histórico del Castillo de Miramar, Italia.

Pintura de Cesare Dell’Acqua. “La llegada de la emperatriz Elisabeth en Miramar” (1865). Ubicada en el Museo Histórico del Castillo de Miramar, Italia.

México Antes Del Segundo Imperio

“Antonio López de Santa Anna” del pintor Carlos Paris. Ubicado en el Museo de la Ciudad de México.

“Antonio López de Santa Anna” del pintor Carlos Paris. Ubicado en el Museo de la Ciudad de México.

Después ser derrotado por Estados Unidos en la guerra por los territorios de Texas, México se hundió en una terrible situación de anarquía y se vio obligado a volver a acudir a Santa Anna, quien regresó al país, en febrero de 1852, con poderes ilimitados dentro de un gobierno absolutista.[5] Al poco tiempo, Santa Anna se dio cuenta de que su impopularidad crecía a causa de la venta del territorio de Arizona, y que además, existían varios personajes dispuestos a reemplazarlo.[6]

Los planes de Santa Anna no funcionaron como él hubiera querido, ya que en 1855 fue derrocado y sustituido por el general Ignacio Comonfort, quien no pudo lograr la unión entre liberales y conservadores. Tras su caída surgieron dos gobiernos en México:

  • Los liberales: apoyados por Estados Unidos, hicieron llegar al poder al indio oaxaqueño y presidente de la Suprema Corte de Justicia, Don Benito Juárez,  quien se estableció en Veracruz.
  • 26avo Presidente de México. Benito Pablo Juárez García.

    26avo Presidente de México. Benito Pablo Juárez García.

    Los conservadores: desde la capital hicieron presidente a Félix María Zuloaga, y después, al General Miguel Miramón, quien cayó al poco tiempo por problemas económicos.[7]

Con el camino libre, Juárez entró a la capital a principios de 1861, y decidido, realizó diversos cambios: expropió los bienes de la Iglesia, suprimió los privilegios del clero, permitió la profesión de todas las religiones por igual y expulsó del país a todas las personas que hubieran apoyado al partido opositor. Cuando Inglaterra, Francia y España reclamaron los pagos por los daños sufridos por sus súbditos a causa de la situación anárquica, Juárez declaró una moratoria de dos años al pago de la deuda. Las tres potencias europeas, al ver afectados sus intereses, decidieron intervenir militarmente al país. Sin embargo, cuando España e Inglaterra se dieron cuenta de los planes colonialistas de los franceses en 1862, rompieron su alianza y no siguieron adelante.

Los franceses llegaron a México por Veracruz y avanzaron hasta el centro del país. A pesar de sufrir una derrota en Puebla, el 5 de mayo de 1862, tomaron la Ciudad de México en junio del siguiente año. Con la victoria francesa, se comenzaron a debatir en Paris los posibles candidatos al trono vacante de México. Maximiliano de Habsburgo fue considerado como el candidato perfecto por varias razones: además de joven, era idealista, liberal, desocupado y hermano del Emperador de Austria, con quien Francia deseaba mejorar sus relaciones.[8]

Pintura de Cesare-Dell’Acqua. “La Delegación de México nombra a Fernando Maximiliano de Austria como emperador de México” (1864). Ubicado en el Museo Histórico del Castillo de Miramar, Italia.

Pintura de Cesare-Dell’Acqua. “La Delegación de México nombra a Fernando Maximiliano de Austria como emperador de México” (1864). Ubicado en el Museo Histórico del Castillo de Miramar, Italia.

Maximiliano se mostró entusiasmado ante la posibilidad de tomar el poder del gobierno mexicano. Después de casi tres años de negociaciones y búsqueda de apoyos, los términos culminaron con Los Tratados de Miramar. Antes de partir, Maximiliano fue obligado por la Casa imperial de Austria a firmar el “Pacto de Familia”, en donde renunciaba a todos sus derechos de sucesión en Europa, tanto para él como para su descendencia. Asimismo fue orillado a renunciar a sus privilegios de Archiduque en el caso de que el proyecto mexicano fracasara.[9] El 10 de abril de 1864 Maximiliano aceptó la Corona de México de manos de la comisión mexicana conservadora[10]. Su destino como Emperador de México estaba trazado, y en un futuro no tan lejano, su eminente muerte.

Mapa antiguo de México.

Mapa antiguo de México.

Llegada a México (1964)

A pesar de que en Veracruz tuvieron un recibimiento frío y seco, en la Ciudad de México fueron recibidos con júbilos y exclamaciones, los cuales fueron creciendo a medida que los emperadores visitaban lugares cercanos a la ciudad.

La pareja eligió el Castillo de Chapultepec para vivir, y el Palacio Nacional para despachar y trabajar. Maximiliano mandó hacer una amplia y ostentosa avenida para conectar ambos palacios: Paseo de la Reforma. Los emperadores estaban felices, México les parecía un país encantador, con clima perfecto, y donde hacían falta muchas cosas por llevar a cabo. Incluso se referían al pueblo mexicano como “dócil y bueno por naturaleza”[11]. Carlota escribió a su abuela Maria Amelia en alguna ocasión: “Soy completamente feliz aquí; y Max también. La actividad nos sienta bien: éramos demasiado jóvenes para no hacer nada“.

 Maximiliano_Carlota (9)

El intento fallido de acercarse a Juárez

Bandera Nacional mexicana en tiempos del Imperio de Maximiliano y Carlota.

Bandera Nacional mexicana en tiempos del Imperio de Maximiliano y Carlota.

Maximiliano, al tener ideas liberales, empezó a sondear la posibilidad de lograr un acuerdo con su hermano masón, Benito Juárez. En su intento, envió varias notas en las que se reflejaba su actitud humana y respetuosa hacia el líder indígena mexicano.

Estando convencido de que las diferencias políticas entre ambos podrían ser eliminadas, Maximiliano contactó con más formalidad a Juárez por medio de una carta, a la que éste contestó declinando cualquier tipo de interés, y demostrando así su inflexible carácter. Maximiliano soñó con la idea de convocar a un Congreso Nacional que eligiera a un gobierno estable, pues creía que eso le daría una justificación moral para abdicar.[12] A diferencia de Maximiliano, Carlota nunca trató de acercarse ni de entender al presidente Juárez, ya que sentía hacia él una enorme repugnancia.[13]

Moneda de un peso mexicano en tiempos del imperio de Maximiliano y Carlota. Por un lado se ve el perfil del Emperador, y por el otro la imagen la Virgen de Guadalupe.

Moneda de un peso mexicano en tiempos del imperio de Maximiliano y Carlota. Por un lado se ve el perfil del Emperador, y por el otro la imagen la Virgen de Guadalupe.

Carlota en México

Pintura de Hermann Fidel Winterhalter. “En alegoría de la vergüenza: La princesa Carlota de Bélgica”. Colección Real de Bruselas.

Pintura de Hermann Fidel Winterhalter. “En alegoría de la vergüenza: La princesa Carlota de Bélgica”. Colección Real de Bruselas.

Uno de los miembros de la Comisión mexicana, el señor Ignacio Aguilar y Marocho, hizo un retrato hablado de la emperatriz: “La archiduquesa es una de esas personas que no pueden describirse, cuya gracia y simpatía, es decir, cuya parte moral no es dable al pintor trasladar al lienzo, ni al fotógrafo al papel. Figúrate una joven alta, esbelta, llena de salud y de vida y que respira contento y bienestar, elegantísima, pero muy sencillamente vestida: frente pura y despejada; ojos alegres, rasgados y vivos, como los de las mexicanas; boca pequeña y graciosa, labios frescos y encarnados, dentadura blanca y menuda, pecho levantado, cuerpo airoso y en que compiten la soltura y majestad de los movimientos; fisonomía inteligente y espiritual, semblante apacible, bondadoso y risueño, y en que sin embargo, hay algo de grave, decoroso y que infunde respeto: figúrate esto y mucho más que esto, y se tendrá una idea de la princesa Carlota“[14].

Las acciones de Carlota como soberana aunadas a sus cualidades políticas mostraron su decisión, voluntad y disciplina. Cuando Maximiliano viajaba, Carlota fungía como regente de la Ciudad. De hecho, existen varias pruebas de los diversos proyectos que la emperatriz se propuso llevar a cabo en México:

  • Mostró una profunda preocupación por la educación: fundó escuelas y academias y decretó la ley de instrucción pública en la cual se garantizaba la educación primaria, obligatoria y gratuita. Comenzó los planes para fundar el “Colegio Carlota”, el cual hubiera sido para formar de manera muy completa, a jóvenes de clases altas entre 8 y 18 años de edad.[15]
  • Foto de la princesa Carlota de Bélgica, y más tarde, Emperatriz de México. (1860s).

    Foto de la princesa Carlota de Bélgica, y más tarde, Emperatriz de México. (1860s).

    Se preocupó por mejorar los transportes y comunicaciones, ejemplos de esto fueron: la línea ferroviaria que se construiría entre México y Veracruz, la ampliación de las líneas de telégrafo y la implementación del timbre postal.

  • Retomó, con su esposo, el proyecto del monumento a los Héroes de la Independencia que Santa Anna había dejado inconcluso y encargó a Ramón Rodríguez Arangoity la remodelación integral del Zócalo[16].
  • Fundó un conservatorio de música y una academia de pintura.
  • Gastó enormes cantidades en obras de caridad. Abrió guarderías, asilos y casas de cuna.
  • Expulsó a los ladrones de alrededor de la ciudad.
  • En el conflicto entre el segundo imperio y la iglesia católica, Carlota jugó un papel muy importante: ferviente católica, pero escéptica del clero mexicano, negoció sin ceder haciendo que se rompiera definitivamente la relación entre el Estado y la Iglesia.

 

Amor por el pasado prehispánico

Carlota manifestó mucho interés por el pasado prehispánico. Después de varios viajes a las ruinas de las antiguas civilizaciones, la emperatriz fundó el Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia, en 1865. Además, guiada por la admiración que sentía hacia los indígenas, fundó el “Proyecto Indígena”, la “Junta Protectora de la Clases Menesterosas” y decretó la personalidad jurídica de los pueblos y terrenos de comunidad. Asimismo, prohibió los castigos corporales, el trabajo de menores de 12 años y limitó la jornada laboral.

Uno de los éxitos políticos más importantes de Carlota, fue el célebre viaje a Yucatán que hizo en 1865 para legalizar la prohibición formal de exportaciones de antigüedades de las ruinas mayas, consideradas patrimonio nacional por los emperadores. En el mismo sentido, Maximiliano estableció las bases para una posible autonomía de la península, la cual, para su juicio, no se parecía en lo absoluto a las demás regiones del país.[17]

“Visita de la embajada de los indios kickapoos al emperador Maximiliano” por el pintor Jean Adolphe Beaucé, (1865)

“Visita de la embajada de los indios kickapoos al emperador Maximiliano” por el pintor Jean Adolphe Beaucé, (1865)

El regreso de Carlota a Europa y el fin del Segundo Imperio

Maximiliano_Carlota (15)El orden público sólo pudo ser mantenido mediante la intervención constante del ejército de ocupación francés, ya que las fuerzas liberales de Juárez, eran mucho más potentes de lo que Maximiliano podría haber imaginado. Es por eso que el ejército imperial nunca pudo llegar a controlar el territorio mexicano completamente. Benito Juárez dirigía a la nación a través de un gobierno ambulante con la ayuda de los periodistas que atacaban la imagen de Maximiliano constantemente.

Maximiliano quedó entre la espada y la pared. Por un lado, los conservadores y la iglesia católica dejaron de apoyarlo por considerar sus ideas demasiado liberales. Por el otro, era odiado por los liberales a causa de sus orígenes y sus títulos nobiliarios. Todas sus buenas intenciones por salvar al país del caos fueron en vano. Su trono estaba erguido sobre las tambaleantes bayonetas francesas. Finalmente, el 15 de enero de 1866, Francia entró en guerra con Prusia, factor que aunado a las presiones norteamericanas y a las derrotas militares en contra de los juaristas, Napoleón III comunicó que su ejército tendría que abandonar México, privando a Maximiliano de su apoyo militar.[18]

Carlota confiada, no estaba dispuesta a abandonar sus proyectos, por lo que le prohibió a Maximiliano abdicar: “el Imperio es el único medio para salvar a México, debe hacerse todo para salvarlo porque uno se ha obligado a ello por juramente y palabra y ninguna posibilidad lo desliga de ese juramento”[19]. El 9 de julio de 1866, con lágrimas y dolor, Carlota se despidió de Maximiliano y partió en barco. El pueblo se despidió de ella con los versos de Vicente Riva Palacio, canción que hoy conocemos como “Adiós, Mama Carlota”:

“Alegre el marinero
Con voz pausada canta,
Y el ancla ya levanta
Con extraño rumor.
La nave va en los mares
Botando cual pelota.
Adiós, mamá Carlota;
Adiós, mi tierno amor.”[20]
Pintura de Édouard Manet. “Ejecución del Emperador Maximiliano de México”. (1868). Actualmente ubicado en museo Kunsthalle Mannheim, Alemania.

Pintura de Édouard Manet. “Ejecución del Emperador Maximiliano de México”. (1868). Actualmente ubicado en museo Kunsthalle Mannheim, Alemania.

Carlota emprendió un viaje a Europa para pedir apoyo y recordarle a Napoleón III los compromisos constituidos en el tratado de Miramar. Además buscó negociar sin éxito, un pacto con Pio IX en el Vaticano. Por desgracia lo único que recibió fueron negativas y silencios. La emperatriz derrumbada diplomáticamente cayó enferma, y después de ser examinada por un doctor especialista en trastornos mentales, fue sometida a un tratamiento psiquiátrico, dando así el primer paso hacia su eventual perdición.

Junto con la partida de Carlota se fueron también el sentido común y la prudencia política de Maximiliano, quien consideró seriamente abdicar el trono mexicano. Mal aconsejado por Teodosio Lares[21], el Emperador decidió abandonar la Ciudad de México, donde avanzaban las tropas liberales con Porfirio Díaz a la cabeza. Las tropas imperiales eran una cuarta parte de las liberales, por lo que al llegar a Querétaro fueron sitiados, quedando sin comida ni municiones.

En cautiverio, hizo su testamento y finalmente escribió a Juárez: “…Yo conjuro a usted…de la manera más solemne y de la sinceridad propia de los momentos en que me hallo para que mi sangre sea la última que se derrame.[22]” Finalmente en manos de los liberales, fue fusilado junto con Miguel Miramón y Tomas Mejía, el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, Querétaro. “Con un “¡Viva México!, el rubio archiduque soñador que no supo gobernar pero si supo morir” dejó este mundo para entrar en el otro… el de la inmortalidad y la leyenda.”[23]

El que los liberales hayan fusilado a Maximiliano fue un mensaje de suma importancia para Europa y para el mundo en general. Con ese hecho México consolidó su soberanía y dio a entender que borraría para siempre toda idea monárquica. Además, el partido conservador quedó vencido, desorganizado y desarmado, siendo esto un triunfo total para Juárez y para los liberales, quienes dieron pie a la formación de la República Restaurada.

A Carlota se le ocultó la muerte de su esposo durante varios meses, ya que su estado de salud mental nunca dejó de ser grave. En 1867, la Casa Real de Bélgica decidió regresar a Carlota a la Residencia Real de Laeken, y después, al Castillo de Tervueren. Cuando llegó el cuerpo e Maximiliano a Miramar, guardar silencio fue imposible; Carlota perdió el control.

Tras varios chismes, habladurías y un sin fin de eventos, Carlota murió el 17 de enero de 1929 a los ochenta y seis años de edad, por una gripe. En su lecho de muerte, durante un momento de aparente lucidez, la ex emperatriz  recordó al gran amor de su vida, Maximiliano, y el imperio soñado: …”Recuérdenle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza pero sin odio…Todo aquello terminó sin haber alcanzado el éxito.”[24]

Máscara mortuoria de Maximiliano I de México. Autor: Adam Castforth. Ubicado actualmente en el Museo Nacional de las Intervenciones, Churubusco, Ciudad de México.

Máscara mortuoria de Maximiliano I de México. Autor: Adam Castforth. Ubicado actualmente en el Museo Nacional de las Intervenciones, Churubusco, Ciudad de México.

Datos curiosos y algunos chismes…

  • Juan Nepomuceno Almonte, hijo José María Morelos y Pavón, fue nombrado gran chambelán de la corte. El día que llegaron los emperadores a Veracruz debía estar en el puerto listo para recibirlos, pero llegó tarde.

  • El primero en recrear el Grito en Dolores fue Maximiliano de Habsburgo en 1864. Vestido de charro y Carlota de china poblana, realizó la ceremonia el 15 de septiembre a las 23:00 hrs.

  • Maximiliano mandó hacer una de las pinturas más conocidas del cura Hidalgo.

  • El Emperador aprendió el significado de la palabra “güerito” , cuando una negra en Veracruz le grito: “qué lindo güerito”.

  • Maximiliano coleccionaba insectos y mariposas.

  • A Carlota le encantaba comer chocolate y dar paseos por Reforma.

  • Cuenta una leyenda que en un intento desesperado por dar herederos a Maximiliano, Carlota acudió a una pequeña tienda de la Ciudad de México buscando un remedio natural que le ayudara a tener hijos. La dueña de la tienda era partidaria de Juárez, por lo que le dio a Carlota una seta venenosa, que contribuyó a su locura.

  • A juicio de Luis González y González, Maximiliano en algún momento llegó a pensar en la posibilidad de devolverles las riendas del gobierno a los indios, al grado de querer hacer de un niño indígena un príncipe heredero del trono.

  • Se dice que Maximiliano se autoimpuso el 2º salario más alto del mundo (a pesar de que México estaba quebrado), solo detrás de la reina de Inglaterra, máxima potencia mundial de la época.

  • Hay una leyenda que cuenta que Maximiliano, en los últimos momentos antes de morir pagó una moneda de oro a cada uno de los soldados del pelotón de fusilamiento, para que no le disparasen en la cara. Pretendía que su rostro no se desfigurara, y así, poder ser reconocido por su madre, la archiduquesa Sofía, al repatriar su cadáver a Viena.

  • Justo antes de la ejecución de Maximiliano, el oficial que estaba al cargo del pelotón, murmuró algo que sonaba a una disculpa. Maximiliano le dijo “Usted es un soldado y debe obedecer”.

  • El castillo en el que Carlota pasó sus últimos años, en Bélgica, no fue invadido por los alemanes durante la I Guerra Mundial, en respeto a su principal aliado, Austria, y en memoria de su parentesco con los Habsburgo.

 


[1] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) p: 9-13
[2] Monarquías de Europa y el mundo, “Emperatriz Carlota de México, Princesa Carlota de Bélgica”
[3] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) p: 6-8
[4] Monarquías de Europa y el mundo, “Emperatriz Carlota de México, Princesa Carlota de Bélgica”, op. cit.
[5] Biografías y Vidas, “Antonio López de Santa Anna”.
[6] Conte Corti, Egon Caesar. Maximiliano y Carlota. (México: Fondo de Cultura Económica, 1944.) pp: 15-25
[7] Explorando México, “La Guerra de Reforma: Historia de México”.
[8] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) pp: 26-28
[9] ibídem: 29 y 30
[10] Conte Corti, Egon Caesar, op.cit., p: 264
[11] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) pp: 39-41
[12] Ratz Conrad. Tras las Huellas de un Desconocido: Nuevos datos y aspectos de Maximiliano de Habsburgo. (México: Conaculta . INAH, 2008.) p. 47, 48 y 53
[13] ibídem:, p. 49
[14] México Desconocido. Carlota Emperatriz de México
[15] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) pp: 49
[16] Aunque se hicieron algunos avances,  la obra volvió a quedar inconclusa, tras la caída del imperio y el fusilamiento de Maximiliano en 1867.
[17] Conte Corti, Egon Caesar, op.cit., p: 248-254
[18] Monarquías de Europa y el mundo, “Emperatriz Carlota de México, Princesa Carlota de Bélgica”.
[19] Carta escrita de Carlota a Maximiliano
[20] Poema de Vicente Riva Palacio, “Adiós Mamá Carlota”, primera estrofa, http://www.poetaspoemas.com/vicente-riva-palacio/adios-mama-carlota.
[21] Originario del Estado de Aguascalientes. Se traslada a México para estudiar Leyes. Perteneció al partido conservador, durante la dictadura de Santa Anna y durante la Intervención francesa. Defensor de Maximiliano hasta que éste se unió a los liberales moderados; al final de su vida, Lares se exilió en La Habana. (Facultad de Filosofía UNAM)
[22] Ratz Conrad. Tras las Huellas de un Desconocido: Nuevos datos y aspectos de Maximiliano de Habsburgo. (México: Conaculta . INAH, 2008.) p: 75
[23] Igler Susanne, y Roland Spiller. Más Nuevas del Imperio: Estudios interdisciplinarios acerca de Carlota de México. (Alemania: Lateinamerika- Studein, 2001.) p: 191-202
[24] Igler Susanne. Carlota de México. (México: Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2005.) pp: 93, 100- 101, 115-117