Por Sonya Santos de Arredondo, Presidenta

Galeón español

Galeón español

Indistintamente llamada Nao de China o el Galeón de Manila, fue un barco de la ruta comercial que unió a oriente con occidente a través de América. Cargaba con fardos de sedas, porcelana de China, marfil de la India, especias de las islas Molucas, todos artículos de gran valor en el viejo mundo. Lo regia la Compañía de Indias de España;  conquistaron los océanos, el atlántico y el pacifico.

Y asi fue: un papa en Roma decidió dividir los mares del mundo y, con autoridad divina le dio a los portugueses el atlántico del sur, el cabo de buena aventura y el océano Indico, a los españoles el atlántico norte,  el mediterráneo lo tenían “tomado” los otomanos; los mares tenían dueño.

La Nao de China, que ni era nao ni venia de China, era un galeón que salía de Acapulco, en la Nueva España, rumbo a Manila, Filipinas, archipiélago de islas conquistadas por los españoles y llamadas así en honor a Felipe II de España. Fueron avistadas por Hernando de Magallanes en 1521, después de que cruzo el Cabo de Hornos, pero no es sino hasta 1565, que otro éxodo de exploración, el de Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta, lograran alcanza el exitoso regreso del archipiélago a México: los barcos ibéricos encontraron el “tornaviaje”, iniciando la gloria del Galeón de Manila.

Mapa antiguo Acapulco-Manila

Mapa antiguo Acapulco-Manila

Esta vía transpacífica se convertía en el canal para traficar especias y otros productos desde el lejano oriente, pasando por América y llegando a buen fin al puerto de Sevilla. Por la Nueva España se veían fluir mercaderías orientales de la India y China, gracias al correspondiente reflujo de plata americana.  Durante los primeros 30 años de la ruta comercial entre Acapulco y Manila, este tráfico fue absolutamente libre.

La Corona española promovió los viajes con el propósito de fomentar la colonización de sus nuevos territorios asiáticos, trataba de asegurar así su posición en el lejano oriente ante las constantes incursiones y amenazas portuguesas y holandesas.

galeon de manila

El viaje de Filipinas a México duraba, según algunos testimonios, tres meses, otros hablan  de cinco y seis meses, sea Acapulco o Manila, movilizaba entre 500 y 600 hombres.  Los Galeones debían salir la primera semana de julio del puerto de Cavite, aprovechando el monzón de verano y  la corriente marina del Japón o Kuro Shivo (o corriente negra), retornaba a mas tardar en el mes de abril, acompañado los vientos de invierno. Con ello se intentaba que el galeón oriental anclara en Acapulco en diciembre, para que durante enero y febrero se organizara el desembarque de las mercancías y el acuerdo de precios; condiciones indispensables para celebrar la feria de Acapulco, puerto que pasaba de ser un lugar con unas cuantas chozas de tierra y poca vida social, a un punto de reunión donde se manifestaba el resplandor y la riqueza. El viaje de navegación, el tornaviaje,  de Manila a Acapulco se orientaba hacia el norte, hacia Japón, haciendo una arco en acenso hasta llegar al puerto de San Francisco, California, siempre buscando los vientos y aprovechando las corrientes, al llegar a este punto bordeaba las costas californianas bajando hacia el sur hasta llegar a Acapulco, iba a la vista de las poblaciones costeras, de esta manera permitía tener noticias anticipadas de su llegada y facilitar los preparativos para el desembarque de las mercancías. De ahí se llevaba una parte a la ciudad de México y otra al puerto de Veracruz para ser enviadas finalmente a España. La llegada de los artículos a la capital de la Nueva España creó toda una tradición; llegaba en mulas, y llegaba el día de la fiesta de Corpus Christi y se formaba un mercado para la venta. Era un día muy especial en la ciudad, eran objetos muy preciados. Los jueves de Corpus, cuentan algunos que saben,  se conocían en ciudad de México también como día de mulas, que eran los animales en los que se transportaban los objetos de oriente. Actualmente se venden mulitas artesanales en las calles de México en esas fechas.

Galeón español

Galeón español

El Galeón de regreso hacia Manila emprendía una ruta más recta, en paralelo a la línea ecuatorial. Se inicio un ciclo comercial: de Cavite en la desembocadura del rio Pasig, puerto más cercano a la ciudad de Manila,  se iba a la mar, de nuevo en julio,  para  iniciar su travesía rumbo al puerto de Acapulco, y estuviera de retorno el navío del año anterior.  Si bien en teoría cada ciclo comercial, a través del pacifico, se planeaba para un año, en realidad se extendió incluso a dos años o más. En las disposiciones que irían rigiendo a esta ruta de comercio, esta la que prohibía que las embarcaciones españolas fuesen a China a adquirir las mercaderías destinadas a la carga del galeón.  El abastecimiento quedaba en control de los comerciantes chinos, llamados sangleyes. Esta agrupación de mercaderes, dan como resultado el nacimiento de una especie de comunidad oriental llamada Parian, en este lugar radicaba todo el comercio para el viejo mundo, de ahí el nombre se le da a algunos mercados en México.

¿Cómo eran aquellos barcos? Grandes, pesados, con velas frondosas. Algunos habían sido construidos en los astilleros filipinos de Bagatao, otros en la Nueva España. Eran enormes almacenes ambulantes de entre 500 y 1.500 toneladas, y a veces incluso navegaron dos barcos en el mismo viaje. Lo que llevaban a bordo era un tesoro.

Marfil colonial. Museo de Historia Mexicana, Monterrey, NL

Marfil colonial. Museo de Historia Mexicana, Monterrey, NL

Y así pasaron los años, los siglos, generaciones de marineros, misioneros, los piratas, el escorbuto y un día se asomo la guerra de independencia de México, criollos contra españoles, y los indígenas que se sumaron para volver a tener patria,  lucharon para intentarlo. Y el Galeón de Manila llego a su fin con esta contienda, un total de 110 galeones se hicieron al mar en los 250 años del Galeón de Manila-Acapulco entre 1565 y 1815. Esta ruta y sus mercancías, la mayoría de paso, marcaron un antes y un después en la historia y la cultura de México, dejando en el camino, la canela, clavo de olor, lacas, bejuco, alfombras persas, sedas, marfiles, biombos, arcones, cofres, pólvora, frutas, barberos, peleas de gallos…y hasta unos cuantos mantones de Manila que se quedaron sobre los pianos y no llegaron a los brazos de las bailaoras andaluzas de flamenco.