Por María Esther Villar de Moreno, Vocal

No había mejor regalo que un plato de Talavera lleno de estas delicias.

No había mejor regalo que un plato de talavera lleno de estas delicias.

Hablar de la gastronomía de Puebla es hablar de una parte de mi niñez. Mi papá, siendo poblano y teniendo nueve hermanos, no podían faltar las visitas familiares donde, antes de llegar a cualquier reunión de los parientes, pasábamos por una ruta de antojitos.

Me acuerdo que sí hablábamos de Cemitas, él decía: las mejores están en el Mercado del Carmen. Si teníamos antojo de chalupas, esas tenían que ser las del parque. Eso sí, el mole ni mencionarlo, por que tenías que esperar a que mi abuela Maruca lo hiciera, ya que como el de ella, no había otro. Era el más orgulloso de los chiles en Nogada, originarios de su estado.

Hablar de la niñez de mi papá eran historias que todas tenían de referencia algo de comida; un ejemplo era saltarse la barda de los chayotes, o ir a tocar el timbre de las monjitas que hacían el rompope. Ya de regreso a la Ciudad de México, era pasar a la calle de los dulces, para comprar los camotes, las tortitas de Santa Clara, fruta cristalizada, los dulces de leche, los borrachitos, etc., y donde no había mejor regalo que un plato de talavera lleno de estas delicias. Cuando íbamos a la Sierra de Puebla, salíamos temprano, para ir a desayunar a Mi Ranchito, lo que se acostumbraba era huevo en salsa verde, cecina, chorizo y frijoles. Llegando a Villa Juárez (zona cafetalera) era en el único lugar que se tomaba una taza de café,  Doña Cholita ya lo esperaba con molotes, enchiladas, dobladas, tostadas y gorditas, con una salsa especial que decía que estaba hecha base de cerdo y de res.

Todavía hoy tengo grabado cada uno de esos sabores.

Mi papá era el más orgulloso de los chiles en Nogada, originarios de su estado.

Mi papá era el más orgulloso de los chiles en nogada, originarios de su estado.

 

De izq. a dcha. Mi abuela María Borja, en sus brazos mi papá Ángel Villar Borja, mi abuelo Mario Villar, en sus brazos Mario Villar Borja. Mis bisabuelos Fanny Osorno y Ángel Borja Soriano.

De izq. a dcha. Mi abuela María Borja, en sus brazos mi papá Ángel Villar Borja, mi abuelo Mario Villar, en sus brazos Mario Villar Borja. Mis bisabuelos Fanny Osorno y Ángel Borja Soriano.