Por Rafael G. Córdova, Consejero.

Niño Dios. Día de la Candelaria en Coyoacán. Foto: Rafael G. Córdova

Niño Dios. Día de la Candelaria en Coyoacán. Foto: Rafael G. Córdova

México es un país sinigual pues dentro de su riqueza cultural existen costumbres y tradiciones que no existen en ninguna otra parte del mundo. Una de ellas la constituye el Día de la Candelaria, que en México ha sido transformada en un sinónimo de “se visten niños Dios”, “se reparan niños Dios” y la “tamaliza”, todo ello derivado de la tradicional Rosca de Reyes y del afortunado que encontró al niño en la rosca, mismo que será padrino de vestido del niño y por ende, nuestro compadre. Otra forma de ser el “padrino o madrina”, es que algún voluntario se ofrezca a vestir al niño, compromiso que se adquiere por tres años.

En realidad no se sabe exactamente cuándo se comenzó con la tradición de vestir a los Niños Dios, pero según la tradición, los trajes van cambiando de acuerdo a su “edad” según tres etapas o años en los cuales pasa de ser bebé, niño y posteriormente un adulto.  Es por ello que se acostumbra que el primer año se vista de color blanco, de preferencia con un ropón o ropa de bebé y dos palomitas porque es el año en que lo bendicen; para el segundo año se viste de cualquier advocación del Niño Dios (como el Niño de las Palomas, el Niño de Praga, el Niño Mueve Corazones, Niño de Atocha, Niño de Plateros, Dulce nombre de Jesús, etc.) y para el tercer año, cuando ya es adulto se viste en alguna advocación de Jesús (Sagrado Corazón, Jesús de Nazareno, Señor de la Misericordia, etc.).  En la elección del vestido del Niño Dios influye el gusto o devoción de los padrinos o el contexto actual de la familia, con lo cual seleccionan atavíos de El Niño de la Abundancia, de la Fé y del Trabajo, Del Tesoro, etc, según sea su petición.

La iglesia católica recomienda no vestir al Niño Dios con cualquier vestimenta de santo, ni de ángel o arcángel, o con uniformes deportivos ya que Cristo está en un nivel superior; es mejor vestir a Cristo de acuerdo a sus títulos o advocaciones.

Otra costumbre es que, el primer año que se lleva el niño a bendecir se coloca acostado en una canasta con flores (porque aún es un bebé y no sabe caminar); el segundo año, se le presenta sentado en un trono y el tercer año se le lleva de pie.  Aunque la iglesia comenta que lo importante es presentar al niño, no importando la posición en que esté.

En muchas familias como la mía, se acostumbra que a cada uno de los hijos se les da un niño Dios, mismo que será heredado por ellos a sus respectivos hijos, con lo que se constituye un lazo familiar entre generaciones por lo que su cuidado es muy importante.  En este punto radica la importancia de los artesanos que se especializan en reparar y restaurar Niños Dios, proceso después del cual, hay quien asegura que su Niño se ve más “sonriente” porque está contento de haber sido atendido y curado.

Niños Dios. Día de la Candelaria en Coyoacán. Fotos: Rafael G. Córdova

Niños Dios. Día de la Candelaria en Coyoacán. Fotos: Rafael G. Córdova

La Calle de Talavera

El nombre de la calle proviene de la primera fábrica de cerámica mayólica (talavera)  establecida en México, justamente en una casa construida en el siglo XVII y que perteneció al marqués de Aguayo, y que ocupa el número 20 de esta calle. Actualmente, este edificio es el Centro Cultural “Casa Talavera” de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Talavera. Centro Histórico Ciudad de México. Foto: Rafael G. Córdova

Talavera. Centro Histórico Ciudad de México. Foto: Rafael G. Córdova

El Centro Histórico de la Ciudad de México es también el reflejo de muchas de las costumbres populares de sus habitantes, por lo que no puede abstraerse de ellas; es por ello que hay una zona que se ha ido adaptando a esta tradición y que refleja a su vez la alta y la baja costura en los atuendos del Niño Dios, pues los hay económicos y de gala, además de que cada año se presentan nuevos modelos y un desfile de marcas en los aparadores, variedad que puede admirarse incluso en catálogos impresos donde resaltan las novedades y que tienen algunos, más de cien modelos diferentes.

Esta verbena popular comenzó en 1945, se consolidó con la casa de los Niños Dios en 1975 fundada por el señor Saúl Uribe, y es ahora un corredor especializado, sin olvidar los puestos semifijos que en la Plaza Alonso García Bravo forman un mosaico de opciones para todos los bolsillos.

Talavera y Niños Dios. Centro Histórico Ciudad de México. Foto: Rafael G. Córdova

Talavera y Niños Dios. Centro Histórico Ciudad de México. Foto: Rafael G. Córdova

En esta romería se puede apreciar el desfile de familias enteras cargando sus Niños Dios, sea para vestirlos o para repararlos. Hay quien lleva ya la talla de su niño, que se obtiene midiendo desde la cabeza hasta la punta del pie que está más extendido.  También hay quién comprará su niño, y podrá elegir entre diversas tonalidades de piel y color de ojos, o de materiales diversos.  Pero sea nuevo o ya “viejito”, hay un punto en común, todos cargan a sus niños como si fuera un niño de carne y hueso, los llevan cubiertos con una cobija y los tratan con el mismo cuidado.

Esta tradición no se ha visto exenta de la mercadotecnia, pues ha impulsado modas e incluso vestimentas de santos, uniformes de equipos de fútbol, hasta trajes típicos de chinelos o danzantes prehispánicos.

Es importante contemplar que no sólo es el vestido del Niño Dios, también son importantes los accesorios que lo complementen, algunos de ellos ya incluidos en el paquete, pero que quizá por gusto queremos complementar o cambiarlos por otros más bonitos.  Recorriendo los puestos y los locales,  se pueden adquirir huaraches, calcetines, coronas (distintos modelos según la advocación), sombreros, mamilas, cetros, uvas, palomas, monedas, sillas, canastas y velas, en fin, todo para su niño.

Para conocer más:

‘La Candelaria’… Entre el Niño y los tamales