Por Paty Gout

Un mexicano que sin olvidar jamás sus orígenes y su identidad, está ayudando a transformar el mundo de la medicina con su investigación y su trabajo.

Un mexicano que sin olvidar jamás sus orígenes y su identidad, está ayudando a transformar el mundo de la medicina con su investigación y su trabajo.

Es un honor presentar en este foro una historia que muestra lo que el espíritu humano es capaz de lograr cuando existe la voluntad para hacerlo. Un mexicano que sin olvidar jamás sus orígenes y su identidad, está ayudando a transformar el mundo de la medicina con su investigación y su trabajo; pero sobre todo está dando un testimonio de vida que inspira a quien le conoce o entra en su contacto.

El doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa es profesor de oncología y neurocirugía de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos; director del Laboratorio de Tumores Cerebrales, director del Programa de Neurocirugía y uno de los principales investigadores del mundo sobre cáncer en el cerebro. Ha recibido innumerables premios y reconocimientos por su destacada labor en el campo médico y también por su trabajo humanitario y su influencia en la comunidad hispana. De por sí un currículum brillante, que se convierte en una historia de dimensiones increíbles cuando agregamos que se trata de un hombre que a los 19 años de edad cruzó como indocumentado la frontera entre México y Estados Unidos.

Alfredo Quiñones nació en un pueblo cercano a Mexicali, BC, donde su padre tenía una pequeña gasolinera. La familia vivía en un departamento ubicado en la parte de atrás y Alfredo trabajaba en el negocio desde los 5 años, pero a medida que la economía de México decaía, el negocio también. Su padre tuvo que vender la gasolinera y prácticamente no ganó nada. Después supieron que había fugas en los tanques subterráneos. La familia pasó épocas terribles en que para comer tenían que conformarse con tortillas con salsa.

"El Doctor Q": De indocumentado a neurocirujano.

“El Doctor Q”: De indocumentado a neurocirujano.

En medio de las carencias y la desesperanza general, Alfredo pasó una infancia feliz y recibió una influencia muy fuerte de su abuelo, quien siempre le dijo que para él no habría obstáculos invencibles si realmente se proponía las cosas. Le transmitió una enorme curiosidad y deseo de aprender, y le hizo creer que podría llegar tan lejos como quisiera, a pesar de que las circunstancias en que vivían indicaban todo lo contrario. Esta enseñanza jamás se le olvidó y Alfredo, que era un alumno curioso y destacado en la escuela, se preparó para ser maestro de primaria, pero en el intento de conseguir plaza de trabajo se topó con las trabas burocráticas que lo hicieron decidir emigrar al otro lado de la frontera.

A los 19 años, después de intentarlo y fracasar, Alfredo finalmente salta la frontera y llega a Fresno, California, donde trabaja por dos años como pizcador de algodón. Un día en el campo le dijo a su primo que quería ir a la escuela, aprender inglés y tener un mejor futuro, pero su primo le decía “¡Éste es tu futuro! Tú viniste a éste país a trabajar en el campo así como nosotros.” Alfredo se negó a aceptarlo y se matriculó en la escuela técnica, donde al tiempo que aprendía el idioma, apoyaba a otros estudiantes hispanos en matemáticas y ciencias, y practicaba sus habilidades de comunicación en el equipo de debates, mientras trabajaba como soldador para una compañía ferroviaria.

En 1989, a los de 21 años de edad, estando en su trabajo cae en un tanque de petróleo vacío, en un accidente que casi le cuesta la vida. La experiencia lo marca profundamente y su estancia en el hospital reaviva su viejo sueño de convertirse en médico y ayudar a las personas a ejemplo de su abuela, que había sido la curandera del pueblo. Ese es el momento en que la determinación y la voluntad marcan la diferencia: Lo que para alguien más no hubiera pasado de ser una idea imposible, para Alfredo se convirtió en una misión de vida. Venciendo todos los obstáculos que se pueden tener como inmigrante ilegal pobre, el tenaz muchacho se va abriendo paso en las universidades locales hasta conseguir ingresar a Harvard, pasando a formar parte del 3.7% de las minorías que ingresaban a escuelas de medicina.

De ahí en adelante su historia es una historia de trabajo, determinación y pasión por lo que se hace. Superando toda clase de dificultades dado su origen y su raza -por ejemplo cuando un profesor le dijo ‘No puedes ser mexicano; eres demasiado inteligente para ser mexicano’– Alfredo lejos de amedrentarse, tomaba esos episodios como un estímulo para ser el mejor y demostrarle a la gente que estaba equivocada. Ya aún como médico graduado con honores y ya siendo un neurocirujano reconocido, seguía teniendo que enfrentar prejuicios que a otro le hubieran llenado de complejos, pero Alfredo lo ve como algo que es producto de la ignorancia de la gente y que se tiene que cambiar a base de trabajo y buenos resultados.

Un profesor le dijo 'No puedes ser mexicano; eres demasiado inteligente para ser mexicano',

Un profesor le dijo ‘No puedes ser mexicano; eres demasiado inteligente para ser mexicano’,

Cuando otros médicos le sugerían cambiarse el apellido a ‘Quinn’ por la dificultad de pronunciar el suyo, no solamente no lo hizo sino que le agregó el apellido de su madre como un homenaje para ella. Tomó sin embargo el simpático apodo de ‘Dr. Q’, con el cual lo conocen sus pacientes.

Cuando no está en el aula o en la sala de operaciones, el Dr. Quiñones está en su laboratorio tratando de encontrar la cura del cáncer. Él considera que el cáncer cerebral es “la enfermedad más devastadora que afecta al órgano más hermoso de nuestro cuerpo: el cerebro”. Cree firmemente que a través de implantar células madre en el lugar correcto se puede detener el cáncer con mucha más eficacia que mediante la cirugía, y espera vivir el día en que esta enfermedad no sea más amenazante que un resfriado.

Aparte de su trabajo, el Dr. Quiñones es un hombre dedicado a su familia -tiene tres hijos- y a diversas causas filantrópicas. Corre maratones junto a sus pacientes para reunir dinero para la lucha contra el cáncer y es autor de varias publicaciones, entre ellas una estupenda autobiografía. De acuerdo a cuantos le conocen, es ante todo un ser humano entrañable y compasivo. Le gusta recordar siempre la frase del Nóbel de Medicina, Ramón y Cajal: “La suerte no llega a los que la quieren sino a quienes la buscan, y se busca con la determinación y disciplina para seguir un sueño y con la resistencia a las adversidades de la vida “

Fotos: http://doctorqmd.com/home/