Por José N. Iturriaga

 

Nayarit, estado multiétnico, se muestra en las expresiones artísticas de los cinco pueblos que lo componen -coras, huicholes, mexicaneros o nahuas,  tepehuanes y mestizos-, a los que se suma el hondo contenido cultural de los pueblos amerindios ya desaparecidos, o al menos diluidos en el tiempo, dice bien el maestro Sergio Sartiaguín.

Sombrero

En Ixtlán del Río existen talleres de  alfarería, cerería, dulces tradicionales, nieve de frutas, que hacen las delicias de quienes aprecian estas expresiones. Ahuacatlán con sus dulces y cajetas de mango y membrillo, en los últimos años se ha convertido en el expendio de cestería y muebles de la región. En Santa Isabel, el viajero encontrará dulces, cazuelas, tinajas, ollas de distintos tipos incluyendo las tejuineras de gran tamaño. Jala alberga grandes talleres donde se procesa la hoja de maíz que dará vida a objetos diversos como flores y nacimientos. Jomulco, donde en cada vivienda hay potencialmente una familia artesana, teje la palma de llano, costilla de otate y de carrizo, para hacer sillas, mesas, sillones, canastos y una amplia gama de objetos utilitarios. En Los Aguajes se teje la barba de pino creando bolsas, canastas, hueveras, portaretratos.

En Santa María del Oro se “pica” la piedra volcánica para molcajetes, metates, recipientes para destilar agua, cuencos. En Bahía de Banderas se talla madera y cáscara de coco; se produce alfarería y objetos elaborados con piedras, conchas y caracoles marinos. Compostela alberga talleres de fabricación de puros y talabartería, donde se elaboran monturas, fustes, huaraches. En San Blas producen delicados objetos de concha y caracol, tejen redes y  atarrayas, se hornea  pan de plátano, zanahoria, coco y nuez.

En Tuxpan, Santiago, Tecuala y  Acaponeta  se teje la palma y se elaboran barcinas -forma tradicional de envasar el camarón seco-. En la isla de Mexcaltitán las mujeres tejen costilla de candelón para dar vida a una variedad de piezas: lámparas de mesa y de pared, floreros, paneras, hueveras, canastos, bolsas, tapetes, mientras los hombres se dedican a tejer mangas y a fabricar y mantener sus chiqueros de camarón, uno de los últimos lugares de la región donde aún se practica esta forma de crianza del  crustáceo.

Arriba, en el corazón de la sierra de Xícora  o Sierra del Peyote, bautizada años después como Sierra del Nayar, asiento de coras, huicholes, mexicaneros y tepehuanos, viven y se manifiestan a través de sus danzas, música, medicina tradicional, mitotes, estas etnias, parte importante de nuestra identidad cultural.

tabla huicholaEl arte cora, producto de las seis comunidades de esta etnia endémica: Jesús María, la Mesa del Nayar, San Francisco, San Juan Corapan, Rosarito y Santa Teresa, ejemplifica sus principales manifestaciones tangibles a través de la técnica  de cartonería, manifiesta en sus máscaras de judío, en sus textiles encabezados por los morrales de hilo doble, triple o  cuádruple, con los  bordados de entramado tereseño. A la par, su arte intangible lo liderean  sus célebres cantos de Mitote y de Pachitas; su música de túnamo y de mariachi cora, abuelo paterno del mariachi contemporáneo, con sus sones, minuetes, potorricos, brazueliados, chutes y demás; así como sus danzas de La Urraca, Nagüillas, Maromeros, Moros y su ceremonia de iniciación para los niños en el conocimiento del sexo conocida como la Danza de la Tortuga.

Por su parte, el arte huichol con sus tatei neixa  (fiesta del tambor), patsixa (cambio de varas o autoridades), peregrinaciones a lugares sagrados (Wirikuta y otros), Hiíkuri  neixa (fiesta del peyote), Xarikixa (fiesta de la siembra) y toda su parafernalia ritual desarrollada en el tukipa o centro ceremonial, sus ofrendas en sus formas básicas: telaraña, disco de bambú, disco de piedra, disco de madera o cartón, de espejo y cuadro, enriquecen  la  gran variedad iconográfica local.

El arte mexicanero y tepehuano representado por los sombreros de soyate,  talegas y bolsas, carpetas con bordados, deshilados y  tejidos, aportan lo propio a este crisol de arte popular.

En fin, un Nayarit cargado de distintas manifestaciones culturales, en donde el colorido de sus objetos artesanales suntuarios o  ceremoniales ha sido capaz de conservar y  proyectar para la cultura nacional y mundial, las manifestaciones  creativas de sus múltiples pueblos.