Por Patricia Gout

Sin duda una de las expresiones más vistosas de la religiosidad popular en México son los Altares de Dolores. Llamados también ‘Incendios’ por el reflejo de los elementos dorados y las muchas luces que contienen, podemos encontrar su origen en Italia en el siglo XIII mediante la orden de los Hermanos Servitas o Siervos de María, quienes fueron los primeros en conmemorar los Viernes de Dolores en honor de su Patrona. altar-de-dolores

Los franciscanos introdujeron esta devoción en América y montaron por primera vez un altar de Dolores en San Juan de Ulúa en 1519. Se difundió la costumbre y comenzaron a levantarse altares en conventos e iglesias. Después la gente los llevó a sus comercios y hogares y poco a poco se enriquecieron con elementos particulares y regionales.

Relatan los cronistas que su instalación se efectuaba ocho días antes del Viernes Santo, con la intención de consolar a la Virgen en su aflicción por la Pasión y muerte de su Hijo. Todos los elementos colocados en el altar tienen un mensaje específico y comunican un discurso teologal con un rico lenguaje artístico. Constituían además una oportunidad para que amigos y extraños convivieran amistosamente pues por la noche del propio viernes, al toque de las campanas de la catedral, se procedía a encender las velas de los altares y las familias abrían las puertas de sus casas para mostrarlos y convidar a los visitantes un vaso de aguas frescas. A estas aguas de horchata, chía, limón, tamarindo, jamaica, timbiriche y melón, el ingenio popular les dio el nombre de “Lágrimas de la Virgen”.altar de dolores

Aunque la costumbre de poner el Altar de Dolores no continúa hoy tan ampliamente difundida, podemos encontrar estas hermosas construcciones efímeras en muchas localidades como Pátzcuaro, Michoacán o a lo largo del Bajío, así como en lugares públicos que los exponen cada año en un esfuerzo por preservar nuestras más hermosas tradiciones. Vale la pena visitar los altares del Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán, el Museo de las Intervenciones (Ex-Convento de Churubusco) el Museo Dolores Olmedo, el Museo del Carmen, El Museo de Sitio en Pachuca, Hidalgo, el Ex-Convento de San Nicolás de Tolentino en Actopan, Hidalgo; el Ex Convento de Acolman, Edo. de México y la Antigua Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México.

Descripción y simbolismo de los altares

El espacio en donde se instala el altar –normalmente una mesa con gradas- se cubre con lienzos morados (color litúrgico para el luto) y manteles blancos de encaje. La gente sencilla sustituyó los manteles por el papel de china picado, que muchas veces es tan elaborado como el más fino de los deshilados y hoy se sigue encontrando en los comercios de la calle de Jesús-María.

Altar de dolores latAl centro del altar destaca la figura de la Dolorosa, ya sea una pintura o una escultura, que se reconoce por los elementos pasionarios que la caracterizan. En jícaras o cestos se ponen naranjas –para aludir a la amargura- sobre las cuales se clavan banderitas de papel picado dorado o plateado. Se colocan vitroleros y jarrones con agua teñida de colores, representando las lágrimas de María. Se ponen macetas de barro en las que previamente se han sembrado semillas de  amaranto, chía, cebada o alpiste para representar la vida, la inmortalidad y la esperanza de la resurrección. Se colocan esferas de cristal de colores y cirios, lámparas de aceite o velas de cera escamada. Se ponen vasijas con flores; generalmente claveles blancos o rojos. El blanco significa pureza y el rojo tragedia. Para terminar el altar, el suelo se cubre con tapetes de semillas, pétalos o aserrín pintado. Los motivos que decoran estos artísticos tapetes generalmente son alusivos a la Pasión, tales como la lanza, la corona de espinas, el gallo que representa las tres negaciones de Pedro y las monedas que pagaron la traición de Cristo.

*Agradecemos las fotografías que amablemente nos compartió Monseñor Diego Monroy Ponce