Por Isaac David Pérez Rodríguez.
Ganador del 3er lugar del Concurso de cuento de alebrijes 2012 del Museo de Arte Popular.

pavorrealEsta historia es sobre una alebrijita a quien, como a todos los niños del universo, le cuesta mucho trabajo levantarse temprano para ir a la escuela. Pelear a patadas con la cobija cada mañana para salir de la cama, bañarse y ponerse el uniforme es una gran proeza para alguien de su edad, que a esa hora lo único que quiere es soñar con su superhéroe favorito en una gran aventura donde come muchos dulces hasta despertar.

Atototzin afianzó sus zapatos con mucho esfuerzo, aún estaba entumecida. Bajó a desayunar un vaso con leche y una concha, su pan favorito. Mientras comía, su mamá le recordó la tarea que debía entregar el viernes para la clase de manualidades, pero no la escuchó porque miraba las nubes tremendamente blancas y esponjadas que se asomaron por la ventana del comedor. Antes de salir de casa, se acomodó las pulseras de colores que le rodeaban el brazo de leopardo y le sacó un poco de brillo a su cuerno de marfil. La escuela “Pedro Linares López” no estaba lejos de casa, su mamá la acompañó, como todos los días, mientras ella observaba las flores, las piedras, los autos y el cielo…

Esa mañana llegó muy entusiasmada, los miércoles eran sus días preferidos porque aprendía de ciencias naturales, materia en las que sacaba buenas notas y participaba continuamente. Ese día aprendió algo muy interesante, la maestra explicó que a los alebrijes se les dividía según su especie en mamíferos, reptiles, anfibios, aves e insectos y que se mezclaban armoniosamente para crear hermosos seres multiformes. Levantó su mirada y observó a los compañeros que la rodeaban: un lagarto con orejas de elefante y cola de caballo, un rinoceronte verde con garras de tigre y cuerpo de lobo, una avestruz con cresta de gallo y patas de canguro y su mejor amiga, Nailah, que tenía cabeza de cisne y alas de mariposa, sentada a su izquierda… La maestra Micaela habló sobre los sentidos de los alebrijes y las distintas formas en que los usan. Explicó que algunos alebrijes tienen el sentido del olfato en sus antenas, lo que les permite oler a grandes distancias; otros escuchan por medio del ultrasonido,y que algunos más corren o vuelan a grandes velocidades. Para Atotozin los alebrijes más fascinantes eran los que volaban. ¡Cuánto deseaba poder tener alas como su amiga! Recordó las palabras de su mamá:

-Atotozin, todos lo alebrijes son hermosos: mientras algunos tenemos muchos colores, otros tenemos un solo color; hay algunos que tienen lindas alas de mariposa, murciélago o halcón, y otros que poseen largas colas, como la del camaleón, o la tuya que además de ser larga se expande para mostrar ese hermoso abanico de miles de ojos de colores…-. La pequeña sacudió sus plumas de pavorreal, acicaló su leonina melena y pensó en lo desdichada que era mientras transcurría el resto de la clase.

Se escuchó el timbre que anunciaba el recreo. En cuestión de segundos el patio se transformó en un gran caleidoscopio con alebrijitos corriendo de aquí para allá y maestros alebrijes cuidando la integridad de sus alumnos. Aunque a veces participaba de las actividades lúdicas, ese día Atototzin se sentó en una jardinera y hojeó su libro de lecturas, no pasaron cinco minutos cuando escuchó un ¡cuidado!, levantó su cabeza para observar lo que pasaba pero fue demasiado tarde, tenía la pelota justo frente a sus ojos. Un fuerte y equivoco disparo la mandó directo al suelo provocándole un raspón en el brazo y un gran chipote en la cabeza. Contuvo las lágrimas y se marchó por el pasillo a esperar que el miércoles terminara lo más pronto posible. Pensó que de haber tenido alas habría esquivado fácilmente el proyectil.

Para el jueves las cosas tampoco marcharon bien. No quiso ir a la escuela porque su topetazo sobresalía como un cuerno mal hecho, su mamá la tuvo que convencer poniéndole una linda diadema que combinaba con su piel. Cuando llegó al salón vio que otras niñas llevaban de igual forma diademas, cintas y mascadas. ¿Por qué se les ocurrió llevarlas precisamente ese jueves? Intentó recordar si se levantó con el pie izquierdo, pero no pudo. Fue a su lugar y sacó de la mochila un cuaderno para dar inicio a la clase. Las matemáticas nunca fueron su fuerte y durante toda la sesión batalló con las multiplicaciones y restas que debía entregar antes del recreo. Al mismo tiempo, Nailahle picaba las costillas y tiraba de su cabello. A veces era mala idea sentarse junto a ella, pero era su mejor amiga y de igual forma ya habría tiempo para saldar cuentas.

alebrije-de-mantisDespués del descanso, se dedicó el tiempo para hacer la limpieza general del plantel educativo, todos los grupos se reunieron para turnarse las labores de aseo y mejora, los de primero se encargaron de recoger toda la basura, los de segundo de arrancar las malas hierbas y el pasto que estaba muy crecido por las lluvias de verano; los alebrijes de tercer año se dedicaron a juntar los libros y trabajos guardados en los estantes para reciclarlos o venderlos a fin de comprar balones y cuerdas para saltar. Los alumnos de cuarto año, con ayuda de sus padres, despintaron los pizarrones y bancas que se rayaban a lo largo del año escolar, los de quinto auxiliaron a los niños de otros grupos que tenían algún retraso y los de sexto pintaron las paredes y los salones. Pero Atotozin olvidó llevar algún trapo y tuvo que estar al pendiente de todas las labores por si necesitaba ayuda, por lo que su desgaste fue mayor que el de otros niños que concentraron sus fuerzas en un solo trabajo.

Al terminar, la “Pedro Linares López” lucía impecable y el timbre sonó para que los alumnos regresaran a casa. En la fila de salida se podían ver decenas de pares de alas de todas las texturas y grandes colas que se agitaban de alegría, excepto la de Atototzin, porque recordó justo en ese

momento la tarea que le dijo su mamá que no olvidara. Se fue a casa con la cola agachada y deseando el fin de semana para visitar a su abuelita que vivía a una hora de distancia.

Luego de comer, se sentó a pensar una razón por la cual estos dos últimos días le había ido mal, no cometió travesura alguna ni contestó mal a sus padres. Reflexionó sobre las alas de los alebrijes y su posible significado, si es que lo tenían; quizá eran la razón por la que tenía días malos como estos y añadió que los alebrijes voladores no conocían la mala suerte. Desechó la idea, comenzaba a empecinarse con el asunto. La tarea para la jornada siguiente consistía en elaborar un par de títeres para la clase de manualidades, estos debían ser confeccionados con elementos creativos y sin ayuda de sus padres. Que infortunio no haberlo recordado antes, no se le ocurría nada.

— ¿Cómo se hace un títere?- deletreó la palabra, ti-te-re y levantó tres dedos-. Todos los harán con materiales que se venden en la papelería, entonces buscaré otros para que los míos no se parezcan a ninguno. El sol naranja desapareció con las ganas de hacer la tarea, su mamá miraba a su hija acongojada y por ello pensó darle una manita. Le aconsejó que considerara algo que les faltara a los alebrijes, algo que quisieran o tal vez alguna cosa que ella siempre haya deseado. Al menos Atototzin sabía lo que quería: unas alas. Siguiendo las palabras de su madre, la alebrijita puso manos a la obra y pensó en su sociedad, en su escuela y en su casa. Quería ser la que llevara las marionetas más bonitas y que sus días de mala suerte terminaran.

Después de unas horas de dar vueltas por toda la casa, decidió que el primer muñeco tendría como piernas la DECISIÓN y la VALENTÍA, valores que la sociedad debe fortalecer desde la niñez. El brazo derecho lo hizo de AMISTAD, pensando en Nailah, el izquierdo de COOPERACIÓN y recordó el trabajo que hizo en la escuela junto a todos los alumnos. El cuerpo y la cabeza fueron hechos con HONESTIDAD y se repitió así misma no hacer trampa, por ejemplo, en las tareas.

El segundo monigote lo edificó con brazos de AMOR y CRÍTICA CONSTRUCTIVA, valores que Atototzin consideraba como los más valiosos entre todos los seres. Sus piernas las hizo de RESPONSABILIDAD y VOLUNTAD, prioritarias para un camino de éxito; finalmente, la cabeza fue hecha con respeto, lo que casi siempre olvidamos.

Contempló por unos minutos las hermosas figuras construidas con sus manos, se sintió muy satisfecha, plena de saberse inteligente y creativa. Se puso la ropa de dormir y antes de acostarse observó por última vez su trabajo. Algo le faltaba a sus criaturas para que quedaran estupendas. Caviló unos instantes y regresó al escritorio a fabricar un par de alas para cada títere, con un material que tenía guardado su papá y que es muy dificil de encontrar estos días: la LIBERTAD.

Cabe destacar que al otro día Atototzin fue la alebrije que recibió más aplausos en la clase de manualidades. Mientras la maestra la felicitaba, nuestra niña olvidó todas las pericias de días pasados y les contó a sus amigos su extraño sueño de la víspera.

-¿Y qué sucedió en tu sueño?-. Le preguntó Nailah.
-Jugaba un rato con esas criaturas tan singulares, eran muy agradables y sencillos, al final me dijeron su nombre.
-¿Cuál era?
– Se hacían llamar HUMANOS.

Ilustración-de-Escuelalibre-Tierra-de-Niños