Germaine Gómez Haro

Marco Aldaco, in memoriam

Para Marta Rico

sem-haro1Hace unas semanas falleció el renombrado arquitecto Marco Aldaco (Guadalajara, Jal.,1933), creador de la arquitectura de palapas que se ha convertido en un signo distintivo del paisaje de la costa mexicana. Muchos son hoy en día los arquitectos que han imitado el estilo que Aldaco inauguró a principios de los años setenta con la espectacular casa construida para Loel y Gloria Guiness en Acapulco, pero lo cierto es que la huella personal que Aldaco imprimió a sus obras ha sido imposible de igualar. Su genuina pasión por la naturaleza, aunada a su capacidad de asombro ante la arquitectura vernácula y las artes populares, fueron las herramientas que le permitieron crear espacios inéditos en los que entreveró magistralmente la fuerza exuberante del entorno natural y la proporción –diríase áurea– de sus construcciones realizadas con materiales, en su mayoría, auténticamente naturales. Distribuidas en numerosos puntos del Pacífico mexicano (Acapulco, Careyes, Ixtapa, Puerto Vallarta) y del Caribe (Cozumel, Cancún, Turcos y Caicos, República Dominicana), las casas de palapa de Marco Aldaco revelan la compleja unión de la sencillez y la más alta sofisticación, y son el vivo ejemplo de la elegancia en la sobriedad. Internacionalmente reconocido por su innovación en este género arquitectónico, fue seleccionado por la prestigiada revista Architectural Digest entre los cien arquitectos más destacados del mundo. Sin embargo, cabe también señalar la importancia de sus casas de ciudad, como la majestuosa mansión de 10 mil m² construida para un magnate de las comunicaciones en Caracas, Venezuela, o su magistral intervención al casco colonial de la Hacienda de San Bernardo, en Yucatán, entre otras relevantes obras citadinas. El trabajo de Marco Aldaco sin duda conforma un capítulo fundamental en la historia de la arquitectura mexicana contemporánea.

Mónica Dower: La figura en un paisaje

Mónica Dower: La figura en un paisaje

Más allá de considerarlo un arquitecto excelso, me gusta pensar en Aldaco como un “artista renacentista”, cuyos intereses variopintos y su imaginación desbordada lo llevaron a explorar los más diversos senderos de la creación: la pintura, la escultura, el diseño de mobiliario y objetos decorativos, la joyería y una de sus mayores pasiones: la jardinería. Marco Aldaco fue un creador en toda la extensión del término y en sus proyectos arquitectónicos proponía la integración de una “obra de arte total”, a la manera de la Bauhaus. “Mi gran logro –solía decir– sería llegar y permanecer dentro del arte popular mexicano.” Y en este campo, Aldaco desarrolló una vasta producción de piezas con su equipo de artesanos, con quienes compartía los créditos para darles un impulso y fomentar su evolución creativa. Gran admirador de las culturas precolombinas y de la imaginería popular que desde niño supo absorber en su entorno, el universo fantástico que desplegó en su obra plástica y decorativa fue el resultado de ese bagaje intrínseco que, a lo largo de numerosos viajes por el mundo, fusionó con las imágenes provenientes de otras culturas milenarias que veneraba, como la griega, la romana, la egipcia, la asiria, entre otras. Así, en sus lienzos combinó imágenes que remiten a Bonampak o Cacaxtla, con matices que rinden homenaje a la exuberancia salvaje de Gauguin, Rousseau, Matisse o Vlaminck. En sus esculturas en metal o en barro se perciben referencias y guiños poéticos provenientes de las culturas ancestrales de oriente y occidente reinterpretadas en un lenguaje coloquial y plenamente contemporáneo.

Reproduzco aquí unas palabras de Marco Aldaco, que hablan de la grandeza de un creador que supo honrar, ante todo, la belleza y la honestidad:  “Lo que más me ha preocupado en mi trabajo ha sido ser honesto con mis convicciones. Emplear los métodos que la gente del pueblo conoce. Honrar la labor de los humildes. No competir comercialmente, ni buscar la gloria, que se tiene con promociones. Trato de captar el alma de México, no sus formas tan explotadas. Digo no, al tremendismo. Digo no, a los caprichos formales, no al exhibicionismo. Sí, a la modestia, sí, a lo verdadero.” Sus obras arquitectónicas y plásticas son un legado a la cultura mexicana que fue su inagotable fuente de inspiración.

Fuente: La Jornada. Clic para ver la nota original.