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Por Patricia Gout

Tradición que como tantas otras de la ‘Semana Mayor’ o Semana Santa encuentra su origen en Europa y llega a la Nueva España mediante los misioneros católicos, quienes la aprovechan para catequizar a los indígenas. Judas; símbolo por excelencia del mal, la traición y la muerte, debe ser quemado como signo de su derrota y del desprecio que todo cristiano debe mostrar ante el pecado.

Solían utilizarse para ello muñecos de paja con trapo, a los que se les prendía fuego en las plazas centrales de los pueblos la noche del Sábado de Gloria. Después, cuando aparece la cartonería en Celaya y en la ciudad de México, los artesanos cartoneros se dan a la tarea de fabricar estos judas cada vez más coloridos y monumentales, llegando a medir hasta 4 metros y tomando el matiz de

Diego Rivera y Frida Kahlo con un judas

Diego Rivera y Frida Kahlo con un judas

criaturas fantásticas al estilo de los alebrijes. Enriqueciendo el ritual se agregó también la pirotecnia, poniendo cohetes dentro del muñeco para hacerlo estallar al encenderse.  Son particularmente famosos los judas alados de los Linares o las figuras que Doña Carmen Caballero fabricaba para Diego Rivera y que aún se conservan en su Casa Estudio del barrio de San Ángel.

Con el paso del tiempo, la tradición fue modificándose e insertándose más en el ámbito del folklore que propiamente en un marco religioso, y ya los judas tenían las más diversas representaciones: Los ‘juderos’ comenzaron a representar en sus muñecos a quien quiera que el pueblo considerara su enemigo. En el siglo XIX tomó particular relevancia la sátira política, y difícilmente hubo personaje público que se librara de aparecer en estas pintorescas representaciones, provocando que las autoridades se vieran obligadas a intervenir e imponer sanciones. En la Ciudad de México, la estricta regulación en torno a la pirotecnia también restringió fuertemente estas festividades.

 Con el paso del tiempo y conforme se afirma su carácter folclórico más que religioso, la quema de los muñecos como repudio se ha convertido en un homenaje del que participan los ayuntamientos y en lugares como el barrio de Iztapalapa se truenan figuras que representan a personajes destacados e importantes para la vida de la comunidad.

Sea cual sea el motivo y la manera en que se lleva a cabo, esta es una colorida tradición que bien vale la pena conocer y proteger para que prevalezca.