Escrito por Claudia Sabag Durán, ganadora del 3er lugar del Concurso de Cuentos de la Noche de Alebrijes 2008 que organiza anualmente el Museo de Arte Popular

Yo soy Ale, no Alejandra, no Alexia, no Alexandra, mi nombre es simplemente Ale. Me llamo así porque, según cuenta mi abuelo, fue uno de los últimos deseos de mi madre. Ella murió cuando yo nací, así que mi abuelo no dudó en ponerme ese nombre. Crecí en un pueblo en el estado de Yucatán llamado Pisté. Ahí la mayoría de la gente cree que cuando los niños nacen también nace con ellos un ser espiritual y fantástico que siempre los acompaña; forma parte esencial de la vida de cada niño. Es lo más puro de cada uno de nosotros. Esa parte es capaz de realizar nuestros mayores deseos; adquiere la forma  de animales mágicos, fantásticos que son capaces de combinar diferentes partes de otros animales para formarse a sí mismos. Al igual que los seres humanos ellos también nacen, crecen, se reproducen y mueren. Aunque la característica de estos personajes es que en ellos se representan las infinitas posibilidades de tu ser, es decir son valientes y cobardes a la  vez o pueden inspirar miedo y ternura al mismo tiempo. El animal que te acompaña, que es tu alma, se desarrolla y crece a partir de tus pensamientos y sentimientos, por ejemplo si quieres ser el mejor amigo de todos tus compañeros en la escuela y tener mucha libertad para explorar varios tipos de terrenos el animal que te acompañaría probablemente sería  un perro con grandes alas. Otro caso sería si tealebrijes madera gusta ver el cielo, estar cerca de él y correr a gran velocidad tu alma animal podría ser una jirafa alada. Su gran cuello te ayudaría a ver todo lo que se encuentra a tu alrededor, incluyendo las nubes y estrellas. ¡Ah!, se me olvidaba decir que la mayoría de estos animales mágicos tienen alas, pues representan la libertad de pensar y sentir lo que sea. Son de muchos colores, ya que cada color simboliza todas las emociones que sienten tanto tú como él a lo largo de la vida. Algunas veces tus emociones y las de él coinciden, pero hay otras veces que no, por eso hay ciertos días que aunque sabes que todo anda bien te sientes triste porque tu alma animal se siente deprimida o por el contrario hay días que en la escuela fallaste el tiro para anotar un gol, tu mamá te regañó porque no recogiste tus juguetes y de todas maneras de sientes feliz,  y es porque tu animal mágico está muy contento. Por supuesto, como es lógico suponer los colores cambian de intensidad y tono todo el tiempo. A estos seres maravillosos se les conoce con el nombre de Alebrijes.

Mi abuelo me contaba muchas historias sobre alebrijes cuando era niña. Recuerdo que me decía que cuando él era niño jugaba con el suyo. Su alebrije era un pez azul con alas. Los dos nadaban durante horas en los lagos y lagunas que están cerca del pueblo. De hecho mi abuelo era nadador y de joven ganó varias medallas. Siempre decía que su alebrije y él trabajan juntos y eso hacía que los dos disfrutaran la vida. Yo siempre me esforcé para ver el mío. A veces creía que era un conejo, pues me gustaba jugar en el campo y no me cansaba de saltar. Otras veces creía que era una yegüa que recorría varios kilómetros en el campo para encontrar qué había más allá de lo que yo podía ver. Algunas veces por las noches dejaba la luz medio prendida para ver si mi alebrije se asomaba por la ventana de mi cuarto o por debajo de la cama. Cerraba los ojos y me concentraba pensando cómo era mi alebrije, pero no lograba verlo. Pero un día, cuando tenía como 6 años,  jugando en el campo a atrapar mariposas ví como se levantaba una nube de polvo frente a mí. Pensé que tal vez un perro grande estaba corriendo por ahí, pero la nube de polvo comenzó a hacerse cada vez más grande. De repente ví un gato de colores en tonos rojos y azules. Sus ojos eran muy grandes y negros con un brillo muy especial. Parecía como si esos ojos grandes tenían el deseo de ver todo lo que ocurría a su alrededor. Sus patas eran grandes y las uñas se veían muy gruesas. Caminaba con gran elegancia y suspicacia. Su gran cola roja me recordaba los listones que utilizabamos en la escuela cuando había algún festival y los padres iban a vernos. Su cola bailaba al compás del viento con gran suavidad. Sus alas no eran tan grandes pero tenían muchas plumas de colores : había naranjas, rojas, verdes, azules, moradas y amarillas. No se como explicarlo pero no necesitamos hablar para comunicarnos. Era como si estuvieramos conectados y en ese momento cuando pensé eso me dí cuenta que estaba justo en frente de mi alebrije. Por fin el momento que tanto había deseado había llegado. Me sentí confundida pues el gato no me quitaba la vista de encima. No sabía quéalebrijes madera 2 era lo que quería de mí. Yo tampoco le podía quitar la vista. Entre más lo veía más me sorprendía ver los detalles que tenía en su cuerpo; sus bigotes parecían hilos de plata que brillaban con el sol y tenía pequeños círculos dibujados en ambas orejas. Comencé a sentir que me picaba la nariz y fue muy curioso que el gato y yo estornudamos al mismo tiempo. Sin embargo el gato estornudó muy diferente, pues los estornudos de los alebrijes van acompañados de un polvo especial que tiene sabor a limón. Cada vez que estornudan los polvos salen de sus orejas  y el alebrije los atrapa con su larga lengua, ya que estos polvos les ayudan a no enfermarse. Yo también atrapé algunos polvos con mi lengua porque quería probar a qué sabían y sentí mucha acidez en mi boca, como cuando te tomas un jugo de limón. Después de hacer muchas caras como consecuencia de los polvos limonosos no pude contener el impulso de subirme en mi alebrije. Así que con un poco de miedo subí al gato. A él no pareció incomodarle. Me sorprendió lo rápido que me adapte a su forma. Nuestros cuerpos embonaban perfectamente. Paseamos toda la tarde. Vimos el campo desde las alturas, ví la casa de mi abuelo. Ví a nuestros vecinos trabajando en el pozo para la comunidad. Pude ver algunos niños corriendo y jugando futbol. Cuando regresamos al campo mi alebrije me dijo que su nombre era Icht que significa preferir. También me contó que aunque yo no lo veía él siempre estaba conmigo y que se sentía muy feliz de acompañarme todos los días en mis actividades. Después empezamos a jugar, pues mi alebrije aún es un cachorro, aunque no parece pues su tamaño es bastante grande, sin embargo supe que era un cachorro porque disfrutaba mucho ser travieso y solo piensaba en jugar. Jugamos con las hojas y algunas ramas de los árboles. Yo las movía y él trataba de agarrarlas. Aún era torpe al usar sus alas. A veces volaba a gran velocidad y en otras ocasiones parecía que sus alas estaban descompuestas y nada más podía dar un pequeño salto. Estuvimos jugando toda la tarde. Nos cansamos mucho y entonces nos acostamos en la entrada de la casa de mi abuelo. Me acurruqué en sus suaves y acolchonadas alas y pensé seguramente así duermen los bebés cuando están con su mamá. No se cuanto tiempo paso, pero lo siguiente que recuerdo es que mi abuelo estaba a mi lado y me cargó para llevarme a mi cama. Intenté decirle que había  estado con mi alebrije toda la tarde, pero el cansancio me impidió hacerlo. Al despertar y ver que mi alebrije ya no estaba no pudé evitar ponerme a llorar. Me había sentido tan bien con él que no quería perderlo. Salí a buscarlo. Recorrí todo el campo y no encontré nada. Estuve varios días muy triste y solo pensaba en mi alebrije. Mi abuelo me explicó que había sido un gran honor el conocer y convivir con mi alebrije a mi corta edad. Me aseguró que hay personas que nunca llegan a conocerlo y que debería de estar feliz por los momentos que pasé con él, pues realmente era algo extraordinario. También me dijo que mi alebrije está dentro de mi, que cuando hiciera las cosas con el corazón, es decir cuando contactara con mi interior, cuando me sintiera orgullosa de lo que hacía, cuando reconociera mis defectos y mis cualidades y cuando fuera honesta conmigo misma mi alebrije siempre iba a estar a mi lado.

Pasaron algunos días cuando mi abuelo me dijo que tenía una gran sorpresa para mí. Mealebrije comunicó que había encontrado la oportunidad para que yo me fuera a estudiar a la capital, que iba a estar con una viaja amiga de su infancia. A mí no me gustó la idea. Él era mi única familia y no quería estar lejos de él, además me gustaba mucho el campo y quería vivir ahí toda mi vida. Mi abuelo me dijo que quería que yo tuviera más oportunidades que las que tuvo él, que en el campo no había mucho que hacer y que en cambio si me iba a la capital iba a estudiar y conocer gente diferente, lugares fascinantes y que él estaba seguro que me iba a gustar. Así que un día hicimos maletas y nos fuimos hacia la gran ciudad de México. La amiga de mi abuelo se llamaba Carmen. Era una mujer robusta, de cara alargada. Se vestía con colores muy llamativos. Era difícil que pasara desapercibida. Al principio me dió miedo su corpulenta figura, pero después me dí cuenta que detrás de esa fachada había una mujer muy cálida que siempre quisó tener una hija por lo que fui muy bien acogida. Los primeros días mi abuelo estuvo con nosotras, pero después se regreso a Yucatán. Lo extrañe mucho. Durante muchos años le escribí cartas a diario. Me hizó mucha falta los primeros días, pues la escuela en la ciudad era muy diferente a lo que yo había vivido. Ahí los niños se vestían y hablaban diferente. Las niñas no llevaban trenzas como yo. Algunas llevaban un moño en la cabeza, otras iban de cabello suelto y otras, las cuales me parecían muy chistosas, llevaban seis colitas. Su cabeza parecía como fuente a la cual siempre le brotaban chorros de  agua. Tenían juguetes que yo jamás había visto; unos coches que podías mover sin tocarlos con un control especial, muñecas que decían « buenos días » y « tengo hambre ». Yo solo llevaba una muñeca de trapo. Los primeros recreos no jugaba con nadie. Ningún niño se me acercaba. En las clases me costaba mucho trabajo poner atención. Extrañaba mucho mi pueblo. Recuerdo que durante las clases, cuando la maestra hablaba yo dibujaba. De hecho me la  pasaba dibujando y solo dibuja una cosa:  mi alebrije. Lo hacía de diferentes colores, pero eso sí siempre a mi lado. En mis dibujos era el único lugar en donde sentía que estabamos cerca. Un día no me dí cuenta que la maestra me estaba llamando pues estaba muy entretenida dibujando a mi alebrije. Ella se acercó a mí y me preguntó que qué era eso. Le dije que no era nada y guardé el dibujo en mi carpeta con el resto de mis dibujos de alebrijes. La maestra tomó mi carpeta por la fuerza, yo intenté quitarsela pero al jalarla se cayeron todos los dibujos de alebrijes. Toda la clase vió mis dibujos y me empezaron a hacer comentarios. Decían que estaba loca, que los gatos no tenían esos colores y que no tenían alas con plumas. También comentaban que los gatos no podían volar y menos ser montados. Me sentí muy mal, al principio trate de no hablar pero los niños comenzaron a reirse cada vez más fuerte hasta que me harté y les dije que no estaba loca, que más bien ellos eran lo que no sabían qué eran los alebrijes. Tomás un niño que se creía mucho me dijo– ¿alebrijes, qué es eso? Les dí una breve explicación de lo que eran, pero no me creyeron y todos reían con más ganas. Escuchaba decir – “ Claro, todos somos animales jajaja y de colores jajaja, qué tonterías”.  “Estas niñas de campo si que tienen imaginación,  pensar que un animal mágico es nuestra alma, que estupidez “. No pude quedarme a escuchar más salí corriendo del salón. Por suerte no faltaba mucho para la hora de la salida. Carmen estaba en la puerta cuando me vió salir llorando. Me preguntó qué era lo que me pasaba, pero no le quise contestar. Ya no quería ir a la escuela. No quería volver a ver a esos niños tontos jamás. Carmen al verme tan triste me cambio de escuela. Me prometí a mi misma nunca más hablar de los alebrijes y tiré todos los dibujos que había hecho de ellos.

Mi vida siguió, ha pasado mucho tiempo .Ya era una niña, me había convertido en una abogada de 35 años que trabaja en Derechos Humanos. Estaba casada con Santiago, el cual también era abogado. Nos conocimos en la universidad. Él insistió mucho en conocerme. A mi al principio no me atraía, pero fue tan detallista y persistente que me acabé enamorando perdidamente de él. Tenemos 7 años de casados y una hija que se llama Carolina. No me puedo quejar; tengo un buen trabajo, varios amigos, una muy bonita familia y todavía muchos planes por hacer.

Como todos los días fui a recoger a Carolina al kinder. Esta vez me llamó la atención que la maestra de Carolina vino personalmente a entregarmela, normalmente lo hace la maestra que tiene guardia. Me comentó que en la escuela hay una epidemia de gripa y aunque Carolina no se había enfermado era importante que supiera que no debo llevarla al kinder si se siente mal para evitar que los niños se sigan contagiando. Me recomendó que desde hoy y durante el fin de semana Carolina tomara mucho líquido y frutas cítricas. Le agredecí el comentario y me quede pensando que en realidad era muy raro que Carolina se enfermara, solo recordaba una gripa muy fuerte que le dió como a los dos años, después de eso no se había vuelto a enfermar.  Carolina era una niña muy fuerte y sana. Casi no tenía que preocuparme por su salud. Eso me gustaba mucho de ella, además era una niña que disfrutaba mucho jugar. Casi siempre lo hacía sola durante varias horas. Inventaba mucho diálogos, frecuentemente hablaba sola. A veces me daba la impresión que no necesitaba de nadie, hasta ahora era una niña muy independiente, bueno a su nivel pues solo tenía 4 años.

En esos días yo había estado muy preocupada por ciertas cosas que pasaban en mi trabajoalebrijes madera. Estabamos elaborando algunos ajustes y nuevas reformas en los derechos de los indigenas, además de seguir apoyando y divulgando nuestro programa XEPET (la voz de los mayas), el cual consistía en la capacitación de maestros y en la elaboración de planes de estudio en lengua maya. Era un programa muy ambicioso, ya que no solo se consideraba que la educación primaria, secundaria y preparatoria fuera en lengua maya sino también algunas carreras como historia,  ingeniería de los alimentos, e ingenería agrónoma. Por lo mismo este programa no podía arrancar pues la Secretaria de Educación Pública no consideraba importante el estudio en esta lengua pues lo consideraba inecesario y caro. Me sentía muy atorada en el proyecto. Cuando acabo la jornada de trabajo, regrese a casa y le comenté a Santiago que me sentía muy cansada. Él me dijo que se sentía igual pues en su trabajo también tenía varias presiones. Fue así que decidimos tomarnos unas pequeñas vacaciones para despejarnos y así poder trabajar mejor. Decidimos ir a Yucatán. A mi me encantaba ir ahí, pues me recordaba toda mi niñez. Santiago y yo antes de casarnos ibamos mucho por allá, pero desde que tuvimos a Carolina no habíamos podido hacerlo. La verdad es que me emocionaba mucho el poder compartir con mi hija mi escenario infantil. Ese  mismo día hicimos maletas, pues el plan era irnos muy temprano el día siguiente. Antes de acostarme pensé que estas vacaciones iban a ser una buena oportunidad para convivir más con la familia, pues tanto Santiago y yo habíamos estado con mucho trabajo y creo que en cierto sentido teníamos un poco descuidada a Carolina. Al día siguiente Santiago me despertó. No oí mi despertador. Ya eran las ocho y habíamos quedado de levantarnos a las siete, pero por una extraña razón no pude levantarme. Sé que soñe con algo que seguramente me gustó mucho porque me levanté muy contenta y muy descansada. Me quedé pensando que hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Después de tomar unos minutos en esta reflexión me apuré para arreglarme y estar lista para salir lo antes posible. Santiago ya se había hecho cargo de Carolina, así que los dos ya estaban listos, solo faltaba yo. Nos fuimos muy apurados al aeropuerto. Era la primera vez que Carolina viajaba en un avión. Le pregunté que si se sentía emocionada por volar por primera vez. Ella me contestó que no era la primera vez que volaba.  Recordé como jugaba a volar y y me hizo pensar en la cantidad de imaginación que Carolina utilizaba al jugar, a veces me daba la impresión de que para ella no eran juegos sino una situación real la que experimentaba. Sentí añoranza porque alguna vez yo también jugé así.  Le dije ahora vas a ver y a sentir lo que en realidad es volar. Nos subimos al avión y buscamos nuestros asientos. “¡ Cómo disfrutó el paisaje aereo ! “. Me encanta tener esta sensación de libertad y el poder ver más alla de lo que normalmente podemos o somos capaces de ver. Santiago y Carolina se durmieron casi todo el  camino. Yo no pudé hacerlo porque me tenía intrigada el sueño que tuve. No sabía exactamente de qué trataba. Sé que en mi sueño había muchos colores. Al ponerle azúcar al café que pedí recordé que en el sueño había un polvo que me caía en el cuerpo y que ese polvo me hacía sentir bien. Pero por más que hacía esfuerzos por recordar más detalles de mi sueño, no se me venía ninguna otra imagen, solo sentimientos de bienestar y comodidad. Llegamos a Yucatán. Lo bueno es que como no eran vacaciones oficiales ni puente casi no había gente. Es más, en el aereopuerto nos recomendaron ir  hoy a medio día a las zonas arqueológicas porque generalmente está vacío los viernes. Fuimos al hotel a dejar las maletas y nos preparamos para ir a Chichén-Itzá. Carolina estaba encantada con las ruinas. Tuvimos un día muy activo pues fuimos al Castillo dedicado al culto de Kukulcán. Es impresionante ver como las escalinatas rematan en las cabezas de serpientes en sus cuatro fachadas. El estar hasta arriba del Castillo da una sensación de grandiosidad y libertad muy especial. Siempre me ha encantado estar ahí y sentir el viento en mi cara. Santiago estaba muy contento tomando fotos tanto a la zona arqueológica como a Carolina y a mi. Después fuimos al Observatorio. Carolina dijo que parecía un caracol. Subimos las escaleras para llegar al mirador. La vista era mágnifica. Santiago me pidió que posara para una foto. Después yo le tomé una. Llamé a Carolina para que también saliera en una foto, pero no estaba ahí. Comencé a gritar su nombre pero Carolina no respondía. Santiago y yo salimos del Caracol a buscarla. Recorrimos algunos metros pero no la encontramos. Preguntamos por ella pero ningún guardia de seguridad pudó decirnos donde estaba. Seguimos buscando y cuando fuimos al Castillo vimos que Carolina estaba ahí. Corrí a  abrazarla y le pedí que no se fuera sin avisar, que su papá y yo estuvimos muy preocupada por ella. También le pregunté que cómo había caminado tan rápido para ir  al Castillo. – “Pues me llevaron”, respondió.

 Alebrijes expo reforma 112– ¿Quién?, le pregunté. Carolina me contestó que la había llevado su amigo, el que siempre estaba ahí. Al oír esto me asusté, pues no tenía ni idea de qué me hablaba. -¿Cómo que un amigo?, le dije en un tono angustioso tomandola por los hombros. Carolina se asustó y comenzó a llorar. Llorando me dijo que ella había pensado que yo había visto a su amigo. Santiago la cargó y me pidió que me tranquilizara que lo importante es que Carolina estaba bien y que seguramente un guardia la había llevado hasta el Castillo.  Antes de irnos del sitio un vendedor se acercó a Carolina y le preguntó que por qué lloraba. Ella no le contesto. El vendedor le dijo que tenía algo para ella que la iba a poner feliz. Sacó de su bolsa una réplica del Castillo de Chichén-Itzá y le dijo que se lo llevara para que sintiera que sus amigos están con ella. Carolina sorprendentemente dejó de llorar y le dió las gracias. Santiago y yo le preguntamos que cuánto valía el Castillo y el vendedor nos dijo que era un regalo para la niña y que no teníamos que pagar nada.

            Después fuimos a comer a un restaurante típico de comida yucateca. La comida me hizo recordar mucho a mi abuelo. A él, además de nadar, le gustaba mucho cocinar. Era una de sus pasiones. Y quien sabe cómo le hacía para que todo le quedara tan rico. Lo echaba mucho de menos, aunque ya llevaba varios años muerto me seguía haciendo mucha falta.

Santiago y yo estuvimos platicando durante mucho tiempo. Mientras que Carolina jugaba en los juegos del restaurante le pregunté a Santiago si no la había notado rara. Él me contestó que no. Le comenté que me parecía raro el que haya dicho que un amigo la llevó al Castillo y que en ocasiones, cuando la veía jugar, había algo raro, era como si en realidad no estuviera jugando. Me parecía que a veces imaginaba de más, sus juegos los vivía como algo muy real. Santiago me dijo que a él no le parecía extraño, que más bien todos los niños eran así.

Alebrijes expo reforma 092El resto de la tarde estuvimos en la alberca del hotel. Los tres estuvimos jugando en el agua. La pasamos muy bien. Ese día nos acostamos temprano pues los estábamos muy cansados. A mitad de la noche me desperté. Volví a tener la sensación de haber soñado algo con muchos colores, pero nuevamente no pudé acordarme del resto del sueño. Fui por un vaso de agua. Me dí cuenta que dejamos una ventana abierta y fui a cerrarla. Al acercarme a la ventana oí un ronroneo, como si un gato estuviera por ahí. Me asomé pero no logre ver nada. Cerré la ventana y fui hacia el cuarto. Al pasar por el cuarto de Carolina oí que estaba despierta y susurraba algo, parecía que hablaba con alguien. Entré en su habitación y ví a Carolina parada encima de la cama; estaba muy derechita y daba la impresión que se estaba midiendo para ver si era más alta que algo o alguien, pero no había nadie cerca de ella. Tenía a lado de ella el Castillo que le habían regalado. Le pregunté que qué hacía. Me dijo que estaba viendo quién era más alto si ella o su amigo.

– ¿Cuál amigo?, le pregunté. “Pues el que esta ahí” –me respondió. No sabía de qué estaba hablando, pues no había nadie en su cuarto. Solo estabamos ella y yo. Le pedí que se acostara en la cama y que se durmiera. Carolina en un tono muy bajo dijo: “Tenías razón, ella no puede verte, bueno no quiere verte”.  -¿Qué dijiste?  – le pregunté. Ella simplemente se acostó en la cama y me dijo que iba a dormir.

El siguiente día Santiago recibió una llamada de su socio. Éste le tenía buenas noticias pues ya estaba todo listo para firmar el contrato en el cual habían estado trabajando los últimos meses. Le comentó que era importante que se reunieran lo antes posible para firmarlo. Santiago le explicó que estaba de vacaciones y que firmaría el contrato el lunes, pero su socio le repitío que lo mejor era firmarlo hoy mismo. No quería que los clientes se echaran para atras. Asi que, Santiago tuvo que irse ese día.

Carolina y yo  fuimos al campo donde yo crecí. Carolina me hacía muchas preguntas, pues le comenté que cuando tenía su edad yo viví ahí. Mientras recorríamos el campo Carolina me preguntó  acerca de lo que me gustaba hacer en el campo. Le conté que me encantaba atrapar mariposas. Me preguntó que con quien jugaba y le conteste que a veces con los vecinos y la mayoría de las veces sola. Me dijo, en un tono muy firme para su edad, que ningún niño juega solo que todos tienen amigos. Yo le dije que no siempre se puede jugar con amigos, que los niños que no tienen hermanos, como ella y como yo, generalmente jugaban solos. Carolina me dijo que ella casi no jugaba sola. En ese momento vio una mariposa e intentó agarrarla. Me pidió que la ayudara. Y así empezó nuestra cacería de mariposas. Las dos corríamos y corríamos intentando tomar una. Yo llevaba una bolsa de plástico que le di a Carolina para que ahí pusiera las mariposas que atrapara. Carolina se adentró más en el campo y encontró un lugar lleno de mariposas, entonces cada quien tomó su camino. Me sentí como cuando era niña; feliz y emocionada de atrapar mariposas. Antes se me hacía muy complicado tomarlas y apenas podía cachar una o dos mariposas si me iba bien. Ahora podía atraparlas con gran facilidad. Me gustaba tomarlas, observarlas con cuidado para después soltarlas y verlas volar. No me di cuenta de todo el tiempo que pasamos corriendo cazando mariposas. Cuando ví a Carolina llevaba cuatro mariposas en la bolsa de plástico. Le dije que era muy buena cazamariposas. Carolina estaba feliz. Nos sentamos a la orilla de un árbol. Las dos estábamos muy cansadas, tanto que nos quedamos dormidas. Esta vez cuando me desperté recordé el sueño. Soñé que volvía ser una niña y que un gato me hablaba. Me decía que extrañaba jugar conmigo y sentirme. Al principio el color del gato era café pero conforme fue avanzando el sueño su pelaje se volvió de colores. Me expresó que le gustaba volverse a sentir vivo. También en el sueño estaba Carolina. Ella estaba jugando con una serpiente, pero no era una serpiente común y corriente, esta serpiente no se arrastraba sino que caminaba sobre dos pequeñas patitas que eran de colores. No recuerdo más del sueño. Carolina permaneció dormida unos minutos más. Después regresamos al hotel. Las dos estábamos de muy buen humor porque habíamos tenido una tarde muy placentera. Las dos parecíamos niñas. Una vez en la habitación Carolina me preguntó que si conocía a Kaan. Le dije que no. Ella me comentó que Kaan le había platicado de Icht. El nombre me sonaba muy familiar pero no sabía quien era. – ¿Pues que ya lo olvidaste?  Acabas de estar con él. Con razón ya casi no lo ves, me dijo Carolina. De pronto recordé brumosamente a un gato de colores con alas, la sensación de haber sentido susAlebrijes expo reforma 148 plumas y el haber probado un polvo que sabía a limón. Le conté a Carolina que de niña tenía sueños en donde jugaba con un gato. –Yo juego con una serpiente, exclamó Carolina. Se me hizo raro escucharla decir eso pues en mi sueño eso pasaba precisamente. Me comentó que esos animales tenían un nombre, pero que no recordaba bien cómo se llamaban. Creía que era algo como alebrejes o algo así. No le di mucha importancia a nuestra conversación, pues ya era tarde así que le dije que fuera haciendo su maleta porque nos regresábamos al día siguiente. Rápidamente recogió sus cosas y cuando acabo se puso a ver la tele. Mientras tanto yo seguí haciendo la maleta. De repente Carolina comenzó a gritar muy emocionada: “Mamá, mamá, están saliendo en la tele los animales que te dije”. Fui rápidamente a ver lo que estaba pasando. Fue realmente sorprendente lo que estaban pasando en tele. Mostraban imágenes de animales con alas de muchos colores. Algunos animales eran el resultado de combinaciones con otros animales; como uno con cara de león y patas de pollo con alas. Al mismo tiempo que pasaban estas imágenes una voz decía: “Es así como los científicos han comenzando a realizar experimentos desde otra perspectiva y no basándose en la ciencia tradicional, es decir, desde lo que plantea la física cuántica, pues ésta habla de ocho realidades cuánticas y una de ella es la interpretación de Copenhague que dice que la realidad es creada por el acto de observar y esto consiste básicamente en entender que: 1. No existe la realidad en ausencia de observación y 2. La observación crea la realidad. Basándose en estos principios científicos se fueron a la zona maya de Yucatán a investigar la existencia de los alebrijes, pues los habitantes de esa región creen que los alebrijes son animales mágicos que nos acompañan durante toda nuestra vida. Han sido sorprendentes los hallazgos. Gracias a un aparato que tiene la habilidad de reproducir en una imagen la energía personal, se descubrió que en efecto cada uno representa su energía simbólicamente en un animal alado de colores. También fue impactante ver que si la persona no creía en esto era incapaz de reconocer el animal que representaba su energía a pesar de que los científicos presentes sí lograban ver su alebrije. Las conclusiones de dichos estudios dicen que Para ver hay que creer.

Me asombró mucho lo que ví. Carolina se quedó dormida en el sillón así que aproveché para tomar un poco de aire. Al caminar por el jardín del hotel empecé a entender que mis sueños eran manifestaciones de mi alebrije y que lo había conocido de niña. En ese momento oí unos pasos y un ronroneo. – ¿Eres tu Icht?

 – ¡Qué bien se siente el que pronuncies otra vez mi nombre, llegué a pensar que jamás lo harías!  Fue sorprendente ver a un enorme gato de colores con alas parado enfrente de mí.

Consulta las convocatorias de alebrijes.