Por Rafael G. Córdova, Consejero Asesor

Desde niño tuve referencia de la Alameda Central pues era un paso obligado para ir al Centro Histórico o como parte de los dichos de mi abuelo cuando alguien transitaba muy lentamente y él nos decía “…parece que va como en un domingo en la Alameda”, frase llena de nostalgia y remembranza de lo que significa este parque, considerado como el primer jardín y paseo de la capital (y de América Latina), un oasis de esparcimiento entre el bullicio de la Ciudad de México.

Vista de la alameda desde un globo. Óleo sobre tela.

Vista de la alameda desde un globo. Óleo sobre tela.

Fue a petición del virrey Luis de Velasco que el 18 de enero de 1592 se autorizó esta obra donde se daba cita la élite de la sociedad novohispana, y que debe su nombre a los álamos que ahí se plantaron, aunque por lo fangoso del suelo, tuvieron que ser sustituidos por fresnos.  Tras la culminación de su mandato, la Alameda decayó hasta el punto de haber sido utilizada por vecinos de la ciudad para que pastaran sus caballos, convirtiéndose en basurero y refugio de malvivientes.

Años más tarde, Felipe V encargó personalmente que se construyeran varias fuentes, se sembraran nuevos árboles y ampliaran las portones de acceso a la Alameda; asimismo ordenó que el propio virrey de la Nueva España debería velar personalmente por el buen estado de este jardín.

En 1775, el virrey Carlos Francisco de la Croix amplió las calzadas laterales de la Alameda, la cual tomó ahora una forma rectangular en vez de la cuadrada que había tenido hasta entonces, de igual modo trazó las calzadas interiores y se mandaron construir cuatro nuevas fuentes.

En ese tiempo la Alameda era el sitio favorito para el amor y la conquista, pues a ella acudían los jóvenes y las doncellas casaderas, los cuáles tras elaborados ritos de gestos y señas con su pañuelo y claro, con una rigurosa supervisión por parte de sus familiares podían iniciar un romance.

En la Ciudad de México, se acostumbraba que las mujeres casaderas salieran a pasear a la Alameda Central, donde conseguían las trece monedas que marca la tradición y cruzaban al Templo de  “San Juan de Dios” donde realizaban su ofrenda y su solicitud ante la imagen de San Antonio de Padua que ahí se encuentra. El Templo de  “San Juan de Dios” está ubicado en la Plaza de la Santa Veracruz y fue construido en el siglo XVII como parte del Ex – convento de San Juan de Dios.

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Vida cotidiana en la Alameda Central. México en el tiempo.

Fue en los últimos años del siglo XVIII cuando el virrey conde de Revillagigedo se preocupó por embellecer el lugar y ordenó rodearlo de una cerca de madera, en tanto que el siguiente virrey marqués de Branciforte, ordenó colocarle puertas de hierro.  Había un reglamento que decía que se prohibía la entrada a toda persona que tuviera la ropa rota, sucia y anduviera descalza.

Una nota curiosa, es que en 1846, en una entrada triunfante del general Santa Anna a la capital, mandó sustituir el agua de las fuentes y llenarlas de ponche para que el pueblo tomara “hasta hartarse”.

Durante la duración del Segundo Imperio, la Alameda Central era uno de los paseos favoritos de la emperatriz Carlota Amalia de Bélgica, esposa de Maximiliano de Habsburgo quien mejoró la jardinería del lugar con la siembra de una gran cantidad de rosas y donó la fuente de “Venus conducida por céfiros” obra del escultor Mathurin Moreau.

Posteriormente el presidente Benito Juárez mandó derribar los muros de la Alameda y con ello, se convirtió en un centro de reunión y paseo popular, se modificaron los jardines, se secaron definitivamente las acequias que la rodeaban; de 1853 data la fuente central, se introdujo un sistema de iluminación en 1868 y en 1892 se alumbró con luz eléctrica.

Porfirio Díaz, como parte de las obras que emprendió para el mejoramiento de la ciudad, dio mantenimiento a la Alameda Central, mandó edificar el Palacio de Bellas Artes en el límite oriente y erigió el Hemiciclo a Juárez en el costado sur del parque, donde anteriormente se encontraba el Kiosco Morisco, que tras una breve estadía en esta alameda, fue traslado en 1909 a la Colonia Santa María La Ribera; ese mismo espacio lo ocupa el Hemiciclo a Juárez. Porfirio Díaz también retomó la costumbre que había iniciado el virrey Bucareli de realizar recitales musicales los domingos (misma que perdura hasta nuestros días) y lo convirtió en el sitio idóneo para las celebraciones de la Independencia.

En 1899, el presidente Porfirio Díaz fue objeto de un atentado en La Alameda, y estuvo a punto de ser asesinado por un militar, quien le disparó a “quemarropa”.

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Litografía de la Alameda Central

En la Alameda, no todo es naturaleza, pues también se encuentran hermosas obras de arte que se han ido adicionando en distintos períodos históricos. Resaltan el Hemiciclo a Juárez, monumento en mármol concebido por el arquitecto Guillermo Heredia y que fue inaugurado el 18 de septiembre 1910 con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia de México y el monumento al músico alemán Beethoven, que esculpido por Gladembech, fue obsequiado a la ciudad en 1921, en ocasión de cumplirse los cien años de la Novena Sinfonía. La Alameda ha sido inspiración de obras de arte, la más famosa de ellas es el mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, pero también se ha representado en cuadros de castas, bordados de rebozos, muebles, litografías del siglo XIX, y para el siglo XX, en la fotografía.

Hoy día, la Alameda Central se encuentra recién remodelada y muestra un nuevo rostro con sus esculturas restauradas, su traza iluminada y sus fuentes danzantes y multicolores. Se construyeron cuatro nuevas fuentes ubicadas en las esquinas de la Alameda, la calle de Ángela Peralta se volvió peatonal y se instaló alumbrado público para que la Alameda pueda ser visitada de noche con más seguridad. Otro cambio notable es que se encuentra liberada de vendedores ambulantes, pero también sin el folclor de  los personajes populares, esos que Diego Rivera plasmó en su mural, colmado de organilleros, globeros, los algodoneros, los merengueros, el del pajarito de la suerte y demás oficios que algún día le dieron vida.

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Vista aérea de la Alameda Central. México en el tiempo.

¿Sabías que?

  • En tiempos prehispánicos, el lugar donde está la Alameda Central era una parte cercana a la periferia de la antigua ciudad de México-Tenochtitlan y correspondía al barrio o calpulli de Moyotla, uno de los cuatro en los que estuvo dividida la urbe prehispánica. En la remodelación se registraron por lo menos cinco canales prehispánicos que datan de 1350-1521 d.C. y que probablemente fueron usados para controlar niveles hidráulicos, dada su anchura, que va de los 60 a los 80 centímetros.
  • En 1596 el Quemadero de la Santa Inquisición se instaló en el límite poniente del parque, en la plazoleta de San Diego, (lo que hoy es la calle de Doctor Mora). Su estructura permaneció en pie hasta mediados del siglo XVIII, aunque en ese momento ya estaba en desuso. Ahí eran condenados a muerte ateos, judíos o cualquier persona que no fuera conveniente para el régimen.
  • En sus lados mayores, de oriente a poniente, la Alameda Central tiene un total de 513 metros y en los menores 259 metros. Posee una superficie total de 13.2 hectáreas seccionadas en 24 triángulos que forman siete glorietas con cinco fuentes, cada una adornada en el centro por estatuas de pie.

Si estás en la Alameda, aprovecha para visitar el Museo de Arte Popular, estamos a una calle, en Revillagigedo e Independencia. ¡No te arrepentirás!

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