Por Jose N. Iturriaga

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No obstante el marcado desarrollo industrial del estado, se calcula que tiene más de cien mil artesanos que trabajan en 23 mil talleres.  Se puede “afirmar que nuestros artesanos no copian modelos del pasado; por el contrario, los recrean y remodelan para adaptarlos a la vida actual”, sugiere atinadamente el licenciado Fernando Muñoz Samayoa. Coexisten artesanías tradicionales rurales o indígenas con otras que han introducido avances tecnológicos, como la alfarería de Metepec, los tapetes de Temoaya y la cerámica de alta temperatura de Valle de Bravo y Temascalcingo.

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Hay alfarería  bruñida y esgrafiada, con esmaltes que contienen plomo o libres de él, “con quemas a ras de suelo, con hornos de tipo árabe, con hornos de alta temperatura y  pastas adecuadas para los mismos”. Igualmente, el estado destaca en manifestaciones textiles de diferentes niveles técnicos, desde el telar de cintura para hacer fajas, enredos y quesquémetles. Sobresalen por sus  bordados y deshilados Villa de Allende, El Oro y  San Felipe del Progreso. En Temascaltepec y Valle de Bravo hacen textiles de algodón. Los rebozos de Tenancingo, San Martín Coaxpaxtongo, La  Mesita y Chalchihuapa son de los más prestigiados en el país. “Los objetos hechos con fibras vegetales son quizá los más antiguos compañeros del hombre. Se dice, y no sin razón, que su utilización en la fabricación de cestos es una de las primeras artesanías”. Las más frecuentes en Tonatico, Zumpahuacán, Tenancingo y Coatepec Harinas son elaboradas con carrizo, otate, bejuco, vara de sauce, raíz del sabino, palma, hoja de maíz e ixtle.  Los muebles de Tultepec, Tenango del Valle y Tenancingo, la laudería de Nezahualcóyotl, las tallas en madera de animales de Ixtapan de la Sal, son muy reconocidas.

250939_10150629937080333_325213235332_18919439_858383_nLos trabajos de lapidaria en variados lugares son notables, desde metates y molcajetes, hasta fuentes, columnas y esculturas. También tallan piedras semipreciosas, en Teotihuacán.                                                                                               La artesanía de hojalata en Texcoco y Nezahualcóyotl es gustada, al igual que el hierro forjado. En San Felipe del Progreso y en Palmillas se practica la platería, tanto en joyería como religiosa. “La talabartería es el arte de trabajar la piel para tareas pesadas, como el trabajo de campo o la charrería; la peletería, por su parte, es el arte de trabajar la piel para el vestuario”; ésta se lleva a cabo en Villa del Carbón y San Mateo Atenco. La cartonería de Otumba (muñecas, judas, máscaras, cascos y sombreros) y el papel picado de  Metepec y Capultitlán abastecen a la ciudad de México en las fiestas populares. “Las piñatas tienen su origen en el siglo XVI en Acolman, como un medio de expresión para apoyar el proceso de evangelización, por los frailes franciscanos, a la par de las pastorelas y las posadas”.  La pirotecnia mexiquense es sobresaliente: Santa María Tultepec, Almoloya de Juárez, Tlachichilpa, Tianguistenco, San Pedro Atizapán y Atlatlauca surten la indispensable artesanía para las fiestas patronales. El vidrio solplado lo trabajan en Texcoco y Metepec y el emplomado en Toluca, Nezahualcóyotl, Metepec y asimismo en Texcoco.  El hueso lo tallan en Nezahualcóyotl y San Antonio de la Isla; la cerería se acostumbra en Amecameca, Tenango del Valle, Toluca, Tlalmanalco y Nezahualcóyotl.

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“Después de ocho siglos de dominación árabe en España, quedó un rico legado de artesanía culinaria, muy marcada por profundas raíces moriscas”, que sienta sus reales en la rica y variada dulcería toluqueña